sábado, 29 de septiembre de 2012

320.- Casa de Salceda. P.K. 6+500 del Carretera GU-944 (Mazarete - Guadalajara)



320.1.- Casa de Salceda. P.K. 6+500 del Carretera GU-944 (Mazarete - Guadalajara).

Imagino el pavor de los habitantes o dueños de la casa al ver la edificación rodeada por el fuego. Sin embargo parece intacta. También deshabitada hace mucho tiempo, aunque cuidada. El pinar tras la parcela está quemado también, así que las llamas se aproximaron bastante. Hay una prudente distancia entre el arbolado y la fachada posterior. También la orografía actuó a favor. El fuego avanza más despacio, con menos virulencia, ladera abajo. La propia carretera pudo servir de apoyo a los equipos de extinción, como vía de penetración y cortafuegos, además de la presencia de un arroyo cerca en la vaguada, con el aporte de humedad que eso supone. La zona estaría menos seca que otras que ardieron mejor. Hay plantones de quejigo (Quercus faginea) que parecen sanos en la zona posterior. Tienen la hoja seca en las ramas, pero porque esta especie la conserva hasta la primavera siguiente. Así que el fuego anduvo relativamente cerca, pero ni siquiera manchó de humo y hollín las paredes de la casa.



320.2.- Casa de Salceda. P.K. 6+500 del Carretera GU-944 (Mazarete - Guadalajara).

El arbolado que rodea la casa está menos afectado que las masa de pinar anteriores. Hay un sotobosque de rebollos de hoja marcescente y las copas de los pinos son verdes, al menos en sus tramos finales. Pero esa disposición es características de los pinares con sotobosque arbolado, como es el caso. Los tramos inferiores de las copas dejan de ser funcionales por la competencia de los quejigos por la luz, por lo que el pino tiende a prescindir de ramas y ramillas en esa zona. Se diría que esta zona se libro del fuego.



320.3.- Barranco de la Salceda (Mazarete - Guadalajara).

Barranco de Salceda es interceptado por la carretera a la altura del P.K. 6+289 y salvado por la nueva carretera mediante una obra de drenaje transversal consistente en un doble marco de hormigón armado de 3x2 metros. El agua parece detenida, pero corre con soltura. La vegetación está compuesta por chopos y sauces. Matorral y árboles sin ramas y el suelo sin hojarasca hacen pensar que el fuego si paso por aquí.

jueves, 27 de septiembre de 2012

319.- P.K. 2+500 de la Carretera GU-944 (Mazarete - Guadalajara)




319.1.- P.K. 2+500 de la Carretera GU-944 (Mazarete - Guadalajara).

Me di de bruces con la evidencia. El monte por el que discurría la carretera a reformar había sufrido un incendio reciente. No podía haber pasado mucho tiempo desde entonces. El incendio seguramente había tenido lugar el verano anterior, unos 5 ó 6 meses atrás. Los árboles calcinados seguían en pie y una regla importante es eliminar el arbolado muerto, o gravemente dañado, porque suponen un riesgo evidente de plagas y enfermedades. Muchos insectos dañinos, capaces de alimentarse de la madera viva, están presentes en el monte sano alimentándose únicamente de la madera muerta, de la leña del suelo y algún pie seco, porque el vigor de los árboles vivos les impide atacarlos. El árbol tiene sus defensas y siempre es más sencillo agredir a lo que no opone resistencia. Pero un bosque calcinado es como un repentino festín que puede hacer crecer las poblaciones de insectos dañinos de forma exponencial. Al tiempo que la población de árboles se ve drásticamente debilitada, la de insectos perjudiciales aumenta su vigor. La primera regla tras un incendio es eliminar los pies de arbolado afectados lo antes posible. Regla que se incumplió en la Comunidad Valenciana años atrás y que la puso en cabeza en cuanto a la afección por plagas y enfermedades. La opinión pública denuncia a menudo que los incendios son causados por especuladores urbanísticos y los madereros. Se decidió prohibir el cambio de uso del suelo y la tala de arbolado afectado en superficies afectadas por incendios forestales, para no beneficiar a los supuestos responsables, y el remedio fue mucho peor que la enfermedad. Está claro que, salvo casos muy puntuales, a un comerciante no le interesa depreciar el valor del producto que pretende vender. La madera quemada ve mermadas sus cualidades estéticas y mecánicas y tiene por esa razón un precio muy inferior que la madera normal. Siempre puede haber motivos para forzar la venta de la madera en pie existente en un monte mediante un incendio intencionado, pero esas razones no serán las que aplicará habitualmente un maderero medianamente responsable.



319.2.- P.K. 2+500 de la Carretera GU-944 (Mazarete - Guadalajara).

En la Escuela de Ingenieros de Montes de Madrid se organizaba todos los años un curso de Prevención y Extinción de Incendios Forestales. Con la gente que hacía dicho curso el antiguo ICONA, posteriormente la Dirección General de Medio Ambiente, trataba de cubrir las plazas de encargados de las bases de medios aéreos que tenía, y aun tiene, distribuidas por toda España. Se hacía un examen y aquellos que aprovaban tenían posibilidad de elegir plaza según la nota obtenida. No recuerdo cuantas veces hice aquel examen. Creo que fueron 3 ó 4. Logré obtener un puesto para trabajar en verano dos veces, en los años 1995 y 1997. Los años concretos no se me olvidarán nunca, porque durante el verano del primero, mientras trabajaba en Murcia para el ICONA, murió mi padre.



319.3.- P.K. 2+500 de la Carretera GU-944 (Mazarete - Guadalajara).

En el verano de 1995 obtuve plaza para la base de helicópteros situada en Caravaca de la Cruz, en Murcia, en la sierra que divide esta provincia de Albacete. La plaza de encargado de una base del ICONA era cubierta por dos personas. La idea era la de poder establecer turnos, pero en este primer trabajo mi compañero y yo nos encontramos con la sorpresa desagradable de que ambos íbamos a tener que estar presentes en la base siempre. El nombre de mi compañero no lo recuerdo. Mi memoria para los nombres es prácticamente nula. Cualquier otro dato que no sea un nombre lo podré recordar con facilidad. Bueno, tampoco es cierto, porque acabo de decir que me cuesta recordar las fechas. Mi compañero era de Madrid, como yo, y como carecía de coche propio entonces, hicimos el viaje a Caravaca juntos. Nada más llegar cometimos el primer error por pura avaricia. El jefe del ICONA en Murcia nos ofreció la posibilidad de habitar una casa que había en el monte, en la propia base de helicópteros. Era una casa rústica a la que se habían hecho los arreglos mínimos para hacerla habitable. Contaba con luz eléctrica y agua corriente, que era abastecida por un manantial, muy conocido en la zona. Debimos alquilar una casa en Caravaca de la Cruz, que se encontraba unos cuantos kilómetros de la base, pero la posibilidad de ahorrar ese dinero y el hecho de poder evitar los desplazamientos todos los días resultó muy tentador, casi la elección ineludible. La base se encontraba en una sierra de pinar de carrasco, a una media hora del pueblo. Se accedía por una camino de tierra infame, lleno de baches, surcos y desniveles, y que destrozó durante la campaña más de un coche particular. El de mi compañero tuvo que ir al taller unas cuantas veces. No había agua caliente en la casa. Y si bien en julio, cuando se inicio el trabajo, eso no parecía inconveniente, en septiembre, cuando el sol comenzaba a perder su fuerza, suponía un serio disgusto, porque el agua que manaba del manantial estaba helada por esas fechas. Mientras desayunábamos a la puerta de la casa, aprovechando el calor del sol por la mañana, nos divertíamos oyendo los gritos de quien se estaba duchando en ese momento en el segundo piso. A mediados de agosto preferíamos no pasar ese calvario antes que ir limpios. Allí vivíamos los dos encargados y un radio operador, puesto que era cubierto por dos personas que si se podían turnar. La razón de que a nosotros no nos dejaran había que buscarla en lo sucedido en la campaña del año anterior. Un incendio de proporciones dantescas había afectado la zona cercana de Moratalla, calcinando unas 50 mil hectáreas de terreno forestal, la mayor parte arbolado. Se consideraba entonces uno de los tres mayores incendios de los que se tenían registros. Durante aquellos días hubo muchos momentos de histeria. Imagino que también recriminaciones entre los gobiernos autonómico y central. El ICONA había decidido dotar la base aquel año con un Helicóptero Kamov 32, lo mejor de su arsenal, con la idea de usarlo exclusivamente en incendios de la provincia. Querían dos personas en la base para dar la sensación de preocupación máxima por las necesidades de la Comunidad Autónoma. Teníamos que hacer bulto, vaya. Ya podía arder Troya en Albacete, apenas a unas decenas de kilómetros de la base, que el Kamov no iba a ser enviado a ayudar a las labores de extinción. El gobierno murciano consideraba el helicóptero como de su propiedad, de facto lo era. Teníamos instrucciones claras del jefe del ICONA de requerir el permiso del CECOP, el centro de coordinación de todos los medios de lucha contra el fuego, para cualquier actuación del helicóptero que decidiéramos ordenar. Durante aquel verano actuamos como si fuéramos una base autonómica, pero como última reserva de los medios locales, por lo que las actuaciones reales fueron muy pocas. Se pudo actuar en Albacete muchas veces, pero aquello era incluso pecado solicitarlo. Como el CECOP tampoco quería usar ese medio estatal en exceso para no dar protagonismo al ICONA, por que ya se sabe que dar las gracias es muy desagradable, las salidas a incendios creo recordar que no llegaron a la docena. Digamos que el CECOP consideraba a la base del ICONA como un recurso propio, pero marginal, al que había que tratar de no recurrir. Así de mezquino es el mundo autonómico, por si alguien no lo sabía. Al menos así era antes, y da la sensación de no haber mejorado, de haber empeorado mucho incluso desde entonces.



319.4.- P.K. 2+500 de la Carretera GU-944 (Mazarete - Guadalajara).

La aeronave y su tripulación llegaron días después que nosotros. 4 ex-militares soviéticos ucranianos y una chica española, con ínfulas de Modesty Blaise. Se tenía a sí misma como una mujer irresistible e intrépida. Ojos claros, personalidad de acero y cabeza de granito. Decía ser la primera piloto de helicóptero española. A saber. Los primeros días fueron muy agitados porque esta señorita se declaró en rebeldía. Afirmaba que en la base había menos medios de los prometidos y que mientras no se les diera alojamiento en la base a ella y a los suyos no pensaban trabajar. Fui yo quien la hizo entrar en razón y, francamente, no me explico como. Hice lo que suelo hacer en momentos similares: ser sincero y tratar de razonar con mi interlocutor desde una posición de confianza. Todo no fue más que una tormenta en un vaso de agua, y el detonante principal la cabezonería de esta niña. La tripulación tomó la sabia medida de vivir en Caravaca de la Cruz y subir a la sierra todas las mañanas a la hora de abrir la base. Durante un tiempo la piloto solo quería hablar conmigo y vivimos una especie de Luna de miel secreta. En una de tantas conversaciones que tuvimos sobre temas personales, me dijo que ella era muy activa sexualmente, que le gustaba la caza, y que necesitaba tener un amante allá donde estuviera. Imagino que aquello fue en parte una proposición, pero a torpe con las mujeres no me gana nadie. Lo cierto es que acabó teniendo mejor acomodo con mi compañero, con el que mantuvo un romance durante ese verano. Yo me retiré a un segundo plano en parte decepcionado y en parte aliviado. Mi compañero era un guaperas mujeriego, así que pienso que eran tal para cual. Aunque detrás de la fachada insoportable de aquella chica había alguien interesante que conocer.

Los ucranianos eran gente curiosa. Bebían durante todo el día, incluso en horas de trabajo. Tampoco lo ocultaban, pero yo les recriminaba en broma y les decía que lo hicieran sin que me enterase. Esta gente son esponjas humanas. Para ellos el estado normal es el de estar bebido. Fuera de horas de trabajo es el desmadre alcohólico. Es lo que hay, los aceptas con este inconveniente o desistes de ellos. Corrían historias sobre hoteles destrozados por borracheras de pilotos. A la base llegaron un día otros contingentes ucranianos y daba hasta miedo verlos todos juntos, armados con pistolas y vestidos con ropa militar. La tripulación del Kamov la componían 4 personas. El ingeniero era veterano del incidente de Chernobyl y portaba una de esas pastillas que miden la radiación. El jefe de ellos, Leo, era una bellísima persona. Nos comunicábamos entre nosotros en un pésimo inglés, pero siempre había una posibilidad de entenderse, aunque lógicamente los malos entendidos, algunos curiosos, fueron legión. Un día que andaban gritando "No pasarán" por ser de Madrid, una especie de homenaje cariñoso, les traté de explicar que mis dos abuelos habían luchado en el bando nacional, y que uno de ellos había sido compañero de promoción de Franco en la Academia Militar de Infantería de Toledo. Lo entendieron mal y al final del verano me enteré que habían llegado a la conclusión de que yo era nieto de Franco. La chica piloto tenía celos de mi trato con Leo. Pensaba que la puenteaba en su trabajo, que era el de coordinar su relación con el ICONA y, en cierta medida, dirigir a los ucranianos. En realidad estaba allí para aprender a pilotar los helicópteros. El Kamov 32 es posiblemente lo mejor que existe en lucha contra incendios forestales, pero en aquellos años tenía el inconveniente que para utilizarlos se necesitaba tripulaciones de ex-militares. Creo que eso ya se ha resuelto, pero no lo se a ciencia cierta.



319.5.- P.K. 2+500 de la Carretera GU-944 (Mazarete - Guadalajara).

El Kavov 32 era una novedad en 1995 en lo que a extinción de incendios se refiere. Las primeras unidades, procedentes del extinto ejército soviético, habían llegado uno o dos años antes. Los Kamov 32 tiene la particularidad de carecer de rotor de cola, que es sustituido por un segundo rotor principal. Es decir, el rotor principal, el que gira alrededor de un mástil sobre el techo de la carlinga, está compuesto por dos juegos de hélices que giran en sentidos contrarios. Este diseño tan particular, totalmente único, unido a la potencia del rotor y la robustez del aparato, le confieren una características muy particulares y unas capacidades de vuelo sorprendentes. Un día que estaba solo sin mi compañero llegó a la base el dueño de la compañía (Helicópteros del Sureste) que alquilaba al ICONA estos aparatos, así como muchas otras unidades de otros modelos. Estuvieron realizando diversas pruebas para testar la operatividad del Kamov 32. No se si del modelo en general o de aquella unidad en particular. Lo que le vi hacer a aquel aparato en el cielo sobre mi cabeza fue alucinante. Estos helicópteros, además de poder detenerse en el aire, son capaces de realizar vuelos verticales, es decir, con el morro apuntando al cielo, así como vuelos invertidos, loopings, y algunas otras salvajadas que no se ni como se denominan. Lo se porque lo vi. A esta maniobravilidad, el Kamov 32 une una potencia descomunal. Es como un tractor volador. Su uso original era como aeronaves de combate embarcadas en los portaaviones soviéticos, pero cuando fueron vendidos a particulares tras el desmantelamiento del Ejército Rojo en algunos países, pasaron a desempeñar los más variopintos trabajos. En Canadá se que se utilizaban para desembosque de madera, es decir, para su transporte desde el lugar de corta hasta un parque de madera situado junto a la red de carreteras. En España se estaba probando su uso en extinción mediante un bambi, un depósito plegable, con capacidad para unos 4.500 o 5 mil litros, más o menos. Un bambi es como una canasta de plástico flexible. Se llena de agua en cualquier tipo de depósito, por ejemplo una piscina, con el aparato en vuelo, y se vacía sobre las llamas del incendio para su extinción. El dato a tener en cuenta es que la capacidad de los hidroaviones Canadair del Ejército Español, lo mejor de lo mejor hasta ese momento, es también de unos 5.000 litros. Es decir, un Kamov 32 tiene la misma capacidad de ataque que un hidroavién, pero una operativa muy superior, al poder repostar en prácticamente cualquier sitio y disminuir drásticamente los tiempos entre descarga y descarga. En la propia base contábamos con una balsa de riego donde podía ser llenado el bambi para que el helicóptero llegase al lugar del incendio con la posibilidad de realizar un primer ataque sobre el fuego. La precisión de aquella gente era extraordinaria. Marcaron una cruz sobre el terreno cerca de la base y probaron la puntería en las descargas. Cuando le pregunté a Leo que tal había ido la prueba me dijo textualmente que habían dado en el blanco, que habían fallado solo por medio metro. Así lo hice constar en el diario de incidencias, pero como un dato elogioso. Una mañana, muchos días después, noté malestar en Leo conmigo. Al indagar sobre el problema averigué que creía que había pasado malos informes sobre la unidad a mis superiores. Se armó bastante revuelo y, tras muchas discusiones con unos y con otros, averigüé también que mi compañero había permitido leer a la piloto el diario. Compartían cama. Eso unido a su carácter supongo que le hizo imposible negarse a prestárselo. Esta chica vendió a los ucranianos lo escrito por mí como una censura. Había demasiado acercamiento entre Leo y yo para su gusto. Me costó explicarle con mi mal inglés que: 1) Escribía el diario por gusto, ya que solo estaba obligado a referir los datos básicos sobre incidencias. Eran muchas las horas sin hacer nada y escribir me encanta. 2) El diario no iba a ser leído por nadie probablemente. Servía para tener unos mínimos datos en caso de ser necesarios una vez finalizada la campaña. 3) El dato lo había rescatado porque me parecía sencillamente asombroso. Que se realice una descarga a toda velocidad y solo se falle por medio metro, que a lo mejor es un dato más producto de la modestia que otra cosa, es a todas luces extraordinario. De hecho, este razonamiento lo había incluido en mi escrito, además de mi asombro por las virguerías que había visto hacer al Kamov 32. Solo que esta parte no había sido traducida por la señorita piloto, solo preocupada en meter cizaña. Tampoco mi compañero se había molestado en aclarar nada, más preocupado en tener con quien dormir cada noche que en el buen funcionamiento de la base. No se si Leo lo entendió. Tampoco se llegó a enfadar. Solo se sintió dolido porque entre ambos había un extraño lazo de afecto, falto de un idioma en el que poder comunicarnos, pero con un enorme deseo de transmitir nuestar mutua simpatía. Es significativo que de todas las personas que conocí en aquel trabajo solo retenga su nombre. Ni siquiera recuerdo el de los radio operadores, que eran dos tipos estupendos. Pero Leo era alguien especial. Rubio, de complexión fuerte pero bajo de estatura, simpático, pero comedido siempre, prudente en todo lo que hacía, y con una calma interior que era capaz de transmitir a su entorno.



319.6.- P.K. 2+500 de la Carretera GU-944 (Mazarete - Guadalajara).

Los permisos que tuve fueron escasos, pero algunos hubo. Me desplazaba entonces en el Talgo. Eso me permitió descubrir algunas cosas sobre el relieve español. El tren discurría desde Madrid por La Mancha, por territorio completamente llano. Cuando empezaban a verse en el paisaje pequeñas sierras, espaciadas pero abundantes, una detrás de otra, sabías que estabas cerca de Murcia o habías llegado ya a ella. Por carretera la linde entre Albacete y Murcia, en lo pasiajístico, la situaría en Hellín, aun en territorio castellano. A partir de ahí las característico de lo murciano comienzan a manifestarse paulatinamente: terrenos áridos, generalmente aflorando a la superficie la roca desnuda. Uso de balsas de riego de grandes dimensiones, que permiten grandes regadíos localizados. Y ese relieve movido inexistente en La mancha. Murcia es un territorio esencialmente llano con diversas elevaciones espaciadas entre sí. La mayoría de ellas han sido repobladas con pino carrasco para paliar los efectos de la erosión, pero en unas condiciones difíciles para el árbol, que es relativamente propenso por su menor vigor vegetativo al normal a las plagas y enfermedades. Los bosques murcianos son una joya de valor incalculable.

En uno de aquellos permisos, posiblemente el primero de ellos, al venir a Madrid vi a mi padre muy mermado. Había envejecido muchísimo en el mes escaso que llevaba sin verle. Recuerdo que cuando me despedí de él en la Estación de Atocha a mi vuelta a Caravaca hasta llegue a preocuparme por él. Aquel hombre de repente se había vuelto frágil físicamente, era prácticamente un anciano. Su vicio por el tabaco había mermado su capacidad pulmonar y deteriorado su salud hacía tiempo, pero lo que vi en aquel permiso era distinto, más grave, y creo que de otra índole. Una mañana temprano, ya de vuelta, sonó el teléfono de la base. En aquellos tiempos los móviles eran muy escasos. La base tenía cobertura porque contaba con una antena repetidora propia. Era mi hermana que me advertía que mi padre estaba muy grave. Había sufrido una hemorragia durante la noche y estaba siendo operado. Sus palabras textuales fueron: "Tú verás lo que haces, pero si no vienes pronto quizás no lo veas con vida". Las tengo gravadas en el alma. Fueron palabras duras quizá, pero necesarias. En 10 minutos había organizado mi escapada hacia Madrid. Supongo que debí preverlo. Las veces que abandonada mi casa me desentendía de todos. Aquel verano no fue excepción. Llevaba días sin hablar con nadie de mi familia y un día recibí la llamada de mi padre. Aquello era realmente insólito, el también tendía a ser reservado y a respetar las distancia que yo a veces imponía. Me reprochó, pero con cariño, no haberle felicitado su cumpleaños, que era el 8 de agosto. El radio operador me llevó en coche a la estación de tren de Calasparra. En el camino recabé por teléfono el permiso del jefe del ICONA para ausentarme. Tomé el tren casi en marcha. Estaba estacionado en el andén cuando llegamos, después de un loco viaje por carretera, en el que mi amigo Ireneo (acabo de recordar su nombre), fue imprudente por necesidad más de una vez. El tiempo apremiaba. Durante el trayecto a Madrid las pantallas del vagón me bombardearon a cada rato con aquel anuncio de la DGT en que se nos explicaba los estragos que la víctima de un accidente de tráfico en su entorno humano inmediato: "Fulanita ha perdido un hijo, Menganita un marido, Zutanito un padre...". Fue un absoluto suplicio aquel viaje, sin saber si llegaría a tiempo, si mi padre iba a vivir. Lo cierto es que llegué tarde. Siempre he pensado que mi padre hizo aquella llamada porque sabía que estaba a punto de morir.



319.7.- P.K. 2+500 de la Carretera GU-944 (Mazarete - Guadalajara).

Regrese en apenas dos días, lo justo para enterrar a mi padre. El momento de mi llega a casa fue bastante tenso. Mi madre y mi hermano me esperaban en la calle, junto a nuestro portal. Pregunté a mi madre y esta no me quería contestar. Mi reacción fue extraña. Necesitaba oírselo decir, que me lo confirmase porque la noticia me parecía inconcebible. Que muera alguien próximo a tí y que forma parte del paisaje diario de tu vida, del día a día desde que tienes memoria, no solo es doloroso sino sumamente desconcertante. De repente es como si quedases sin unos ejes de coordenadas con los que poder ubicar tantas sensaciones, emociones y recuerdos. Por eso se lo exigí, que me lo dijera. Pero ella no podía. También fue muy emocionante el encuentro con mi hermana en el tanatorio del Hospital Gregorio Marañón. Rompí a llorar sin poderlo evitar. también cuando nos entregaron sus cenizas, que depositamos en un nicho del Cementerio de San Justo.

La primera noche me tocó quedarme solo en la base. Fuera soplaba el viento, que hacía crujir la casa. Era imposible pegar un ojo. Pero la razón de mi desvelo era otra en realidad. Creo que aquella noche mi padre rondó la casa. No se me puede quitar de al cabeza esa idea. Como la de que, si bien un día antes, verlo, su espectro supongo, me parecía una necesidad, aquella noche ventosa no estaba tan seguro. Pienso que si no hubiera albergado dudas, cierto miedo, se me habría manifestado. Han pasado 17 años desde entonces y aun estoy convencido. Fue como fallarle una última vez. Siempre fui una desilusión para él, aunque nunca hubo reproches, ni me faltó su cariño. La forma en que sabía expresarlo. Hijo de militar tuvo una educación algo estricta, muy volcada hacia puesta en práctica de esos valores ahora considerados trasnochados: esfuerzo, honradez, cortesía, honor. Entendiendo por honor hacer siempre lo que se considera correcto, aunque sea muy difícil o cause quebranto a nuestra hacienda o nuestra reputación. Hacer el bien, no lardear de él. "La caridad es sufrida, es benigna,la caridad no tiene celos, la caridad no se pavonea, no se infla", decía San Pablo". Aquella fue la última oportunidad de ver a mi padre. O tal vez la penúltima. Ojalá así sea.



319.8.- P.K. 2+500 de la Carretera GU-944 (Mazarete - Guadalajara).

Con Leo jugaba casi todas las tardes al ajedrez. Cuando volví de Madrid creo que lo consideró casi un deber obligarme a jugar para distraer mis pensamientos de lo ocurrido. No necesitábamos hablar, que suponía un enorme esfuerzo. Algunas palabras de Rudo aprendí aquel verano. "Jarasó" vendría a ser el equivalente en Ruski del O.K. yankie o nuestro "de acuerdo". Jugaba conmigo al ajedrez como a mi me gusta, advirtiendo de los errores, tanmbién de lo jaques a la reina, incluso a algunas piezas menores. Se trata de disfrutar del juego, no de ganar. No cabe duda de que era mejor que yo, pero tenía mis momentos lúcidos. La parte final del verano fue un suplicio. Mi compañero y su novia piloto trataban torpemente de animarme, sin mucha convicción. Tampoco hubieran sabido como si realmente les hubiera importado. La situación sirvió al menos para establecer una relación cordial con ella, libre de sobreentendidos y malos rollos, porque creo que el verse rechazada por mi lo tomó muy a mal. Bueno, lo cierto es que jamás la rechacé. Yo en aquellos tiempos me deshacía siempre de la mano que me llegaban, fueran cuales fuesen las posibilidades de las cartas. Creo que no estaba acostumbrada a los noes y lo entendió como una desaprobación a su persona. No creo que tuviera un interés real por mí, sí que liarse con mi compañero, con el que estoy seguro que el sexo tenía muchas más posibilidades, fue al tiempo que un apaño un intento de darme en los morros. Era enojoso verlos todo el día tonteando. Ponían la radio a toda pastilla y eso me impedía escuchar con claridad la radio forestal, la frecuencia en la que habla todos los medios relacionados con el cuidado del monte en un determinada frecuencia.

Por la radio forestal se escucha a los vigías que alertan de las columnas de humo que aparecen en el horizonte. Muchas veces se establecían diálogos entre ellos. Por ejemplo, uno de ellos preguntaba a un segundo acerca de una columna cuyo origen no alcanzaba a distinguir y que se situaba en un ángulo e visión mejor para el segundo. Entonces este aclaraba quizás que se trataba de una quema de basura en un vertedero incontrolado, la causa más frecuente de las falsas alarmas en aquellos años. Hay que aclarar que los vigías no están constantemente oteando el horizonte. Teóricamente sí, pero se sobre entiendo que eso no es humanamente posible. Es un trabajo tedioso y solitario, pero conveniente para aquellos que quieren cobrar un sueldo al tiempo que disponer de tiempo ilimitado para una actividad concreta. Por ejemplo, estudiar. También se escucha por la frecuencia forestal a los guardias forestales, a la central del CECOP, a los medios aéreos. Muchas tardes interminables era la única diversión posible. Y cuando no ocurre nada muchos se dedican a incordiar la red pulsando el botón para hablar. Para hacerlo basta con pulsar el micrófono, que emite un ruido característico cuando abres y cuando cierras la comunicación. Cuando se establece un diálogo los interlocutores simplemente esperan a que el otro deje de hablar y se escuche ese crujido. Entonces saben que llega su turno. El problema entonces es que no había posibilidad de rastrear las intervenciones. Si no te identificabas nadie sabía quien eras, salvo que se reconociese tu voz. Muchos, para matar el rato, pulsaban constantemente el micrófono sin llegar a hablar. Podía llegar a ser muy irritante, y había quien lo hacía con esa finalidad, como una gamberrada.

Si algo ocurre en la provincia es a través de la radio forestal como te enteras, y al mismo tiempo que los demás. Llega un momento en que sabes cuando se va a liar y te permite anticipar la orden para actuar del helicóptero, Me gustaba estar alerta todo el día. A mi compañero en absoluto. Se dedicó todo el verano a vaguear y, lo que es peor, porque casi agradecía el tener algo que hacer, a entorpecer mi labor. Aquellos días los sobrellevé charlando con los dos radio operadores. A Ireneo también se le murió su padre aquel verano. Circularon chistes macabros acerca de tan dramática coincidencia. Al final de aquel verano el jefe del ICONA le ofreció un puesto de trabajo en Murcia capital a mi compañero, que desde luego tenía mucha mejor planta y sabía venderse mejor.

miércoles, 26 de septiembre de 2012

318.- Carretera GU-944 entre Mazarete y Cobeta (Guadalajara)



318.1.- Carretera GU-944 entre Mazarete y Cobeta (Guadalajara).

Las carreteras cuanto más modestas, menos medios se han usado para su construcción, más pegadas al terreno avanzan. Las autopistas, sobre todo las modernas, se desentienden casi del relieve y se alzan de puntillas en forma de viaducto o excavan en la tierra en forma de grandes desmontes para trazar líneas rectas. Las pequeñas carreteras de montaña discurren al pie de las colinas, tratando de ocupar el menor terreno posible ya que la llanura es más fértil y apta para la agricultura que la pendiente. Atrás queda Mazarete y, detrás de ella, a media ladera de la sierra que cierra la imagen, la Carretera N-211.



318.2.- Carretera GU-944 entre Mazarete y Cobeta (Guadalajara).

El suelo es pobre y solo las zonas de vega son roturadas. La presencia de un aprisco al otro lado de la carretera, en la ladera opuesta, da indicio de que la ganadería es el uso alternativo del suelo donde la agricultura no es posible o rentable. Hay un aprisco de piedra, incompleto por la derecha, y a su izquierda las ruinas de una cabaña de pastores. Los tomillos (Thymus sp.) cubren el suelo, y hay pues dispersos de enebro (Junipeus oxycedrus), de color verde intenso. Predominan los pies de matorral de porte rastrero. Seguramente el viento sople fuerte por este pequeño desfiladero. Inviernos duros y veranos calurosos. Suelo pobre, poca lluvia. Son condiciones para un todoterreno como el enebro, que exige poco y es capaz de agarrarse a la roca, medrar en suelos esqueléticos.



318.3.- Enebral (Juniperus oxycedrus) junto a la Carretera GU-944 entre Mazarete y Cobeta (Guadalajara).

¿Por qué solo enebros? Ahora si parece un misterio a resolver. Pero entonces ni lo pensé. El paisaje tenía un aspecto desolado, desangelado, falto de vida, pero entonces no lo tomé en cuenta. Guadalajara es territorio duro y el bosque, diga lo que diga la ardilla de Estrabón, es en muchas zonas un acto de voluntad del hombre. No lo eché en falta, ni mayor diversidad botánica en las laderas de la sierra que estaba cruzando. Aunque puede que también todo sea sugestión mía por lo que luego supe y no haya nada realmente sobresaliente en la imagen, siquiera su pobreza de elementos botánicos.



218.4.- Encina (Quersu rotundifolia) junto a la Carretera GU-944 entre Mazarete y Cobeta (Guadalajara).

Apenas vi encinas aquel día. Dudo incluso que viera otra aparte de esta que fotografié, aunque reconozco que lo lo recuerdo. Vi esqueletos de pequeños arbolillos que parecían ser rebollos, como los dos que coronan la pared rocosa de la imagen. El pequeño porte del arbolillo me ha hecho dudar si no se tratará de una coscoja (Quercus coccifera), pero en ese caso su coloración sería más intensa, de un verde vivo, menos oscuro, pudiendo explicarse la pequeña talla en su ubicación en una pared rocosa. Especie rupícola, capaz de medrar en las fisuras de las paredes de la roca.

martes, 25 de septiembre de 2012

317.- Ermita de Nuestra Señora de la Virgen del Peral (Mazarete - Guadalajara).



317.1.- Ermita de Nuestra Señora de la Virgen del Peral (Mazarete - Guadalajara).

Prácticamente nada más iniciado el recorrido realizo mi segundo hallazgo. Una ermita en lo alto de una loma con sus laderas roturadas. Desde donde estoy me recuerda vagamente a una pagoda thai, con su doble techo, aunque solo se trata de la perspectiva. Se trata de un pequeño edificio con dos naves de altura desigual. La construcción parece reciente. Está junto a la carretera y puede considerarse un elemento a proteger durante las obras. Las yemas en los ramillos del árbol se están abriendo. Es una primavera temprana en exceso. Momento: 9 de febrero de 2006.



317.2.- Ermita de Nuestra Señora de la Virgen del Peral (Mazarete - Guadalajara).

Una ermita es un lugar de devoción, creo que el más sincero de todos. Prima siempre la idea sobre la ostentación, aunque el derroche de medios nunca está descartado si es posible. Pero es un lugar que se elige, a veces por su significado real o simbólico, para expresar lo más íntimo y reservado. Y suele ser el producto del esfuerzo de unos pocos. A la iglesia se acuda, como lo hicieran tus antepasados, con el resto de la comunidad. La ermita la edificamos nosotros mismos para iniciar un camino de devoción. Algunas ermitas que he visto costaba unos instante caer en la cuenta de que lo eran. Esta no muestra símbolos religiosos. Hay una placa que indica su identidad pero, a parte de eso, es solo una pequeña construcción en mitad del páramo.



317.3.- Ermita de Nuestra Señora de la Virgen del Peral (Mazarete - Guadalajara).

Tu silencio me desconcierta, porque solo por tu palabra se que estás presente, porque este puede ser el definitivo, el que se prolongue para siempre, porque he aprendido a escucharme en tu risa y en tu llanto y ahora es como si estuviese mudo, falto de palabra, desprovisto del rezo. Tu silencio me desconcierta y me tiene indefenso, porque no tengo poder para invocarte. Vendrás si quieres y no habrá necesariamente razones que me lo expliquen. La esperanza del que espera es un árbol que da frutos solo cuando la helada no es fuerte, cuando la soledad no quema con su hielo la flor abierta demasiado pronto a la primavera. Los días se suceden y el silencio no rompe. Y puede que caiga en el desespero. Te echo de menos, y es tan poco lo que puedo hacer para remediarlo.

sábado, 22 de septiembre de 2012

316.- Mazarete (Guadalajara)



316.1.- Mazarete (Guadalajara).

Guadalajara, lo tengo más que claro, es una rugosidad en el continuo espacio-tiempo, un lugar de fricción entre zonas distantes que no deberían estar tan próximas como para peligrar su contacto, una zona de transición hacia lugares remotos y desconocidos. Quien haya conducido por la A-2 alguna vez camino de Zaragoza conoce la sensación. 50 kilómetros de civilización compacta a lo largo del Corredor del Henares que desembocan en la lada más absoluta una vez superada la cuesta en la que se asienta de Guadalajara capital. De repente es como si faltase el aire. Entre sus arrabales, que apenas si existen, y Calatayud, casi 200 kilómetros más adelante, apenas nada. Medinacelli hacia el kilómetro 150, ya en Soria, asomada en lo alto de una  loma, a la izquierda, como una fortaleza vigía abandonada, y hacia el 225 Calatayud, al fondo de un valle, también a la izquierda, como un fuerte de avanzada. Y aun después, tampoco demasiado hasta Zaragoza y su desolado entorno. Esa continuidad en la nada que, sin embargo conduce a parajes tan diferentes, tiene por fuerza que presentar irregularidades, saltos en el vacío, discontinuidades. Y yo creo que se producen en Guadalaja. Allí es siempre donde tienen lugar los fenómenos meteorológicos de extrañas características. Esos cambios de presión que empañan los cristales del coche por completo al bajar una hondanada la carretera, y que se refrendan con una granizada de hielo triturado. Las lluvias que traen la noche en cuestión de minutos. Las nevadas que echan raíces en una sola sierra en mitad del páramo. En Guadalajara sufrí una granizada que puso 10 m centímetros de hielo con consistencia de nieve en solo 5 minutos y paralizó el tráfico de la autovía. Y si la A-2 es la estrecha franja donde se condensa la civilización en el vació que media entre Madrid y el noreste, apenas una línea en el mapa, cualquiera de las carreteras secundarias que de ella parten ya pertenecen a lo salvaje, a la tierra sin retorno asegurado, siendo la Carretera N-122 la que conduce directamente al corazón de la niebla, hacia Teruel. Pero Mazarete esta relativamente próximo al desvío de Alcolea del Pinar y el recuerdo de la autovía aun está fresco en quien conduce por esta carretera. Alguna planta de áridos junto a la calzada trae incluso la sensación de actividad económica en el entorno. Por un momento el vacío parece quedar atrás.



316.2.- Mazarete (Guadalajara).

He partido muy temprano de Madrid, muy antes del alba. Y visto amanecer a la salida de la ciudad. Me ha dado tiempo a parar para desayunar fuerte, algo que hago siempre que viajo, porque nunca se sabe cuando habrá posibilidad de comer, y he llegado hacia las diez de la mañana a Mazarete. Es aun invierno, principios de febrero, y un sol perezoso comienza a abrirse paso entre las callejuelas en penumbra del pueblo. No hace frío. Si hubo escarcha en los campos ya la devoró los primeros rayos del día. Es sábado y es probable que eso retenga a los pocos habitantes del lugar en sus camas. No veo ni un alma. Y si las hay se funden con las sombras de las aceras y las casas. No me he preparado el viaje, esa es la verdad. Solo vengo a hacer fotografías y a tomar algunas notas. Se donde comienza la carretera que se va a reformar, junto al final de la travesía de Mazarete. Los mapas me dicen también donde acaba el tramo de obras, en Cobeta. Las medidas que se van a adoptar siguen el actual trazado, que se va a modificar mínimamente en planta en algunas curvas y en alzado en alguna cuesta. Se trata de ampliar el ancho, armonizar su dibujo y mejorar el firme. Solo he de seguir la carretera actual y fotografiar lo que me llame la atención. Y lo primero que me lo llama es el edificio de techo bajo junto al río que da nombre al pueblo.



316.3.- Lavadero de Mazarete (Guadalajara).

Ni siquiera he comenzado el trabajo y tengo mi primer logro. Un lavadero. Tan raro en estas latitudes. No parece propio de un pueblo de La Mancha. Me asomo a comprobarlo y no parece haber duda. El encuadre es complicado, pero la imagen capta un fascinante juego de reflejos y luces propiciados por la luz irregular de la mañana, que parece concentrarse en un solo rayo que irrumpe en la pequeña estancia por la última de las vidrieras. El techo que parece plano se vuelve inclinado en la imagen que devuelve el depósito de agua. Del otro lado de la vidriera situada en primer término hay vegetación, pero en su reflejo en el lavadero los cristales dejan ver un trozo de cielo que no debería estar ahí.



316.4.- Mazarete (Guadalajara).

Es el arranque del tramo, justo al otro lado del puente que cruza el río Mazarete. A la derecha queda el lavadero. En frente la Iglesia, a la que apenas he prestado atención. He intentado fotografiarla sin lograr el encuadre adecuado por el juego de luces y sombres del día que aun se inicia. Hay dos abetos que me transmiten frío, una sensación de que aquí es posible la nieve en los días más oscuros del invierno. El cielo tiene un tinte ligeramente añil que presagia la llegada de la primavera. Las ramas de los chopos lanzan al aire sus ramillos del año. Comienzo el recorrido de la Carretera GU-944 sin tener idea clara de lo que voy a encontrarme.

domingo, 16 de septiembre de 2012

315.- Plaza de Castilla (Madrid)



215.1.- Isleta central de la Plaza de Castilla (Madrid).

Es difícil lograr que los edificios altos mantengan en el equilibrio en las fotos. No sabría decir por qué. El Obelisco de Calatrava casi parece recto. Creo que es un atractor gravitatorio. Los edificios a derecha e izquierda se inclinan hacia el. Incluso las nubes del cielo se arremolinan en torno a su punto distal como el polvo cósmico en torno a un agujero negro o cualquier otro poco gravitatorio. Las farolas situadas a la derecha se curvan como si intentasen apuntalar la Torre Kío Oeste en su inclinación hacia el suelo, cuando el peligro quizá sea que se enderece y se vea solicitada por el cilindro dorado.



215.1.- Isleta central de la Plaza de Castilla (Madrid).

Cuando fui a tomar estas fotos del Parque del canal mi ánimo no era el mejor. Pocos días después ocurrió algo que fue una inyección de moral. Puro espejismo que se ha ido diluyendo ha medido que ido subiendo las fotos estos días. El mundo da vueltas demasiado rápido, quizá por que vivimos demasiado lejos del eje de giro. En sus proximidades apenas hay movimiento. Vivimos alejados del centro de las cosas. Un eje lo suficientemente prolongado en el punto de giro puede punzar el futuro donde el tiempo permanece detenido, sin que se produzcan heridas. La rotación en el sentido contrario a las agujas del reloj provoca movimiento hacia fuera del plano, hacia el cielo azul. Necesito un escenario así, en un lugar que apenas rote, pero que se abra a los cielos, un escenario que me sobrecoja, que me obligue a hacerme cargo de mi insignificancia para reflexionar de nuevo como aquella tarde en La Bermeja cuando los relámpagos caían cerca de mis pies y decidí cambiar, optar por lo correcto. No voy a explicarlo porque es una emoción y no creo que se entendiera. Ni yo mismo me comprendo. Querer no basta, aunque sea todo el cariño del mundo, hace falta un compromiso, merecer aquello que quieres. Si el cielo rotase en el sentido a las agujas del reloj lo lógico sería que se acercara a nuestras cabezas para sembrarlas de sueños.

sábado, 15 de septiembre de 2012

314.- Pérgolas del Parque del Canal (Madrid)



314.1.- Pérgola con enredadera de morera (Morus alba) en el Parque del Canal (Madrid).

Seguramente el mayor acierto de quienes diseñaron el parque sea la instalación de varias pérgolas que, aun con el arbolado muy joven, además del efecto estético, procuran abundante sombra a los paseantes. No era un día de calor, más bien lo contrario, cuando visité el parque, y aun así pasear bajo los toldos vegetales fue gratificante. Esa penumbra de sombras caleidoscópicas, de luces que parece que guiñan los ojos, incita al sosiego. Me posicioné en el extremo de una de ellas y realicé hasta tres fotografías, con calma, calculando los encuadres, mientras una pareja se me acercaba a paso muy lento. ¿Imagina alguien una imagen más hermosa para representar el amor de pareja y la fidelidad?¿Con quien te gustaría pasear bajo este emparrado dentro de muchos años, con décadas de vivencias conjuntas sobre las que charlar? Yo ya lo he pensado. Me ha bastando unos pocos segundos. Aunque puede que cuando acabe el minuto haya cambiado de opinión porque no me la imagino calmada paseando de mi brazo.



314.2.- Pérgola con enredadera de ligustrina (Ligustrum ovalifolium) en el Parque del Canal (Madrid).

Todo el borde más alejado de la salida en Plaza de Castilla esta cubierto por una pérgola de techumbre traslúcida y bastante elevada, con enredadera de ligustrina. La superficie a ocupar por las ramas de los arbolillos es muy extensa, por lo que son lógicos los claros. El impacto visual al situarse en un extremo de la pérgola es intenso. Me parece un lugar mágico para sentarse a leer o a charlar con todo el tiempo del mundo con alguien que cuente con nuestro aprecio. La sensación de aislamiento del entorno urbano es total. Pasear bajo el dosel vegetal en el momento de la floración de la ligustrina tiene que ser una experiencia más que recomendable. Me lo apunto.



314.3.- Pérgola con enredadera de morera (Morus alba) en el Parque del Canal (Madrid).

Se que he tocado fondo porque ya no hay sensación de caída. La de estar en el final de la cuesta abajo la he anticipado por dos veces, en Navidades y al final del invierno. Luego vino su certificación. Por eso ahora no siento angustia. Sí apatía, una desgana infinita, indiferencia por lo que me ocurra, por lo que la vida quiera arrebatarme a cambio de una nueva oportunidad, si es que decido pedirla. Me siento por las mañanas a leer un libro bajo el emparrado y por unas pocas horas mi situación deja de ser la variable que decide mi estado de ánimo. Leo a sorbos, a veces con atención, pero casi siempre deslizando la mirada por encima de las líneas escritas, sin penetrar en ellas. Vuelvo al inicio del párrafo para intentarlo de nuevo cuando me doy cuenta que he perdido el hilo y si tras varios intentos no logro retomar la lectura me dedico a contemplar a los que pasan. Me gustaría estar lejos o, tan siquiera, en un lugar donde nadie me conociera, para que no fuera la desilusión de los demás sino el desinterés lo que me explicase mi soledad. Ella no me conoce. Viene casi todos los días. Tiene la expresión seria. Siempre va sola y absorta en sus pensamientos. Una vez se sentó en mi banco y estoy casi seguro de que no se dio cuenta de mi presencia. Estuve a punto de romper el silencio para preguntarle por la razón de su tristeza. Es tan joven que las explicaciones posibles son muy pocas. Tenía consejos y palabras de consuelo preparados para todas ellas. Para todas las que hasta entonces se me habían ocurrido. Los años restan certezas, no las suman. Me gustaría advertirle de que la alegría es un hábito que solo es posible adquirirlo a sus años. Después la tristeza se adueña de tus rasgos y, en el mejor de los casos, pareces alguien antipático y no un derrotado. Es muy pequeña y los pies no le llegaban al suelo apenas cuando se sentó a mi diestra, solo las puntas de sus zapatos. Estuvo un rato balanceándolos adelante y atrás, columpiándolos al borde de la tierra. Luego se levantó y siguió su camino sin siquiera dirigirme una mirada. A veces no viene. Hoy es uno de esos días. Sin embargo la pareja de ancianos vino a su hora de siempre cogidos de la mano desde el inicio del sendero. Dos vueltas completas al perímetro del parque. Cada vez que los he visto llegar he fingido que leía para no tener que cruzar miradas con ninguno de ellos. Un día me preguntaron algo, no recuerdo quien de los dos y sobre qué, y mantuvimos una brevísima charla los tres sobre esto y aquello. Tal vez piensen que eso es suficiente para pararse y compartir unos momentos. Me gusta mi soledad. Bueno, no, la detesto, pero me siento cómodo en ella. Es curioso como encajamos mejor en la derrota que en la victoria, como si fuera ropa encargada hacer a medida. Hoy había pájaros en los árboles. Más que ningún otro día que yo recuerde. Es extraño porque se acerca el otoño, Creo que hoy demoraré un poco más la vuelta a casa. Puede que un puñado de pájaros logren que las cosas cambien. Podrían significar un punto de inflexión en el estado de las las cosas. Me gustan los gorriones, parecen sobrealimentados y siempre están haciendo algo, saltando de un lado para otro. Voy a terminar esta página y comienzo el paseo de regreso. Tal vez me lleve un rato largo.

313.- Paseos peatonales. Parque del Canal (Madrid)



313.1.- Paseo peatonal principal del Parque del Canal (Madrid).

Los paseos peatonal discurren entre los distintos rectángulos del parque, por lo que la red de senderos estaría compuesta por una larga avenida que discurre de oeste a este entre los 8 pares de rectángulos, al que sumarían 4 ramales más cortos que lo cruzarían en perpendicular y con la longitud de solo dos rectángulos, cerrando la red un gran paseo que recorre todo el perímetro del parque. Son caminos de tierra sombreados por arbolado, aun joven y, por tanto, un tanto ineficiente para esta labor, y con bancos para descansar. En las especies utilizadas para las plantaciones lineales no hay grandes sorpresas: Tilos (Tilia platyphillos), moreras (Morus alba) y aligustre (Ligustrum ovalifolium). La primera es la utilizada en la práctica totalidad del paseo principal, cuyo último tramo ha sido plantado con moreras. Es de agradecer que se hayan colocado señales identificativas de las distintas especies, también con los arbustos. Aprender botánica no es fácil y este tipo de iniciativas ayudan mucho. El paseo principal es largo, lo que confiere a la imagen una gran profundidad de campo, potenciada por la estrechez del sendero. El tilo es una especie de crecimiento lento, pero que puede alcanzar un gran desarrollo. Más propia del norte de Europa que de los países meridionales, es poco utilizada en España. En Madrid son escasos los ejemplares. Razón de más para felicitarse por su elección en el Parque del Canal, lo que incrementa la diversidad del arbolado madrileño, a veces demasiado previsible, al menos en sus plantaciones urbanas ornamentales de aceras y plazas. Se trata de un árbol especialista en dar sombra, por lo que de aquí a unos años pasear por este sendero en verano será un delicia. Hemos de tener paciencia ya que el parque se inauguró en 2004.



313.2.- Paseo perimetral del Parque del Canal (Madrid).

En este tramo del paseo perimetral se ha optado por la plantación de aligustre (Ligustrum ovalifolium), usado también en setos vivos para la delimitación de rectángulos. El edificio situado al fondo son los juzgados de Plaza de Castilla. El Obelisco de Calatrava asomado entre los aligustres, como si acechase a los caminantes del parque. Pronto será la una, el momento de regresar a casa. Es extraño mirar la imagen por que las sombras, quizás demasiado alargadas, parecen señalar el norte y no poniente.



313.3.- Paseo peatonal principal del Parque del Canal (Madrid).

Alguien dormita en un banco a la sombra de las moreras. Quizá sueñe. Dicen que un día el ejército del rey desfilaba en palacio en el patio de armas ante el balcón real. El comandante de la guardia de palacio, que abría el desfile, miró hacia el balcón para saludar de forma marcial a su rey y presentarle armas. La distancia no era poca, porque el palacio era grande, pero se distinguían bien las figuras asomadas a la terraza regia. El monarca, la reina, los nobles de la corte, y entre el gentío agolpado una cara se destacaba claramente del resto. Quien la ha visto la ha reconocido en el acto. Era La Muerte que miraba fijamente al comandante de la guardia, a él solo de entre todos los que desfilaban sobre las baldosas de granito de cuarzo rosado. El comandante lo supo enseguida, había venido a su encuentro para llevarle. Cuando acabó la parada militar pidió audiencia con el rey. Visiblemente alterado le contó lo sucedido y le suplicó que le diera licencia para marcharse lejos, a cualquier lugar. "Aquí estáis a salvo, comandante. Jamás ha sido derrotado mi ejército ni enemigo alguno ha osado asaltar mi palacio". "Lo vi en sus ojos, majestad, viene a por mí, para llevarme. Era a mi a quien miraba. A ningún otro de los cientos que desfilaban conmigo". "¿Y a dónde iréis?". "Si su majestad me presta uno de sus caballos más veloces, si salgo ahora al amanecer podré estar cerca de Samarcanda. Allí buscaré otro caballo y pediré que el suyo le sea devuelto". "¿Huiréis siempre?". "Solo hasta que sepa que he despistado a la muerte. Os soy leal, majestad, sabéis que volveré en cuanto me sea posible. Muerto tampoco puedo serviros". "Así sea" dijo el rey, que apenado vió partir a su mejor soldado. Hizo llamar a su Ministro de Secretos, el jefe de sus espías, al que contó lo sucedido. Éste torció el gesto al escuchar el nombre Samarcanda. "¿Decís que se dirige hacia allí?". "Es un jinete capaz, ya estará bien encaminado". "He oído rumores inquientantes, majestad, tenía pensado sugeriros reforzar la guarnición en aquella ciudad". "Lo trataremos. Pero mi comandante solo estará de paso. Y el destino elegido para su primera etapa no es descabellado. Abre las puertas de las rutas hacia el mar. Y ya sabéis que dicen que la Muerte detesta el mar. Que no acude a ninguna de sus citas en mar abierto, que por eso pueden oírse a las almas en pena llamarla entre los bancos de niebla". El ministro de Secretos tenía reputación de poder averiguarlo todo, aunque fuera un acertijo, de poder encontrar a cualquiera, vivo o muerto. "Quiero que traigáis a mi presencia a La Muerte". "Dadlo por hecho, majestad". Y cuando la tarde comenzaba a ser oscura la puerta de su despacho se abrió para dar entrada a La Muerte. "En verdad que vuestro aspecto es pavoroso". "Son requisitos del oficio. No todos se dejan llevar de buena gana y es necesario imponerse. El miedo es el arma más eficaz". "Quiero hablar con vos". "No dispongo de mucho tiempo, majestad". "Seré breve. Quiero preguntaros por qué habéis venido a buscar a cierto hombre de mi aprecio". "No soy yo quien decide. Solo quien ejecuta los designios de Otro". "Es que no lo comprendo. Se trata de alguien sin tacha, de cuyas virtudes y logros podría estar hablándoos hasta que anocheciera del todo. Un hombre bondadoso en extremo y, sin embargo, valiente hasta la temeridad cuando su deber se lo exige". "Es curioso, majestad, estoy pensando en quienes he de llevarme cuando el último rayo de sol muera en el cielo y no se me ocurre nadie que siquiera se aproxime a esa descripción". "Hablo del comandante de mi guardia". Se hubiera dicho que la Muerte relajó el rostro, si es que eso era posible. "Coincido con vos en la valoración de vuestro súbdito. Debéis saber que no siempre puedo cumplir lo que se me ordena. Por eso me he sorprendido, y me he sentido aliviado además, al verlo desfilar esta mañana al frente de vuestra guardia". "¿Por qué decís eso?". "Porque mañana a mediodía tengo cita con él en Samarcanda". Y esa es la triste conclusión. Sean cuales sean tus hazañas, tus esfuerzos, tu huella en la vida, buena o mala, aunque no queramos acudir y hasta pensemos que la podremos esquivar, todos tenemos una cita con la Muerte en Samarcanda.

jueves, 13 de septiembre de 2012

312.- Mosaico de petunias. Parque del Canal (Madrid)



312.1.- Mosaico de petunias. Parque del Canal (Madrid).

La sorpresa más grata y curiosa del parque es el rectángulo dedicado a mosaicos de parterres de petunias, de diferentes colores cada agrupación, ofreciendo el conjunto un gran impacto visual, inesperado. El rectángulo se sitúa en la esquina noreste del parque, frente al laberinto de agua. Las petunias son de tres colores: rosa, rojo y vainilla. El momento de mi visita coincidió con el de dos señoras muy mayores, que quedaron extasiadas al asomarse al mosaico de flores. Con esta son ya media docena de perspectivas de las Torres Kio, el depósito elevado y el obelisco, a cada cual más exótica, incluidas en el blog, siendo esta sino la más hermosa si la más inesperada y colorida.



312.2.- Mosaico de petunias. Parque del Canal (Madrid).

Las cosas lindas me recuerdan a tí. Ya se que no te gusta que te diga que eres hermosa, pero en mi blog tengo plena libertad de expresión. En esta imagen serías el centro de atención de todas la miradas, una flor entre tantas, aunque la más bella de todas. Sólo los niños y los blogueros tienen libertad para decir lo que se les antoja. Sí, luego llegarán los castigos, tus enfados, mi destierro, el no hablarnos, el decirme que me invento películas y me las creo. Todo por no saber callarme, por no soportar verte sonreír sin que mi corazón proteste por el esfuerzo de verse sometido a la felicidad extrema.

311.- Laberinto de agua. Parque del Canal (Madrid).



311.1.- Laberinto de agua. Parque del Canal (Madrid).

Los otros cuatro rectángulos del parque no ocupados por zonas de césped son diferentes entre sí. En cada uno se ha ensayado un procedimiento decorativo, aunque con el elemento común del uso del cuadrado para la creación de mosaicos. El laberinto de agua se sitúa en la esquina sureste del parque. Sobre una lámina de agua se han dispuesto caminos que la sobrevuelan, con un círculo central en el centro geométrico de la piscina. El conjunto recuerda vagamente a un laberinto y de ahí su nombre, supongo. Una alineación de pequeñas biotas remarcan el perímetro del laberinto. Como todos los parques de reciente construcción, adolece de arbolado maduro y de cierto déficit de sombra, por tanto. El tiempo subsanará el inconveniente, como ya lo hizo hace unos años con este mismo problema en el parque entorno a la Torre Picasso de Madrid. Cuando era niño el cemento dominaba sobre la vegetación. Hoy día el arbolado ofrece un dosel elevado que aísla el parque de su entorno urbano.



311.2.- Laberinto de agua. Parque del Canal (Madrid).

Madrid es una ciudad sin apenas planificación, pero un caos que deviene en mágico acierto algunas veces. El mejor ejemplo sería la Plaza de la Cibeles, compuesta con 4 edificios de cuatro siglos diferentes. El caso es que empiezo a cambiar de idea en cuanto a la improvisación de la Plaza de Castilla. Pasear por su entorno ofrece innumerables alternativas distintas, cada una con características propias, sobre la forma de mirar sus hitos arquitectónicos. La imagen es pura geometría. Líneas horizontales, verticales e, incluso, otras que la otorgan profundidad y permiten verla en tres dimensiones. Ese cielo con cirros que la abarrota de figuras en vez de vaciar la imagen.



311.2.- Laberinto de agua. Parque del Canal (Madrid).

Cuando visité el parque el único fallo que consideré fue la suciedad del agua. En realidad no lo está. Es agua estancada cuyo periodo de renovación desconozco. Es lógico que genere poblaciones de algas. En realidad si está limpia de objetos y basura, tan habituales en cualquier lugar frecuentado por personas, incluso en parajes de alta montaña si son conocidos por los excursionistas. El cuidado del parque es impecable. También su limpieza. Ni un solo ejemplar de arbolado o tramo de seto ofrece mal aspecto. Las huellas del trabajo de las tijeras de podar y la segadora están en todas partes. Es agua clara, aunque el fondo de los estanques esté verdoso. Durante el tiempo que estuve en el laberinto ninguna otra accedió a él. Imagino que una sola visita basta para experimentar todo la diversión que ofrece. Los parques son para sentarse en los bancos o para pasear. Y las pasarelas sobre las aguas del laberinto quizá no sean el lugar idóneo para abstraerse con la charla de la compañía.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

310.- Praderas del Parque del Canal (Madrid)



310.1.- Pradera del Parque del Canal (Madrid).

El Parque del Canal ocupa las cubiertas del depósito del Cuarto Depósito del Canal de Isabel II. Tiene forma de rectángulo, que puede dividirse en 8 partes, a su vez rectangulares, dispuestas en dos filas de forma simétrica de 4 rectángulos. Los 4 rectángulos centrales están ocupados por zonas de césped, con láminas de ella dentro de las praderas, lagunas de aguas muy someras, como una piel de agua recubriendo los depósitos del subsuelo. La hierba parece haber sido regada con agua reciclada y se trata de una mezcla áspera apta para el pisoteo, bien cuidada y segada. El olor a hierba cortada impregna el aire. El teoría se trata de zonas de acceso restringido. Así se hace saber con carteles y cerrando los accesos con cadenas, fáciles do sortear por otra parte. La gente hace caso omiso a la prohibición y entra en las praderas para jugar al fútbol, pasear a sus perros o, incluso, para practicar el yoga o tomar el sol como si se tratase de una piscina. La invasión es de pocas personas todavía y parece que por ahora se hace la vista gorda. En el rectángulo de césped más distante de la Plaza de Castilla vi en la distancia a una chica en bikini tomando el sol pero. Hice amago de ir a curiosear pero, tonto de mí, tu recuerdo me rondaba la cabeza toda aquella mañana y me pareció una forma de ser infiel, no ya a tí, que es dudoso que quieras ningún compromiso conmigo, salvo quizás el de una amistad, mientras tus enfados toleren tenerme cerca, sino a lo que siento por tí, que es mucho y casi todo ello subterráneo e inédito.



310.2.- Pradera del Parque del Canal (Madrid).

Leí en algún sitio... Bueno, en realidad recuerdo donde, en un número de la versión española de la revista Omni, que duró muy pocos números. Había un articulillo en aquel ejemplar dedicado a las praderas de césped. Por lo visto, a los científicos les ha intrigado siempre la fascinación que éstas ejercen sobre las personas. Hay una querencia desmesurada por ellas. Nos gusta caminarlas, tumbarnos en ellas, verlas incluso. Quien no recuerda ese momento impactante en que por primera vez ves el estadio de fútbol de tu equipo. En mi caso fue el Bernabeu. Y a la solemnidad del momento se une la desmesura en las dimensiones del rectángulo de hierba. Casi una hectárea. El momento para mi fue tan impactante como cuando vi los bosques de columnas de la Mezquita de Córdoba o el Portal de La Glora de la Catedral de Santiago. ¿Cual es la razón de esta fascinación? En la revista se apuntaba una teoría muy convincente. La mayor parte de la historia de la especie humana se desarrollo en su época como nómada cazador y recolector. Las zonas de césped nos recuerdan aquellos tiempos en que recorríamos las pastos con la casa a cuestas. Buena parte de nuestra memoria colectiva se desarrolla en escenarios parecidos a las praderas de nuestros parques y esa sería la razón de su éxito inexplicable. Lynn Margulis, la mujer del fallecido Carl Sagan, hoy día casi más conocida que lo que él lo fue en vida, tiene una teoría emparentada para explicar porque las mujeres cogen a  sus bebés con el brazo izquierdo. La contaba su marido orgulloso en uno de sus libros. También sería una reminiscencia de nuestra época como nómadas. La mujer portaría al caminar al bebé en su lado izquierdo para que se recostara sobre su pecho y al escuchar el corazón de la madre se calmara. Un sonido conocido, el único en realidad, durante el embarazo. Esta estrategia permitiría avanzar más rápido a pesar de la carga y tener libre el brazo derecho. Nuestra fascinación por los céspedes es cara. Lo era hace años al menos. Hoy las mezclas de semilla que se utilizan, gracias a los avances de la genética, son muy resistentes al pisoteo y son muy frugales en cuanto a sus exigencias de agua y nutrientes. El uso de agua reciclada abarata aun más los costos. Pero cuando eran caros tampoco nos privábamos de ellos. Es cierto que son un solaz para la vista. Mirarlos, además de ser un placer estético, tiende a calmarlos.



310.3.- Pradera del Parque del Canal (Madrid).

Me imagino a los dos tumbados sobre esta hierba charlando al atardecer. No, no es una imagen que evocara ese domingo en que visité el parque, sino ahora. Y todo deriva de la necesidad de hablarte, de que te echo de menos, de que me intriga saber si las sombras en el ocaso de ambas estructuras se alargarán hasta donde fantaseo que estamos. Poniente es la dirección a la que mira la cámara, así que las sombras de las cosas saltarán a nuestro encuentro. Nosotros podríamos tener a un niño en un cochecito. Es correr mucho, lo se, pero ya bromeamos sobre eso. Salvo por el pequeño detalle de que yo lo hablaba entonces muy en serio. Tan niña eres en tus modos que no concibo otra posibilidad que la de que seas una magnífica madre. Estamos tumbados sobre la hierba después de venir caminando desde casa. Tu estás descalza y tienes los ojos cerrados. Acaricias con los pies la hierba para sentir su frescor. Cae la tarde. Me hablas de algo que ahora no logro escuchar, mientras te miro. Hacerlo me calma, me hace sentir que todo encaja como un puzzle. Que existas y estés junto a mí es la prueba irrefutable de algo importante que tiene que ver con el cosmos. Tú repites la pregunta algo alterada y me recriminas el que no te escuche. Pero es que todos mis sentidos no son suficientes para captarte por completo. Tu enojo, lo temo tanto, lo echo tanto de menos. Te cojo uno de los pies, creo que el derecho, y tu te ríes olvidando de repente la discusión incipiente. Anoche en Madrid. Y todas las sombras al fundirse unas con las otras son incapaces de opacar el brillo de tus labios cuando mana de ellos tu risa.



310.4.- Pradera del Parque del Canal (Madrid).

La imagen está orientada hacia el norte y permite ver el edificio diseñado por Norman Foster. El pino con la copa más grande, a la izquierda de la hilera de arbolado, impide ver la estación de autobuses de Atocha, cuya marquesina si no estuviera sería visible. No es el tipo de césped al que estamos acostumbrados. Es más áspero, con flor en ciertas zonas, con algunas calvas o áreas parduzcas. Aun así, quizá sea incluso más hermoso que esos otros de un verde siempre vibrante, porque el aspecto algo descuidado les confiere cierta naturalidad. Las líneas del paso de la segadora crean sensación de avance hacia puntos concretos de la imagen. Las líneas parecen estirarse precisamente en dirección al edificio de la antigua Ciudad Deportiva del Real Madrid, realzando su importancia. Incluso la dirección de los cirros sigue esta tendencia.

martes, 11 de septiembre de 2012

309.- Depósito del CYII en Plaza de Castilla (Madrid)



309.1.- Depósito del CYII en Plaza de Castilla (Madrid).

El Cuarto depósito de Agua del Canal de Isabel II estaba formado originalmente por 4 vasos, con una capacidad conjunta de 156.000 metros cúbicos. Uno de ellos, el de la imagen, fue parcialmente demolido para la instalación en el hueco de las bombas elevadoras, ya que esta infraestructura, que antes se situaba junto al depósito elevado, había quedado fuera de servicio. La otra parte del vaso fue ocupada recientemente por una sala de exposiciones. Así pues, este cuarto vaso está fuera de servicio actualmente, existiendo sobre su cubierta una lámina de agua que ofrece un gran impacto visual al ser un elemento sorprendente, inesperado totalmente, dentro de la ciudad. El arbolado que puede verse pertenece a la calzada lateral este del Paseo de la Castellana, siendo visible también el Monumento a Calvo Sotelo, que puede servir de referencia para situar lo que ofrece la imagen. El edificio de color beige claro son los Juzgados de Plaza de Castilla.



309.2.- Depósito del CYII en Plaza de Castilla (Madrid).

La silueta de las Torres Kio, el depósito de agua elevado y el Obelisco de Calatrava dominan el ámbito de la Plaza de Castilla y del Parque del Canal, distribuidos de forma diferente según el punto de vista. A la largo de la mañana vi decenas de combinaciones de estos elementos. En esta cada torre se agrupa con una de los otras dos construcciones, como dos parejas rivales en una pista de baile. El obelisco encaja bien con su pareja al coincidir con una de las líneas rojas de su fachada. La otra casi consigue la armonía entre los miembros. La dirección dominante de los cirros parece querer contribuir a favorecer esa armonía.

308.- Depósito elevado del CYII en la Plaza de Castilla (Madrid)



308.1.- Depósito elevado del CYII en la Plaza de Castilla (Madrid).

El depósito elevado de agua situado en la Plaza de Castilla, que con el correr d  los años se ha convertido en un icono más de la ciudad, forma parte del Cuarto Depósito del Canal de Isabel II. Con una capacidad de 3.800 metros cúbicos, su finalidad era dar servicio a los puntos de consumo situados en puntos más elevados que el resto del depósito, estando situadas las instalaciones para la elevación de agua en la actual sede de la Fundación del CYII. Se terminó de construir en la década de los 50s y hacia 1960 ya no era utilizado para su primitiva finalidad. Ahora, aun integrado en el sistema de depósitos, sirve para paliar el efecto del golpe de ariete en las instalaciones del depósito principal. El golpe de ariete, una de esas rarezas tan habituales en el fascinante pero incomprensible mundo de la Hidrodinámica, es una sobrepresión que se produce cuando se cierra o se abre de golpe una válvula, y que puede ocasionar roturas en tuberías. Es triste pensar que fue una de las preguntas del examen final de septiembre con el que aprobé la asignatura de Hidráulica, cuya respuesta bordé, clavando el planteamiento y desarrollo matemático que demuestra su existencia y proporciona una fórmula para calcular su valor, y que ahora tenga incluso dificultades para recordar el significado del concepto. La imagen me recuerda el cielo tan hermoso de aquella mañana de domingo. Momento: 1 de septiembre de 2012.



308.1.- Depósito elevado del CYII y Torre Kio Este, en la Plaza de Castilla (Madrid).

Encajar un gran amor en una vida cualquiera, la propia, claro está, es como lograr la cuadratura del círculo, un encuadre imposible. Una pequeña pasión es más bien como una pequeña obra de marquetería, una obra de taller producto de la paciencia y la habilidad. Los grandes amores requieren sin embargo esfuerzos titánicos para que queden dentro del marco de nuestra vida, transgredir las leyes de la geometría. Siguiendo el símil, no sabría decir cual de las estructuras te representaría a tí y cual a mi. Te veo como alguien cabal, capaz del equilibrio. Siempre has sido más sensata que yo y por eso has sido siempre tú quien más distancia ha puesto entre nosotros. Eres utilidad y pericia, y por eso podría verte perfectamente como un depósito de constancia y acierto. Pero también eres extravagancia, belleza que se torno capricho para los ojos, un desafío para los sentidos, acostumbrados a lo sensato que no les desafíe. A pesar de habitar planos distintos, de diferir en el tamaño de nuestras esperanzas y en la suavidad de nuestros contornos, parecemos próximos por obra y gracia del encuadre y la perspectiva. Te miro y me asombro de que a pesar de que diverjas de mí en valía, hermosura y alegría, aun compartamos un punto de vista, un encuadre, un instante común en nuestras vidas.

lunes, 10 de septiembre de 2012

307.- Paseo de la Castellana (Madrid).



307.1.- Calle General Varela (Madrid).

Vivo en un barrio que en su origen, hacia finales de los 50s y principios de los 60s, estaba destinado a viviendas de familias de militares. Los nombres de las calles dejan claro la adscripción ideológica de sus habitantes. Al menos el ámbito de sus simpatías. Cuando era niño y esperaba en mi portal a la llegada del autobús escolar, mi calle se llenaba de coches oficiales, que aparcaban junto a la acera en espera de coroneles y generales. No eran coches ostentosos como los de los políticos, sino más bien discretos. Utilitarios con chófer en muchos casos. La de la imagen es la calle General Varela, una bocacalle de la Avenida del General Perón, aunque cuando era niño la conociera simplemente como la calle de la pescadería. Fue la única que hubo en mi barrio, atendida por un pescadero de los de manual, con mandil verde rayado. La primera bocacalle a la izquierda es Mártires de Paracuellos, una pequeña callecita en la que suelo estacionar mi coche cuando no hay sitio cerca de mi casa. Es una calle siempre en sombra, con muy escaso movimiento, como si se tratase de mantener la solemnidad y respeto que parece exigir su nombre. En verano esa sombra evita el recalentamiento del coche y es raro no encontrar plaza. Es tiro hecho, evita dar vueltas y vueltas por las calles más próximas a mi casa, siempre copadas coches. En la calle hay plátanos y castaños de indias, terriblemente podados, pero que han crecido mucho al buscar la luz entre los bloques de edificios.

Salí de casa aquella mañana contigo muy presente en mi pensamiento. Desde el primer paso, camino de la Plaza de Castilla, comencé a hablarte. Siempre es más fácil hacerlo si no estás presente. Tienes poca paciencia conmigo, o yo poco tino cuando te hablo, y quería explicarte algunas cosas sin que te enfadaras. Esta de hablar con gente que quiero para mis adentros es una costumbre que siempre he tenido, en momentos de tensión, de desequilibrio o de pérdida. Contarle a quien se fue de tu vida, quizá sin remedio, aquello que quedó por decir y se juzgo importante. Es tan frecuente que no me entiendas que quizá esto de hablarte en mi cabeza se vuelva una costumbre. El caso es que ya no recuerdo de que te hablaba, que trataba de explicarte para que me entendieras. Pero la mañana fue un agradable paseo, contigo a mi lado.



307.2.- Plaza de Castilla desde la boca sur del túnel subterráneo (Madrid).

Es una perspectiva poco lograda. Y no se trata del punto elegido para realizar la fotografía. Es la misma a lo largo de todo el Paseo de la Castellana. El Monumento a Calvo Sotelo, obra del escultor Carlos Ferreira, queda empequeñecido entre las Torres Kío y el Obelisco de Calatrava. Es más, parece como si este último fuese un estilete y el grupo escultórico dedicado al político asesinado su empuñadura. En otros tiempos una perspectiva muy cercana al monumento permitía jugar con las Torres Kio, que parecían de su tamaño y le ofrecían un marco curioso. Se instaló en 1960, cuando la Plaza de Castilla se situaba justo en el borde de la Ciudad. Es coetáneo por tanto del Santiago Bernabeu. Las Torres Kio, obra de los arquitectos norteamericanos Philip Johnson y John Burgee, datan de 1996. Ambos edificios parecían inclinarse para crear un dosel sobre la escultura. Sin embargo, la instalación de la obra de Calatrava lo trastocó todo. Es como si hubiera una intención oculta de soterrar su relevancia, quizá para que nadie se pregunte quien era Calvo Sotelo. Cuestión que para algunas, incluso gente de la derecha, puede da lugar a respuestas incómodas. Por otro lado, el chirimbolo del ingeniero valenciano no se sitúa en el centro de las torres, aunque si que hay una correlación en los tamaños aparentes. Por detrás asoman los cuatro rascacielos de la antigua Ciudad Deportiva del Real Madrid, siendo el más evidente por ser el más cercano a la plaza el diseñado por Norman Forter, con su asa en lo alto, como si un gigante se aprestase a cogerlo para trasladarlo a otro lugar. Era domingo y no fue difícil situarse en la mediana de la avenida. Antes había una fuente en la rotonda centra de la Plaza de Castilla, con un surtidor de gran altura. Cuando se pasaba por debajo, por el túnel, gruesas gotas delataban la existencia de filtraciones.



307.3.- Paseo de la Castellana (Madrid).

Cuando era niño a este tramo de la Castellana se lo conocía como Avenida del Generalísimo. En los libros de Historia los tres grandes personajes de nuestra narración colectiva eran El Cid, héroe de la Reconquista, el cimiento de lo que llegó a ser España, su epopeya; Franco, que nos salvo del caos comunista; y quizá los grandes nombres propios de la Guerra de la Independencia, representantes de los seres anónimos, cuya voluntad y sacrificio también hicieron posible que llegáramos a ser una nación. Supongo que era lógico nombrar así a la gran avenida construida durante la posguerra. Como también lo fue que se le cambiara por el Paseo de la Castellana en cuanto fue posible. De la Estación de Atocha, en la Plaza de Carlos V, hasta el Nudo Supernorte, donde muere la antaño Avenida del Generalísimo, discurre una gran calle con bulevares centrales y varias calzadas, con una unidad reconocible y que todo el mundo conoce como La Castellana, a pesar de que se denomine de otras dos formas en los tramos más cercanos al casco antiguo de la ciudad. Cuando era niño dominaban los descampados, en especial en torno al Estadio Bernabeu. A la avenida se asomaban edificios altos, de unas 10 plantas, pero de baja calidad en su arquitectura y escasa uniformidad en sus fachadas, feas en su mayoría. Muchos de ellos sobreviven tal cual fueron construidos. Algunos han sido remodelados y mejorados en su aspecto, como el Número 110, a la altura de El Corte Inglés de Nuevos Ministerios, y otros se han visto rodeados de edificios que en parte palían o compensan su fealdad. La cirugía urbana es un proceso lento y conseguir una cierta calidad urbanística en este tramo final de La Castellana llevará décadas, si es que se consigue. Aunque el Proyecto Chamartín, la conversión de suelo ferroviario en torno a la estación de tren en suelo urbano, supone una oportunidad extraordinaria en este aspecto. El edificio más lejano de la fachada izquierda de la calle es el Ministerio de Economía.


domingo, 9 de septiembre de 2012

306.- Pantalán Fransari. Puerto de Las Palmas de Gran Canaria (Las Palmas).



306.1.- Pantalán Fransari. Puerto de Las Palmas de Gran Canaria (Las Palmas).

La terminología de los puertos es algo escurridiza pero, como todas las terminologías técnicas, ofrece palabras exóticas y algún que otro hallazgo. Un pantalán es un muelle estrecho, peatonal generalmente, a cuyos lados atracan embarcaciones de pequeño tamaño. Suelen ser flotantes, de madera, cercanos al nivel del agua y utilizados por embarcaciones deportivas o recreo. El de la imagen parece contradecir todas las características incluidas en la definición. Es más bien un muelle estrecho. Una de las pocas opciones que me ofrece un reportaje portuario es captar la zona de la obra desde varias posiciones. Una vez fotografiado el ámbito concreto de actuación, es decir, el Muelle Santa Catalina, y las infraestructuras portuarias situadas al norte y al sur, traté de captar el muelle para cruceros desde otra localización. El Pantalán Fransari era la mejor opción. Para acceder a él no había que traspasar ningún control de seguridad y su extremo se situaba cerca del Muelle Santa Catalina Naciente. Había un único barco atracado en el pantalán, de bandera china, por lo que eran de esta nacionalidad casi todas las personas que deambulaban por el muelle. La imagen, orientada al norte, se cierra con el alto de El Vigía, dentro del paisaje protegido de La Isleta.



306.2.- Muelle de cruceros desde el Pantalán Fransari . Puerto de de Las Palmas de Gran Canaria (Las Palmas).

El agua del mar siempre parece diferentes en cada nueva fotografía. Su tonalidad, su rugosidad. Hay una franja de sombra que une ambos muelles, tenue pero claramente visible. El juego de luces que propicia las nubes. Es la famosa Panza de Burra, que se cierne perpetuamente sobre la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria. No parece un día de verano por la imagen, aunque el calor era perfectamente conforme con la fecha del viaje, hacia mediados de septiembre. Siempre hay poca actividad en los puertos. No recuerdo haber estado en ninguno donde el movimiento de personas y máquinas fuera febril. Casi diría que nunca he visto una de esas inmensas grúas para descargas en movimientos. Al menos no lo recuerdo. La distancia entre puntos, entre explanadas portuarias y dependencias, la sensación de abandono por la poca presencia de personas, acentuada por la habitual existencia de infraestructuras o edificios sin uso, el mar en calma al estar abrigado por diques y rompeolas en su perímetro, todo esto conspira para otorgar un cierto tono melancólico a las fotografías de puertos. Todo sucede en la distancia, en escenarios de dimensiones desmesuradas. Si es que sucede. Porque incluso la ciudad, allá a lo lejos, parece dormida sobre el regazo de las nubes.



306.3.- Dársena Interior del Puerto de Las Palmas de Gran Canaria (Las Palmas).

Desde donde tomo la fotografía hay una trayectoria clara que me conduce directamente a mar abierto. Un barco acaba de entrar en la dársena y parece dirigirse hacia la zona industrial, al Muelle León y Castillo (izquierda en la imagen). En el muelle de cruceros hay atracado una nave del grupo Boluda. Mar abierto es una metáfora de libertad, pero también de riesgo, y sobre todo de soledad, de huida lejos de quienes nos rodean habitualmente. Me siento tentado de hacer ese viaje, de intentar la escapada. Nadie advertirá mi marcha ni será testigo de ella. Nadie me echará en falta cuando mi ausencia se confirme. La soledad es un equilibrio estable que se acentúa con el paso del tiempo. Cuatro partes de mar y una de cielo. Creo que es la proporción correcta para describir el mundo.



306.4.- Muelle Grande. Puerto de Las Palmas de Gran Canaria (Las Palmas).

El Muelle Grande, llamado así porque lo era en tamaño en el embrión del actual puerto, hay varios edificios destinados a frigorífico y silos de materiales sólidos. El situado en primer término corresponde a uno de los segundos y el más grande detrás de él es un silo. Que tipo de misión tienen realmente es para mi un misterio. En los puertos, como en otro tipo de ámbitos segregados de lo cotidiano, como puedan ser los barcos, los cuarteles militares, las minas, se usa un lenguaje propio para nombrar cosas y actividades que solo los iniciados pueden entender. Me gusta el dramatismo que tiene la fotografía, con las nubes oscuras cerniéndose sobre el silo. En Las Palmas de Gran Canaria a veces chispea muy ligeramente, ese tipo de lluvia que apenas moja porque la humedad se seca casi en segundos, pero la lluvia es un fenómeno escaso.