lunes, 31 de octubre de 2011

212.- Iglesia de San Pedro de Berdoias (Vimianzo - La Coruña)



212.1.- Iglesia de San Pedro de Berdoias (Vimianzo - La Coruña).

El verde de los prados en pleno septiembre. El musgo en las piedras con las que se construyeron las iglesias. En Galicia el corazón siempre está situado en umbría. La luz de verano a menudo parece la de un sol de invierno. Sin duda el mejor, porque calienta poco a poco, hace que la brisa sea una caricia en la cara y derrama calma donde toca. es un sol que es el preludio de la lluvia, que tal vez dibujará un arcoiris en el dorso de la mano del cielo y relámpagos de tormenta en su palma allá a lo lejos. La piedra envejecida por el clima, la torre barroca, que tiene un aire, es como un eco lejano del Obradoiro de la Catedral de Santiago, la valla también de granito que delimita un recinto minúsculo. Porque en Galicia el territorio se fragmenta en minúsculas propiedades. Y hasta Dios anda en espera de una concentración parcelaria que reordene sus dominios. Hay un sauce a la derecha de la fachada y un plátano a la izquierda que guardan el mismo silencio que la campana. Un silencio que será roto en las horas de misa o en las que sople el viento que camina desde las montañas.



212.2.- Iglesia de San Pedro de Berdoias (Vimianzos- La Coruña). Detalle de la fachada.

San Pedro preside desde una hornacina en la fachada la iglesia. El blanco del mármol de la imagen casa con el de los líquenes que manchan el paramento de granito. Un ramillo de hiedra surge de la nada sin que parezca haber explicación posible. Es vida vegetal sin sustrato. Como la fe tal vez, que germina, crece y se ramifica allí donde la esperanza no parece razonable. Creer en Dios o en tí, en que amarte tiene sentido, un recorrido en el futuro, es tarea de crédulos, esforzados o profetas. Solo se que ahora mismo pido a San Pedro que me abra las puertas de Cielo, que use su llavero, que parece el que usa un titán cuando sale de casa, para franquearme el acceso a tu presencia.

La ingenuidad del románico, y de los estilos artísticos que lo imitan, es un placer visual. Recuerdo como le entusiasmaban a mi padre esas fachadas profusamente recargas de imágenes de catedrales, palacios y colegiatas, siempre con algún detalle que te arrancaba una sonrisa. Las lentes de un monje. Un demonio con aspecto de peluche. Una flor junto a una calavera. Siempre dibujados con trazos sin malicia que incitan a la ternura. le gustaba llevarnos a ver piedras, como él decía. Ni una sola iglesia quedaba sin visitar cuando se llegaba a un pueblo. Le entusiasmaba el románico y, sin embargo, odiaba con pasión los comics. Con el correr de los años he llegado a ver este hecho como una contradicción. Nos inculcó el hábito de la lectura por emulación. Leíamos por que el lo hacía, por que mi casa rezumaba de libros, que periódicamente había que empaquetar para hacerlos viajar al olvido de los camaranchones. Pero nunca hizo discurso. Solo demostró muy de vez en cuando su desagrado por los tebeos, que le parecían lectura impostada, pero que nunca nos prohibió. Solo era su parecer. De hecho siempre interpretaba mi papel, el que intuia que podía ser más efectivo, cuando iba con él al kiosko. Unas veces era el niño sufriente que necesitaba la alegría de un tebeo para sobrevivir a la amargura. Otras el niño angelical que reclamaba su premio. Tal vez pedía otras cosas antes que sabía que me iban a negar para ir cargando de culpa su conciencia. Rara vez amenazaba con desatar la tormenta si no era atendida mi petición. En mi época los padres no se dejaban chantajear, tenían la lógica y el sentido común de su parte. El caso es que a veces obtenía mi ejemplar de Batman o Dare Devil.

Nunca entendí su rechazo por los comics. A veces sorprendo en Milo Manera un remanente del estilo de Boticelli. Su obra "Historia de Anastasio de Degli Onesti" del Prado es claramente una tira de comic. Una dominical por ser a color y el mimo y el detalle en el acabado del dibujo. Si la obra tuviera unos bocadillos con los diálogos de los personajes no serían incongruentes y todos saldríamos ganando. Y que decir del románico cuando se las tenía que ver con figuras. Su modelado del mundo tenía el espíritu de Walt Disney. Por eso a medida que lo he ido meditando con los años entiendo menos su aversión. Tal vez tenía miedo de que nos quedáramos en lo fácil, en el primer escalón de las puertas del cielo, sin sospechar que el fue nuestro San Pedro para poder acceder a este otro paraíso de la lectura. Tal vez tenga mano ahora en el que tu representas, tal vez alguna de sus llaves abra una vía en el muro hacia tu corazón.



212.3.- Cruceiro de Berdoias (Vimianzo - La Coruña).

Cruceiro, o crucero en Castellano, significa cruz de piedra. Se trata de un elemento típico del paisaje de Galicia, donde son miles las instaladas, sobre todo en la entrada de los pueblos y encrucijadas de caminos. Es raro acudir a Galicia y no ver uno. Los modernos no desmerecen a los antiguos en cuanto a belleza. Porque se siguen instalando, al igual que los hórreos, a veces con fines meramente decorativos. Su significado no está del toso esclarecido. Hay quien dice que su misión es meramente devocional. Hay quien les atribuye una misión de protección de los caminos, de sus usuarios frente a los peligros que acechan a las almas. Lo maligno se oculta en el bosque.

El de Berdoias es un crucero hermoso. Está situado en un pequeño prado situado junto a la iglesia de San Pedro, ante su fachada. Si se curiosea en internet la imagen que se encuentra casi siempre muestra la otra cara del crucero. No sabría decir porqué fotografié este otro lado, pero imagino que fue por evitar la aparición de la iglesia al fondo y así obviar que se trata de dos elementos estrechamente relacionados, que pueden documentarse gráficamente con una sola imagen que muestre a ambos. En otras palabras, pierdo una de las fotografías del reportaje y he de buscar otro objetivo.

En el otro lado del crucero el remate superior es un cristo en la cruz. En el que vemos es una piedad, muy hermosa por cierto, la que nos mira desde arriba, con sus rodillas marcadas bajo el vestido, su forma de agarrar al cristo muerto como si fuera un bebé, la expresión de tristeza en el rostro perfectamente clara a pesar de lo esquemático de la escultura, y ese brazo del yacente cayendo cuan largo es para evidenciar la ausencia de vida, la gravidez extrema que trae la muerte. Un cristo enbigotado que tal vez duerma. Eso quisiera pensar su madre. La pasión de Cristo es exacerbadamente humana, con personajes de carne y hueso, a veces emborronados por los tabús religiosos y las inconveniencias doctrinales. La de Cristo es la historia de un hombre. Y los hombres mueren. De ahí la necesidad de su pasión, aunque exija culpables cuando se buscan una redención colectiva, una de sus principales contradicciones, y que exige ese "perdónales, padre, porque no saben lo que hacen" para equilibrar resultados con objetivos. Los practicantes de otras religiones no lo entienden, que hace un dios clavado en una cruz. No creo que sea tanto demostrar que Cristo superó a la muerte. Logro que ningún otro hombre consiguió jamás. Ni conseguirá, porque está en nuestra naturaleza ser mortales. Lo que le señalaría como un ser por encima de nosotros. Aunque también es esta una idea que se trata de propagar, está claro. Creo más bien que el significado primordial es mostrar que Cristo compartió nuestro destino, que fue hombre hasta sus últimas consecuencias, con las alegrías y tristezas que supone serlo. Por eso no entendí en su día el escándalo originado por la versión cinematográfica de la novela de Kazantzkis  "La última tentación de Cristo", que solo lo mostraba en otra faceta humana, la del amor conyugal, tremendamente casto y, además, al que renunciaba para encarar un destino más alto. ¿Qué tiene más mérito, ser inmune a la tentación o superarla por amor al prójimo? Un dios que muere y vence a la muerte, humano y al mismo tiempo poderoso, me parece un reclamo difícil de desoir. Y expuesto de esta manera tan dulce, en un crucero, motivo suficiente para recrearse durante un rato en su contemplación.



212.4.- Cruceiro de Berdoias (Vimianzo - La Coruña). Detalle del remate superior.

En la imagen de detalle salen a la luz las cicatrices del tiempo. Las manchas de líquenes en la piedra. Como las inclemencias del tiempo han suavizado y achatado los relieves, los han borrado en parte. No se trata de una tarea sencilla cuando se trata de granito. La lluvia lame con facilidad la piedra caliza, pero el granito requiere tiempo. Lo cual puede ser indicio de la antigüedad del crucero. Hay algo de verde en la base del remate que no parecen musgo, y el óxido de la argolla con la que se ha reforzado su unión al fuste se ha extendido hacia abajo. En los rasgos de la cara de la Virgen se evidencia más el peso de la muerte que en el rostro de su hijo. Podría ser un efecto de ese desgaste de la piedra lo que ha hecho asomar la calavera que quedaba oculta detrás, la que ha acentuado las cuencas de los ojos, pero parece más bien obedecer a la intención del artista, que quizás ha querido expresar con este detalle el concepto de co-pasión, de la participación de la madre en la pasión del hijo, en su sufrimiento, en su muerte parcial. Se trata de un concepto medieval que acentuaba el papel de la Virgen en el drama y en sus consecuencias, al que se añadía el de la co-redención, convirtiendo a María en protagonista de la redención del hombre.

domingo, 30 de octubre de 2011

211.- Etapa 12 del CN del Guadiana. Ermita de Nuestra Señora del Rosario (Luciana - Ciudad Real)



211.1.- Etapa 12 del CN del Guadiana. Ermita de Nuestra Señora del Rosario (Luciana - Ciudad Real).

Si la devoción cristiana está evidente que agoniza en las ciudades no lo tengo tan claro por lo que respecta al ámbito rural. En este trabajo son muchos los ejemplos de templos de construcción reciente. La vida social de algunas pequeñas localidades se articula alrededor de las fiestas patronales y las muestras de sentimiento religioso son evidentes. También es cierto que los pueblos están perdiendo su población joven, la más discrepante con el asunto religioso. Acudir a la ermita situada fuera del pueblo al caer el sol es una rutina de los viejos de muchas localidades españolas.

La Iglesia parroquial de Luciana no puede ser más modesta. Construida con mampostería de piedra. En concreto cuarcita. Cantos rodados de río, para entendernos. Espadaña de ladrillo moderno y cubierta de teja. Un nido de cigüeña para rematar la jugada. Aun le cabe otro en el hombro derecho de la espadaña. Y no tardará en lucirlo seguramente. Porque la de las cigüeñas es uno de esos raros casos en que se celebra la existencia de una plaga.

Algunos detalles de la urbanización son curiosos. La farola con cuatro brazos subida a un pedestal ajardinado. la fuente que parece un pebetero olímpico. Pero el entorno está pulcro, cuidado, se nota que ha sido tratado con mimo. En realidad es un pueblo hermoso. Se ha invertido dinero en mejorarlo. Creció a ambos lados de la N-430 y es la única localidad entre Piedrabuena y Puebla de Don Rodrigo. Lo único que me extraña es que no cuente con un restaurante en condiciones. El trasiego de camiones camino de Extremadura, sin ser notable, si que es constante.



211.2.- Etapa 12 del CN del Guadiana. Ermita de Nuestra Señora del Rosario (Luciana - Ciudad Real).

En realidad la ermita está fuera del CN del Guadiana, pero en los trabajos conviene diversificar si se puede en la temática y dejar objetivos dudosos como reserva por si al volver a casa el material disponible para armar un reportaje fotográfico resulta escaso. Es normalmente difícil meter una iglesia en un encuadre, por muy pequeña que sea, si está dentro de un pueblo.Y luego está esa extraña tendencia de los edificios a parecer que están torcidos, por más que niveles el borde inferior con el del encuadre. Momento: 8 de septiembre de 2011.

sábado, 29 de octubre de 2011

210.- Etapa 12 del CN del Guadiana. Área de descanso de Luciana (Ciudad Real).



210.1.- Parking para vehículos en el área de descanso de Luciana (Ciudad Real).

El descanso del guerrero. Pocas son las veces que durante un trabajo mi compañero de fatigas ha podido gozar de sombra durante sus ratos libres, que son estrictamente aquellos en los que no lo necesito, así de tirano soy con él. Si hay algo de lo suele carecer el monte es de sombra. En este viaje aprendí un truco para evitar las calorinas cuando regresas al coche y lo tienes a pleno sol, dejar las ventanillas un poco bajadas. El aire dentro, aunque se caliente, tiende a igualarse con el de fuera. Se puede hacer en parajes poco transitados, como los del entorno del CN del Guadiana que he visitado el mes pasado. Una vez que me toco viajar a Écija, la que llaman la sartén de Andalucía, en pleno julio, y tras regresar al coche, que lo había tenido que dejar en medio de un olivar a esa hora tan gozosa de las 3 de la tarde, aseguro que en contenido de la botella de agua que me había dejado dentro hubiera podido servir para hervir huevos. Mi coche ha tenido que soportar lluvias. Granizadas salvajes. En una que nos sorprendió a la salida de Sevilla tuvimos que refugiarnos bajo un paso superior de la A-4. Era gracioso ver la autovía sin tráfico y los coches estacionados bajo los puentes. En otra que nos agredió en algún lugar cercano a Medinacelli, pero aun dentro de la provincia de Guadalajara, la calzada de la A-2 quedó cubierta por una capa de hielo de 10 centímetros de espesor en menos de un cuarto de hora. Me ha llevado por carreteras nevadas en Burgos camino de Bilbao, León en la puerta de Asturias, Huesca y Palencia, cuando trataba de ganar la costa de Cantabria. Le he hecho transitar caminos de piedras por los que solo circulan todo terrenos, por barros y senderos encharcados. Le he hecho tragar polvo por litros, y ahora se puede escribir en su salpicadero aprovechando el que se ha depositado en los viajes que hemos hecho por todos los rincones de España. En Cantabria lo choque contra el quitamiedos de la carretera al salir de la A-8. En Segovia tuvieron que sacarlo con grúa de un cuneta por que me empeñé en meterlo por un camino intransitable y trate de sortear un charco arrimándome al borde. En Asturias fue con tractor porque quise acceder a la ribera de un río y el camino que me llevaba allí de repente desapareció. En Córdoba me ayudaron unos vecinos con su furgoneta a devolverlo al camino de servicio del AVE. Dos horas me costó encontrar socorro. Fue en una urbanización de lujo. Ricos pero buenos samaritanos. Me vieron sudando la gota gorda y me prestaron su ayuda sin esperar nada a cambio. Además, era domingo y les saqué de una fiesta. Querían que me uniese a ellos un rato, pero ya iba apurado.

En resumen, que mi coche es mi fiel escudero. Me lleva de aquí para allá, y hay que tener en cuenta que si el aquí es Madrid, a menudo el allá es Cabo de Gata, la costa gaditana, las Rías Bajas o el Pinrineo Oscense. Aguanta sin rechistar mis tozudeces, los esfuerzos que le exijo sin darle tregua. Me sirve de refugio cuando truena, sopla la tramontana o el aire hiela fuera. Me hace compañía en los trayectos largos. Es mi pareja de baile cuando me aburro en carretera, y le hago bailar twist por esas rectas solitarias. Y encima escatimo a la hora de llevarlo al taller. No es por gusto sino porque mi economía naufragó hace unos años. Al día siguiente del que tomé esta fotografía dijo basta y se paró en un recodo de un camino forestal, porque no podía más, no porque no quisiera seguir, que mi coche es soldado viejo de los tercios y jamás se negaría a luchar. Por segunda vez desde que somos pareja tuvo que acudir una grúa en nuestro socorro. Pensé en lo peor, pero era tan solo que la batería se había descargado y que sufría una pequeña hemorragia de aceite. Ahora le veo en la imagen, estacionado como un señor en el parking de madera de la zona de descanso de Luciana, y me doy cuenta de cuanto me ha dado. Y a cambio de tan poco. Señoras y señoras, mi coche en su último día de trabajo. La Etapa 14 ha sido su último cometido hasta ahora.



210.2.- Etapa 12 del CN del Guadiana. Estructura en el área de descanso de Luciana (Ciudad Real).

Da la sensación de ser un bar con una cubierta para los clientes, aunque clausurado. Normalmente en las zonas e infraestructuras de uso público se piensa demasiado a lo grande y se las dota en exceso de elementos. No parece tener mucho sentido un bar en este área de descanso, quizás ya de por sí demasiado grande. Por otro lado, me parece hermosa esta estructura. La madera siempre es elegante, pero la idea de por sí me parece acertada. Se podría celebrar una fiesta a resguardo del sol o de la lluvia. El río está a escasos metros. El área tiene todo lo necesario: barbacoas, zona de estacionamiento, punto limpio. Sin embargo, me di cuenta que las papeleras estaban todas llenas. Algo muy español, invertir en crear y nada en conservar. Sobran papeleras, pero falta un servicio eficiente que retire la basura con una frecuencia adecuada.


viernes, 28 de octubre de 2011

209.- Etapa 12 del CN del Guadiana. Vado de Luciana en el río Bullaque (Ciudad Real).



209.1.- Etapa 12 del CN del Guadiana. Vado de Luciana en el río Bullaque (Ciudad Real).

Para acceder al pueblo de Luciana hay que cruzar el Río Bullaque mediante un vado, con unos pivotes de hormigón para que los puedan salvar los caminantes. El vado es para pensárselo mucho el cruzarlo sin vas en turismo. En 4x4 es una fiesta chapotear en el río, casi que da subidón. El caso cuando lo vi me negué a cruzarlo con mi coche. El calado seguramente llega a los bajos del Peugeot 206. Un día que me comía un bocata en el merendero que hay junto al río vi a un lugareño cruzar el vado con un Renault. La matrícula delantera iba arando la corriente, creando un surco que se abría en forma de cuña. Como Moises abriendo las aguas del Mar Rojo. Pero el caso es que el vehículo emergió en la orilla contraria cual venus esplendorosa saliendo de la concha. Más limpio que al entrar. El baño hizo mucho por su higiene. También hay que tener en cuenta que la imagen es de finales de septiembre, cuando el río lleva menos caudal. Tras las primeras lluvias de octubre ni el tipo del Renault creo que se atreviera a utilizarlo.

La sierrecita del otro lado del río es la Sierra de Villarreal y sirve de contrapeso a los dos árboles del lado derecho de la imagen, un fresno, el más frondoso, y un sauce el otro. Aunque no me juego nada. Lo acabo de escribir y ya estoy dudando. Acepto enmiendas. Parciales y a la totalidad.



209.2.- Etapa 12 del CN del Guadiana. Vado de Luciana en el río Bullaque (Ciudad Real).

Ahí tenéis lo que es un vado de verdad, una solera pavimentada para darle una zona de agarre sólida y fiable a los vehículos en una zona del río con menor calado. Aunque aquí se diría que el propio lecho del río ha sido elevado mediante la construcción de una losa, porque tras el vado hay un pequeño salto en la corriente. Parecen aguas limpias y claras. Un dato en la siguiente etapa del CN me lo confirmaría. Una vez bebí en la sierra de Madrid de un riachuelo que serpenteaba entre pinares hacia el pueblo de Peguerinos. Mi compañero de trabajo, con quien compartía jornada, me dijo que estaba loco. "Pero si acabo de ver llover este agua", le repliqué. Y era cierto, había caído un chaparrón unos minutos antes, y yo me moría de sed bajo la lluvia. Decidí tumbarme en el suelo junto al riachuelo y dar por concluido el problema. lo cierto es que su renuncia a hacer lo que yo me puso en alerta, porque el veterano en trabajos forestales era él. Ahora veo estas otras aguas, las del Guadiana a su paso por Luciana, y casi siento ganas de beber, esta vez por placer. Vale, son unas ganas retóricas. había renacuajos.

Bajo la arbolada que hay al fondo de la imagen, en el lado del río donde está Luciana, hay un área de recreo inmensa, al menos para las necesidades de la zona, con pocas poblaciones y además pequeñas. Una vez se despida de Luciana, la próxima vez que el Guadiana discurre cerca de un pueblo será en Puebla de Don Rodrigo, unos 40 kilómetros al oeste. Quise comer en este pueblo y no pude, ninguno de los bares que hay junto a la carretera tiene comedor. Al final uno de ellos se convirtió en mi proveedor oficial de bocatas. Medida que a la larga fue acertada. Además de ahorrar me facilitó el trabajo. Cada vez que llegaba la hora de comer en esos días me pillaba a un hora al menos de la civilización. Y había prisa por acabar la tarea. Siempre la hay cuando trabajas para la empresa privada.



209.3.- Etapa 12 del CN del Guadiana. Río Bullaque a la altura del vado de Luciana
(Ciudad Real).

Imagen para detenerse en ella. El río vista hacia aguas arriba. El alto que vemos al fondo, que sirve de referencia visual, es el Morro de San Antón, que ya conocemos por una entrada anterior. La vegetación de ribera no es abundante, pero eso despeja el camino a la mirada y nos concede mayor amplitud en las vistas. El agua se calma y asciende la pendiente de la losa construida en su lecho, rizándose en la superficie por efe cto de las rugosidades en el hormigón y quizá también por el viento, que se cuela entre las pequeñas sierras. La piel del río está arrugada, como si el Guadiana tuviera la piel de gallina. Por eso el reflejo aparece difuso, algo borroso. Solo las aguas quietas son buenas copistas. El vado para peatones me permite levitar sobre el agua y fotografiar la corriente. Aunque nadie dude que me habría metido en el río para obtener la foto.




209.4.- Etapa 12 del CN del Guadiana. Río Bullaque a la altura del vado de Luciana
(Ciudad Real).


Hacia el otro sentido del río el mundo se desordena. ¿Dónde están las orillas?¿Donde está el cauce? La luz se filtra de forma irregular a través de la fronda, la corriente parece embestir contra una fila de árboles que se interpone en su camino, las cañas crecen donde no es corresponde, el río muestra solo uno de sus brazos, se vuelve manco ante nuestros ojos, el agua se acelera y trota sobre los cantos rodados y las lajas del lecho.

Lo mismo que pasó cuando llegaste a mi vida, tan solo unos cuantos metros aguas arriba. Ahora mi futuro es un desorden de emociones, un meandro que me ha hecho olvidar a donde iba. No veo claro donde estoy, de donde provengo, si el presente desdice lo que antes era, si tu existencia ha reinventado mi futuro y ha labrado un surco en la tierra para que fluya incontenible como una torrentera. Seré río o la sombra, agua que asume el riesgo de la pendiente o un sumidero en el bosque para que la luz jamás encuentre la salida. Mirar tus ojos oscuros es preguntarse que será lo que mi desorden decida. Correr, bailar entre las piedras mientras la música continúe. No me crearon para la alegría, pero por por tí seré agua y no fronda, por ti continuaré hasta donde la corriente no se adivina, me perderé en la curva para reencontrarme en la vida. Ojalá que sea por tu mismo camino.

Matt Bianco - Yeh! Yeh! - Versión larga de 12"

jueves, 27 de octubre de 2011

208.- Etapa 12 del CN del Guadiana. Vado de La Encinilla (Luciana - Ciudad Real)



208.1.- Etapa 12 del CN del Guadiana. Vado de La Encinilla (Luciana - Ciudad Real).

A la altura del paraje denominado La Encinilla, por las dehesas y bosquecillos de encinas existentes en la otra ribera, ya que en el lado por el que discurría la vega estaba ocupada por tierras de labor o barbechos, había un vado según indicaba el mapa del IGN. Pues de cabeza que fui. tampoco es que hubiera hasta el momento muchas cosas relevantes que reseñar. Asomarse al río, que llevaba oculto tras su cordón de vegetación media etapa, era un aliciente. El Vado es una zona en que el lecho del río asoma casi a la superficie de la lámina de agua. El río se queda casi sin caudal, y un lecho de piedras sobre el cieno fluvial aporta un firme que puede ser utilizado por vehículos todo terreno. Volví a recorrer la ruta días después y coincidió que al llegar al sendero que conducía al vado vi llegar un rebaño de merinas desde el otro lado del río, que comenzaron a tomar posiciones en el prado de esa ribera. Llevaba prisa y no me detuve a esperar, pero estoy seguro que ese rebaño cruzó el Guadiana minutos u horas después. No tenía tiempo que poder invertir en esa conjetura, pero si hubiera estado en lo cierto y hubiera tenido paciencia, o menos urgencia por seguir camino, que es lo que había, muy probablemente tendría una imagen esplendorosa que incluir en esta entrada del blog. Otra vez será. y si lo es aquí la compartiré con quienes visitan Periplo.



208.2.- Etapa 12 del CN del Guadiana. Vado de La Encinilla (Luciana - Ciudad Real).

Contrasta esta y la anterior imagen con las del Río Bullaque incluidas en la entrada anterior del blog. Mientras el Guadiana parece aquí un arroyo el Bullaque si que parece tener más entidad de río. También es cierto que a finales de septiembre cual curso que lleve caudal, por escaso que sea, merece un respeto, y hay que pensárselo mucho antes de darle el apelativo de arroyo. Por otro lado, el Guadiana sufre constantes detracciones de sus aguas antes de este punto, para regadíos, balsas ganaderas, abastecimiento humano. Multitud de pozos asetean y saquean los acuíferos que alimenta el río. Es lógico que esté cansado tras superar Daimiel y Campo de Calatrava, áreas llanas destinadas a la agricultura. Finalmente, una noticia que capturé en internet mientras buscaba información para la redacción de los informes del Camino Natural hace pocos días me dió a entender que las cosas no son del todo lo que parecen. Hace algo menos de dos años, en enero de 2010, una crecida del río se llevó por delante el puente que a los habitantes de Luciana les permite cruzar el Guadiana para dirigirse a Los Pozuelos de Calatrava y Abenójar. Su sustituto, construido por la Confederación Hidrográfica rápidamente para evitar la incomunicación entre municipios se verá en una entrada de la siguiente etapa del CN. Así que el Guadiana a veces ruge por esta zona. Hay que tenerle respeto, no menospreciarlo, aunque en las últimas semanas del verano parezca dormirse en algunos tramos y en otros dar cabezadas.

207.- Río Bullaque a la altura de Luciana (Ciudad Real)



207.1.- Río Bullaque a la altura de Luciana (Ciudad Real). Vista hacia aguas arriba desde la Carretera N-430.

El río Bullaque es un afluente de importancia del Guadiana. Hasta tal punto que diría que en su confluencia es más caudaloso y trae más ímpetu que quien luego se hace con todo. Siendo justos, y juzgando por las apariencias, tal vez el Guadiana debería llamarse Bullaque desde la confluencia de ambos ríos hasta su desembocadura, dar preferencia a quien parece que aporta más y tiene más ganas de llegar al mar. El río Bullaque debe ese correr más ligero a su paso por la misma garganta que aprovecha la Carretera N-430 y que forman la Sierra de las Majadas y el Morro de San Antón, que es la montaña que cierra la imagen. Tras pasar bajo el puente de la carretera, desde donde se captó la imagen, y con la carrerilla adquirida, el Bullaque se precipita sobre el Guadiana para darle un empellón que lo reactive. Y más bien lo logra, como veremos más adelante.



207.2.- Río Bullaque a la altura de Luciana (Ciudad Real). Vista hacia aguas abajo desde la Carretera N-430.

El último trecho del río antes de ceder su caudal al Guadiana. Luciana queda en la orilla derecha. Hay una estación de aforo, con una pasarela peatonal y lo que parece ser un resalto o azud, porque las aguas se agitan en el centro del cauce. Una pequeña chopera en la orilla izquierda viste con algo de vegetación el entorno del río. Hasta su ribera parece haber llegado el crecimiento de la localidad. En su desembocadura crea un nudo, un desorden de brazos, ramales y vados, que solo mirando el mapa pueden desatarse y comprenderse. No forma parte del Camino Natural del Guadiana, aunque es verdad que el camino cruza este río instantes antes de su muerte, como una premonición macabra son apenas plazo. Pero con este sacrificio el Guadiana se regenera y se limpia, después de cruzar la llanura manchega, antes de cruzar las montañas entre esta región y la extremeña. Conocí el Bullaque y lo vi morir poco después. Cosas de la geografía.



207.3.- Puente de la Carretera N-430 sobre el Río Bullaque (Luciana - Ciudad Real).

Este es el puente de la carretera que une Ciudad Real con Extremadura que permite el cruce sobre el Río Bullaque, visto desde el extremo más cercano a la capital manchega. El sendero que se adivina en primer plano a la izquierda, justo en el arranque del puente, conecta con el Camino Natural del Guadiana tras unos cuantos centenares de metros por una pista de tierra. Este sendero forma parte de la Ruta del Quijote, que se ha venido utilizando en algunos tramos de las etapas 11 y 12, y conecta con el CN del Guadiana en el arranque de la 13 y del ramal a la localidad de Luciana. Estos datos los doy por si a alguien le estoy consiguiendo convencer para que recorra el camino. El atajo evita tener que cruzar cualquiera de los dos vados de Luciana, que se verán en posteriores entradas del blog.

miércoles, 26 de octubre de 2011

206.- Etapa 12 del CN del Guadiana. El Castillejo (Luciana - Ciudad Real)



206.1.- Etapa 12 del CN del Guadiana. Sierra de Gines (Luciana - Ciudad Real).

Se trata de una pequeña elevación, que no alcanza los 900 metros en la cresta, aunque siempre que la reseño en un escrito tengo la manía de añadir la condición de santo al tal Ginés. Si tenemos en cuenta que el valle se sitúa a unos 550 metros de cota, llegamos a la conclusión que la montaña apenas supera los 300 metros de altura. Aun así supuso un aliciente extraordinario en lo recorrido hasta ese momento del camino natural para avivar las ganas de seguir recorriéndolo. Por un lado, era la primera elevación lo suficientemente destacable como para tener denominación en los mapas. Por otro, el verde claro e intenso de los pinos que cubrían sus laderas suponía un descanso para los ojos, un tanto agotados de los paisajes polvorientos, de los ocres claros y los grises verdosos. Son los pinos, la diferente coloración que le dan a la ladera, lo que permite ver la silueta de la pequeña montaña, donde acaba a la izquierda de la imagen, así como saber donde se sitúa la contigua Sierra de Valpérez, poblada en su caso por encinas.



206.2.- Etapa 12 del CN del Guadiana. Vega y Sierra de Los Santiagos (Luciana - Ciudad Real).

En la otra margen del camino el paisaje tiene mayor profundidad de campo. En Primer término se sitúan tierras de labor, en otro tiempo regadíos según me indica el mapa. Es la Vega de Los Santiagos. En segundo término se sitúa el Guadiana. Su cordón de vegetación lo delata. En la otra zona de vega hay una dehesa de encinas, que se vuelve bosque en algunas zonas. Es la Umbría de Los Santiagos. En último término se sitúa la ladera norte de la Sierra de Los Santiagos, con cortafuegos bien delimitados, lo que induce a pensar que se trata de pinares. En cuanto a los topónimos, todo lleva a pensar que o había falta de imaginación o los Santiagos eran mucho en aquellos pagos cuando hubo que proceder a ponerle nombre a los parajes.



206.3.- Etapa 12 del CN del Guadiana. Valle del Guadiana a la altura de El Castillejo (Luciana - Ciudad Real).

El tiempo, la vida, la semana que los recorre, el valle de los días, se va volviendo cada vez más angosto a medida que tu silencio se prolonga. Si escucharte es el trigo en la llanura, vivir sin tu voz es como el bosque en una ladera de umbría. Progresar es la única opción, retornar al futuro donde aguardas mi llegada, desandar la ruta que se recorrió a la inversa a través de los sueños, de la premonición de tus besos, del desorden de tiempo que origina abrazarse a tu olvido. Entre campos sembrados que aun no germinan, entre montañas oscuras como presagios, andar hasta el lugar del que procede el sonido, la emoción de tu voz, la caligrafía exquisita de su timbre, el trazo de la primera letra de tu saludo. Entonces no te sabía y ahora tu existencia tiñe de tu recuerdo el tiempo que aun no estábamos juntos. Caminar en tu ausencia es como mirar una fotografía que te precede en el tiempo, pero en la que se intuye tu retrato en la orilla opuesta del encuadre.

A medida que nos acercamos a Luciana el valle del Guadiana se va cerrando, las montañas se acercan a sus márgenes. A la derecha vemos la Sierra de Valpérez, cubierta de matorrales y encinas de porte arbustivo. El otro lado del río se suceden la Sierra de los Santiagos, la Sierra del Águila y, al fondo, la Sierra de Villarreal, a cuyos pies nos aguarda la meta de la etapa 12.

205.- Etapa 12 del CN del Guadiana. Vega del Chaparral (Luciana - Ciudad Real)



205.1.- Dehesas de encinas sobre pastos junto a la Vega del Chaparral (Luciana - Ciudad Real).

Los pastos se han convertido en polvo tras el verano. En espera del frío y las lluvias del otoño recorro aquellos senderos con la prisa de quien no quiere trocar el calor insoportable por un impedimento mayor, el barro en los caminos. El polvo y el sudor son molestos mientras se trabaja, pero el barro puede impedir que se lleve a cabo. Algunas veces, por ejemplo esta, al acabar la jornada de trabajo por ausencia de luz, es como si tuviera el pelo engominado. Lo aplasto con la palma de la mano y al ceder cruje. Y el fijador natural no es otro que la mezcla del fino polvo de los caminos y el sudor que aporta un servidor. El secarse el pelo queda en su sitio que, lógicamente, rara vez es el que uno desearía si se mirase al espejo. Gracias a Dios lo hago poco. Lo que recuerdo de mí la última vez que me ví fugazmente en uno trato de olvidarlo.

Veo la imagen y no puedo evitar pensar que es Extremadura. También allí el verde de la primavera se vuelve ceniza justo antes del otoño. Esta confusión se irá acentuando a medida que me acerque a ella. La geografía no tiene fronteras. Tiene montañas y ríos como mucho. Y ni siquiera estos accidentes geográficos pueden evitar que lo que está a un lado de la línea se asemeje a lo que está en el otro.



205.1.- CN del Guadiana a su paso por la Vega del Chaparral (Luciana - Ciudad Real).

Cronológicamente, y también geográficamente, la montaña que se ve al fondo es la Sierra de San Gines, como todas las demás de la zona, elevaciones de forma trapecial que se alzan en mitad de la llanura, de laderas empinadas inaccesibles para el tractor. Tener un referente en la ruta siempre favorece el avance, la sensación que se devora distancia, aunque sea royéndola al caminar. Solapada con la Sierra de San Gines, confundiéndose con ella, se sitúa la de Sierra de Valpérez. y la fusión es tan perfecta que no se donde queda una y otra para poderlo indicar en este pie de foto. Diría que casi todo lo que se ve de macizo montañoso pertenece a la primera sierra, aunque no me atrevería a respaldar esta afirmación si mediara apuesta. El camino asciende entre un antiguo maizal, a la izquierda, y un antiguo pastizal ganadero invadido por las mala hierba. Hay cierta sensación de abandono en el aire. Explotaciones agrarias que son abandonadas. Regadíos que ya no riegan, prados sin reses, campos heredados por la práctica de la caza, caminos que serán conquistados por paseantes ociosos. La ciudad, sus huestes, están invadiendo aquellas tierras. Un ejército de llegada inminente del que yo no soy más que la vanguardia, una patrulla de exploradores.

lunes, 24 de octubre de 2011

204.- Etapa 12 del CN del Guadiana. Puente de las Ovejas (Corral de Calatrava - Ciudad Real)



204.1.- Etapa 12 del CN del Guadiana. Puente de las Ovejas (Corral de Calatrava - Ciudad Real).

Si en vez de discurrir por la Cañada Real Soriana hacia Pozuelos de Calatrava se toma el sentido contrario, nada más iniciar la etapa 12 del Camino Natural del Guadiana, que discurre en su arranque por esta cía pecuaria, se llega al Puente de las Ovejas. Restaurado recientemente, se ha aprovechado como pasarela peatonal para el cruce del río Guadiana. En una zona de remanso, que parece una charca verde que es el paraíso de las ranas y los lucios. Uno  se revolvió en las aguas fangosas al notar mi presencia. Se trata de uno de los dos puntos de mayor interés de esta etapa que discurre entre Pozuelos de Calatrava y Luciana. Uno en cada extremo. El primero en la testa, llegar y besar el santo, y el segundo haciéndose de rogar hasta el final

El Puente de las Ovejas es un antiguo contadero de ganado de origen romano. Está formado por tres puentes, uno a continuación del otro sobre un mismo camino. El primero corto y pequeño, de un solo ojo y salva un pequeño barranco. El segundo, construido sobre tres arcos pequeños, muy juntos, con el central algo mayor, salva un arroyo de mayor anchura. El tercero es el más importante, discurre sobre el Guadiana, y es el que da nombre a todos. Tiene res grandes ojos y uno pequeño inicial. Estos dibujan óvalos sobre la superficie de las aguas del río, con forma arriñonada.



204.2.- Etapa 12 del CN del Guadiana. Puente de las Ovejas (Corral de Calatrava - Ciudad Real).

Me costo acceder al entorno del puente. Menos de 50 metros en los que en un terreno sin camino, pedregoso e irregular, aunque a duras penas transitable, hube de salvar con el coche un estrecho puente, en el que casi tuve que abatir los retrovisores y cuyo tablero no me ofrecía todas las garantías de irme a dejar atascado en su centro. La experiencia me dice que cuando un camino empieza a desdibujarse, a a poblarse de vegetación, es porque efectivamente se está acabando. Pero tenía a no demasiados metros el tramo principal del Puente de las Ovejas y eso me hacia pensar que la situación iba a recomponerse. Tras cruzar el puente angosto la cosa empeoró, así que pare el coche y salí a inspeccionar el trayecto por delante. Podía llegar hasta el arranque del Puente, pero unos pilotes de madrea en su inicio impedían cruzarlo. Además, su ancho era insuficiente. Aquello era una pasarela peatonal, restaurada solo en su tablero, con bancos a ambos extremos y abundantes paneles interpretativos. El área del otro extremo está bajo la protección de un fresno de proporciones notables. pero la cuestión era ahora que no podía cruzar por allí. Tenía que retomar la tapa en otro lugar más adelante. Al final debí tomar la decisión de recorrer la etapa desde el otro extremo, desandarla en vez de recorrerla, por así decir, y llegar hasta Luciana, su meta, me obligó a transitar por unos 50 kilómetros de carreteras secundarias.



204.3.- Etapa 12 del CN del Guadiana. Río Guadiana al paso por el Puente de las Ovejas (Corral de Calatrava - Ciudad Real).

Nada parece moverse. El agua en el cauce, que se detiene definitivamente tras pasar el puente y se convierte en una charca donde los lucios caminan sobre sus panzas por el cieno del lecho. El aire bajo el cielo, abrasado por la luz del sol, que al correr de los días tatuará su sombra en mi cara. El tiempo en mi reloj, que murmura las horas de la siesta. Mi voluntad capturada por la impasibilidad de los árboles, que no tienen noticias de la brisa y dejan colgar sus ramillos inermes. Tras fotografiar ambos lados del puente, la llegada y la despedida de la corriente, que avanza de puntillas, como si no quisiese despertarme de mi letargo, trato de introducir en un encuadre razonable, que no se vea forzado, aquellos fresnos inmensos. No hay manera, se resisten a ser capturados. El agua verdosa me recuerda a la de Andalucía en las zonas olivareras, el olor que desprende a alpechín, a pulpa prensada de aceituna. Pero los olivares que he visto hasta ahora son muy escasos. El color tal vez se deba a un efecto óptico. Pero más que el color del río es su quietud lo que más me sorprende. Queda mucho trecho para el mar, aunque las montañas de la frontera con Badajoz ya van quedando cerca. ¿Cómo logra un río avanzar hacia una montaña y cruzarla? Parece un contrasentido. Pocos días después lo sabría.



204.4.- Etapa 12 del CN del Guadiana. Puente de las Ovejas (Corral de Calatrava - Ciudad Real).

Una imagen muy similar a este obtienes si buscas el puente en internet, con mejor encuadre y diría que realizada unos pasos más atrás, pero desde esta misma orilla. Se trata del tramo principal del Puente de las Ovejas visto desde el otro lado, desde aguas arriba. Aquí no hubo posibilidad de buscar un punto dentro del cauce. Bajar al río parecía arriesgado.



204.5.- Etapa 12 del CN del Guadiana. Puente de las Ovejas (Corral de Calatrava - Ciudad Real).

Evidentemente, es otro de los tramos. Cruza un barranco. O tal vez un brazo seco del río. Diría que lo primero, porque no parece tener entidad suficiente para ser un ramal del Guadiana. Pero también es verdad que discurre en paralelo a él y eso pues, para que lo vamos a negar, tampoco es muy normal. Los ríos no se andan con rodeos. La línea de máxima pendiente siempre que se puede. El caso es que le saqué una foto sin tener mucha idea de su valor porque me gustan las obras de mampostería. En cierto viaje tenía señalados como objetivos dos puentes de carretera en una calzada secundaria de una pequeña sierra, dos drenajes transversales, no recuerdo donde. Y al leer el informe me pareció excesivo. Pero lo cierto es que al verlos pensé que si tenían su belleza. Quien los construyó no tenía por principal objetivo, menos en una vía de tráfico apenas transitada, la calidad estética de la infraestructura. Pero, por alguna razón, suele ser un logro de las obras antiguas con aspiraciones supuestamente meramente funcionales. El hormigón ha robado mucha belleza a los frutos de la ingeniería. Con ese material da la sensación de que los ingenieros renuncian a ella. Hoy mismo me he enterado por el informe de unas pequeñas presas en un río de Segovia, El Cega, que el cemento fresco es neurotóxico cuando aun está fresco si entra en contacto con el agua. Ahora me cae un poco peor. No, este tramo no tiene hormigón en los arcos. Pero si en el tablero, que han restaurado en fecha próxima. Vaya por Dios.

sábado, 22 de octubre de 2011

203.- Etapa 11 del CN del Guadiana. Vista de Pozuelos de Calatrava desde la Cañada Real Soriana (Ciudad Real)



203.1.- Etapa 11 del CN del Guadiana. Vista de Pozuelos de Calatrava desde la Cañada Real Soriana (Ciudad Real).

El borde de la pequeña meseta es como un balcón natural con vistas a Pozuelos de Calatrava y su entorno. esta localidad, el término, se sitúa en la frontera entre las comarcas de Campos de Calatrava y Las Sierras. De las llanuras de Ciudad Real capital y Daimiel se pasa al paisaje movido, lleno de pequeñas sierras del oeste provincial. La casi total ausencia de arbolado despeja el camino al ojo, limpia la panorámica. Los dos pies de encina solitarios sirven como marco para la foto. Lo anote como un mirador natural.Abajo me esperaba el pueblo, donde ya había estado al principio de la mañana. Sopesé entonces hacer el recorrido a la inversa. Y no recuerdo por que desestimé la idea. La mayoría de las etapas del CN que me asignaron las recorrí al revés. En todo caso me alegro porque esta sorpresa final hubiera sido imposible. Estuve un buen rato dudando el encuadre. Creo que este es el mejor. Tomé unas cuantas fotos y luego reanudé la marcha colina abajo.



203.2.- Etapa 11 del CN del Guadiana. Vista de Pozuelos de Calatrava desde la Cañada Real Soriana (Ciudad Real).

No podía dejar pasar la oportunidad de intentar una secuencia de fotos para una panorámica. Y el resultado es óptimo. La colina de la izquierda es el Cerro de la Cabeza. Mirando en esa dirección puede verse, más bien intuirse por la distancia, Corral de Calatrava, el origen de la Etapa 11 del CN. Pastos, dehesas, cultivos, olivares y algún regadío. Todos los lugares comunes de La Mancha. Solo hecho a faltar los viñedos. Pero aquella parte de Ciudad Real no debe ser propicia. Intuyo que debe hacer frío en invierno.



203.3.- Etapa 11 del CN del Guadiana. Depósito de agua de Pozuelos de Calatrava (Ciudad Real).

Los depósitos de agua de los pueblos siempre se ubican en posición más elevada que la de la población que abastecen. Se llenan cuando se quiere, dentro de las opciones que haya, mediante bombeo, con consumo de energía, por lo que la noche con tarifa reducida es buen momento, y la llegada a los puntos de destino es por simple acción de la gravedad. El punto elevado puede ser una loma en mitad del pueblo, o una estructura que eleva en cuenco donde está el agua en alguna parcela del entramado urbano. Pero lo normal es que se ubica más allá de los límites de la localidad. En el caso de Pozuelos se sitúa en una margen de la Cañada Real Soriana, a mitad de la cuesta que desciende. Lo fotografié por que me gustan. Son algo así como trofeos. Prácticamente no hay dos iguales. Los reconoces por intuición. este ofrece dudas por que parece pequeño. Pero podría tener una anexo subterráneo. Pero, ¿que otra finalidad podría tener la construcción? No es una vivienda, ni un transformador eléctrico. Si fuera la otra Castilla lo mismo sopesaría unos segundos la idea de que fuera un palomar. Pero entonces se situaría en la planicie, en mitad de un campo de cultivo. No, es un depósito, hagánme caso queridos lectores. Los conozco bien, me las he tenido que entender con ellos innumerables veces. Preveo sus movimientos, conozco sus intenciones. Un depósito de agua cuadrangular y pintado de azul. Este no lo tenía en la cole.



203.4.- Etapa 11 del CN del Guadiana. Vista de Pozuelos de Calatrava desde la Cañada Real Soriana (Ciudad Real).

El color gris azulado del camino y su textura, como dibujado con tiza. El colo miel de los pastizales agostados. El pueblo al final del sendero, el regalo de ver la meta, el cielo azul en calma. Bajar la cuesta con la seguridad de haber cumplido un objetivo, al menos uno. Con paso triunfante, deteniéndome a cada rato, como un general romano en un entrada con honores en la urbe. El hambre, el sudor, el cansancio, lo monótono de la tarea a veces, nada importa cuando se cierra una etapa. El sendero es como una flecha certera que impactara donde se había apuntado. Pozuelos de Calatrava, dormitando al pie de la colina, entre el cementerio y la campiña, entre el sustento para la vida y la meta de ese viaje. Solo un anciano que leía el periódico en el umbral de su casa advirtió mi llegada. Luis Felipe ad Portas. Tome posesión de plaza, y partí hacia el trazado de la siguiente etapa.

202.- Etapa 11 del CN del Guadiana. Cañada Real Soriana (Pozuelos de Calatrava - Ciudad Real)



202.1.- La Cañada Real Soriana en el tramo en ascenso (Pozuelos de Calatrava - Ciudad Real).

La totalidad del ramal que conduce desde la confluencia de las etapas 11 y 12 del CN hasta Pozuelos de Calatrava discurre por una vía pecuaria, la Cañada Real Soriana. Está sin amojonar, pero se trata de una vía pecuaria importante. Al ser cañada real le corresponde el ancho legal mayor entre los tres tipos de vías pecuarias (coladas y cordeles serían los otros dos). Cuando se decida por donde discurre exactamente se situarán en los bordes de la franja de terreno que ocupe unas señales de piedra, que se denominan mojones, para indicar a quienes por ahí transiten cuales son sus límites. En esta situación, previa a su delimitación legal, las vías pecuarias se asocian inconscientemente, para simplificar las cosas, con senderos existentes. A veces estos senderos han sido ocupados por carreteras y no siempre coinciden con las vías pecuarias originales por donde discurría el ganado ovino. Pudiera ser incluso que la información de cual era la traza se haya perdido. Cuando sea amojonada la cañada abarcará seguramente una banda de territorio cuyo eje central será el sendero ahora existente, que aprovecha el CN del Guadiana como ramal a Pozuelos.

En su arranque, el ramal trepa una colina y discurre entre colinas. Casi se diría que en este tramo se efectuó un desmonte para abrir el camino. Los árboles del fondo, donde se desdibuja la traza del sendero, son los fresnos de la anterior entrada del blog. Estamos aun a media cuesta. Justo en la cima, al llegar al altiplano de la minúscula sierra, hay un manantial que en otros tiempos se aprovechaba para abastecer un abrevadero para ganado. Es un indicio más del uso ganadero dado en otros tiempos al sendero. Posiblemente las ovejas iban a abrevar al río y esta fuente constituía un alto en el camino.



202.2.- La Cañada Real Soriana. Talud derecho en el arranque (Pozuelos de Calatrava - Ciudad Real).

En este tramo de ascenso la cañada discurre entre dos taludes casi verticales, de color mostaza por el tomillo (Thymus sp.). Hay también pies de coscoja (Quercus coccifera), las matas de verde más intenso, retama (Retama sphaerocarpa), que son la de verde blanquecino y de encina (Quercus rotundifolia), que si a estas alturas no reconoceis, aunque sean muy chiquitinas y eso pueda despistar, "cojo" y os suspendo.



202.3.- La Cañada Real Soriana entre matorrales y encinares (Pozuelos de Calatrava - Ciudad Real).

Una vez llega a la meseta la cañada real discurre entre matorrales y algún cultivo. Un olivar a la derecha rompe la monotonía de los coscojares y encinares. A la izquierda la retama ocupa la primera fila, la zona más degradada, y el encinar aguarda para recuperar el terreno en el futuro. Es un camino de firme excelente.



202.4.- La Cañada Real Soriana (Pozuelos de Calatrava - Ciudad Real).

A mitad de trayecto la cañada aparece flanqueada en ambas márgenes por plantaciones lineales de arbolado. Es cierto que se trata de especies alóctonas, acacias sobre todo, pero no deja de ser una medida acertada, y quien sabe las disponibilidades de planta que había. Algún día aportarán una sombra a los viajeros que valdrá su peso en oro. Los ejemplares que resistan, claro está. Estás plantaciones se mantienen hasta el final del ramal en Pozuelos.

201.- Etapa 11 del CN del Guadiana. Arranque del ramal a Pozuelos de Calatrava (Ciudad Real)



201.1.- Etapa 11 del CN del Guadiana. Ejemplar de fresno (Fraxinus angusfitolia). Inicio del ramal a Pozuelos de Calatrava (Ciudad Real).

Los fresnos. He aquí un tema de charla interesante, y útil si no se quiere hablar de otros asuntos menos gratos que te rondan la cabeza una mañana de sábado. Como pasa con todos los árboles forestales pasas años sufriendo para distinguirlos en el monte, y un buen día te preguntas si estabas ciego o qué por lo evidente que te parece su aspecto. Enormes, con una sed enorme, viven cerca de los ríos, en su misma ribera si pueden. Aunque suelan ser los sauces (Salix sp.) los que ocupen la primera línea por su sed insaciable. Chopos y álamos (Populus sp.), fresnos y sauces son el abc de la vegetación arbórea de nuestros ríos. Cuando te cuesta distinguirlos tienes que acercarte a ellos y examinar la hoja. Muchas son las veces que he buscado en otoño o invierno entre la hojarasca muerta hojas completas que me dieran la identidad de un ejemplar. Sin la fronda, cuando los árboles aparecen rapados, calvos de hojas, estoy más bien perdido. Primera razón para preferir a los de hoja perenne, pinos y encinas por ejemplo. Los fresnos tienen la hoja compuesta. Eso quiere decir que la hoja real es lo que a simple vista nos parece un manojo de ellas, un ramillo. Un largo peciolo tiene insertado a ambos lados de su eje unas hojillas pequeñas, llamadas foliolos, con forma oblonga y alargada en el caso de los fresnos. Para entendernos, tienen la silueta con la que representaríamos una llama en un bloc de dibujo. Se sabe que son foliolos y no hojas si se las mira detenidamente y se comprueba que se insertan directamente en el nervio de la hoja. La hoja abraza a la rama en su inicio y se desprende sin rotura si se tira de ella. El foliolo forma parte de la hoja, es una porción de ella, y separarla supone arrancarla. Si vais al monte con un libro de botánica con claves de identificación es vital que sepáis distinguir entre hoja y foliolo, en caso contrario os podéis volver histéricos.

Hay dos tipos principales de fresnos, dos especies dentro del género. El Fraxinus excelsior se supone que es el guapo, con muchos más foliolos en la hoja, más cerca entre sí, crea una fronda esplendorosa. El Fraxinus angustifolia, especie a la que pertenece el árbol de la imagen. Tienen menos foliolos por hoja, estos aparecen separados entre sí unos centímetros, como si la naturaleza hubiera estado mucho más rácana en su caso y desaprovechara el espacio disponible en aras de una mal entendida economía del ahorro. El caso es que por su magnífico porte y elevada talla, después de llevar viéndolos dos días en el valle del Guadiana, pensé que eran fresnos excelsior, el tipo fetén para entendernos. Fue precisamente al acercarme a este cuando deshice mi error. Podríamos decir que tiene la copa irregular. Para que os hagáis una idea, vosotros y mis clientes, puse a mi ayudante, a mi camarada cerca del ejemplar. Magnífico. Cuando sea alguien me gustaría ser un árbol. Quizás un Pinus uncinata con la copa moldeada por el viento, o una encina en la cumbre de una colina, y contemplarlo todo detenidamente, mientras medito sin apremios, despacio, con método y calma, y hundo mis raíces en busca de la saliva de la tierra, del beso dulce y salado del planeta.



201.2.- Etapa 11 del CN del Guadiana. Ejemplar de fresno (Fraxinus angusfitolia). Inicio del ramal a Pozuelos de Calatrava (Ciudad Real).

Lo primero que he pensado al ver la foto otra vez, después de semanas, es lo diferente que se veía el fresno respecto a la imagen anterior. Como las personas, los árboles parecen mutar si cambiamos el lugar o la forma en que los miramos. Como las personas, los árboles alcanzan todo su potencial, su mejor porte, en solitario. Como las personas, los árboles fructifican con la luz y crecen en su ausencia para escapar de las sombras. Como las personas, solo los que pueden enraizar en el suelo, solo los que tienen cimientos sólidos, pueden soñar con arañar el cielo raso, el techo del mundo. Pero, en este caso, si el árbol parece otro visto desde el lado contrario es porque es cierto. En la primera imagen el fresno oculta un segundo tras de él. Igual que en esta. Quien vemos en cada imagen es quien es eclipsado en la otra. Y todo se debe a un intento deliberado por mi de obtener la silueta pura de los ejemplares que retrato. La única forma de evitar que en la copa aparezcan lóbulos que no corresponden al individuo es ocultando gracias al encuadre y la posición desde donde se toma la foto los árboles situados en segundo término con la presencia del protagonista. he necesitado mirar las fotos con tranquilidad para cerciorarme. Son árboles distintos, aunque sean ambos fresnos. Solo en espesura los árboles se igualan unos a otros, con el espíritu gregario de las ovejas. El bosque no deja ver a los árboles, efectivamente. Porque en masa los individuos dejan de existir y hay que pensar en almas colectivas.

Al pie de esta pareja finaliza la Etapa 11 del Camino Natural del Guadiana. Si nos situamos junto a las señales rojas de la encrucijada que hay en segundo término a la izquierda de la imagen, el camino que viene en nuestra dirección lleva a Luciana. A Corral de Calatrava se va recorriendo el camino en sentido contrario y girando a la izquierda a la altura de las señales. Mientras que a Pozuelos de Calatrava se accede virando a la derecha y luego tomando una vía pecuaria que avanza en perpendicular a nosotros, hacia el frente, hacia donde miramos, una pista de tierra que discurre entre las dos lomas que oculta a medias la copa del fresno. Es la Cañada Real Soriana. Casi nadie al aparato. ¿Qué haces tan lejos de tu tierra, caminito? Por ella transcurrí el resto de la mañana. Entre olivares, retamares y encinares, por un sendero flanqueado de acacias, que algún día darán sombra a quienes se aventuren por esta ruta.

viernes, 21 de octubre de 2011

200.- Etapa 11 del CN del Guadiana. Segundo tramo (Corral de Calatrava - Ciudad Real)



200.1.- Etapa 11 del CN del Guadiana. En torno a Casa del Carmen (Corral de Calatrava - Ciudad Real).

La compañera que efectuó el análisis de las etapas inmediatamente anteriores a las mías se quejaba de la monotonía de los campos de ciudad real en torno a las Tablas de Daimiel. Campos y más campos, me decía, sin nada relevante que anotar en el cuaderno. A mi hasta las parcelas recién aradas me fascinan. No digamos cuando brota la hierba que luego fructificará en el cereal. Los prados de trigo tapizan las dos Castillas en otoño e invierno. Y dependiendo de la humedad del año ese verdor puede o no adentrarse en el estío. En años extraordinariamente lluviosos y con precipitaciones bien bistribuídas es posible que las espigas se agosten solo semanas antes de ser segadas. Hace poco hubo uno de esos años y en pleno julio los campos ofrecían casi su mejor versión. Tal vez en este trabajo haya aprendido también a apreciar el color pajizo de pastizales en verano, cuando septiembre dice su última palabra. La belleza está en parte en la disciplina de la mirada. A veces es más un logro que un hallazgo, una tarea que un desenlace fortuito producto de la suerte. Las colinas cubiertas de encinas donde los tractores encuentran dificultades para avanzar aumenta la profundidad de campo de la mirada. ya no puedes explicarlo todo de un solo vistazo.



200.2.- Etapa 11 del CN del Guadiana. Valle del Guadiana desde el Camino del Martinete (Corral de Calatrava - Ciudad Real).

En esta zona el río Guadiana más que una corriente es un estanque filiforme. El agua se detiene en muchos puntos, se reactiva, avanza y retrocede, se divide en dos y forma brazos que se convierten en callejones sin salida. Una pesadilla topológica, porque nada hay más extraño que un río que se frena y desaparece, aunque solo sea en una de sus dos rutas alternativas. Desde el Camino del Martinete, que recorre el borde de la ladera derecha de su valle, el Guadiana es apenas una línea difusa, como trazada con un rotuladora punto de secarse, que sigue la dirección dominante del paisaje. Sabes que está ahí sin verlo porque tienes un mapa en la mano, porque has aprendido a leer planos, y también el paisaje. Así que eso que parece una línea oscura entre los trigales, segados no hace mucho, imaginas que es su lecho fluvial. Y te acercarías a comprobarlo, con espíritu científico, si te sobrara el tiempo. El color de la tierra se amarga a medida que se acerca a tus pies, vira del ocre claro de la paja abrasada por el verano en el otro lado del valle al gris marengo de la ceniza donde estás parado. Un color que te deja un sabor metálico en el cielo del paladar, que acrecienta la sed que ya sientes por el calor y la falta de agua fresca. El polvo es el denominador común de todo lo que contemplas. Un polvo de mil colores que se mezcla con el sudor del cuero cabelludo y forma una patina que recubre tus gafas, y por tanto tu mirada. Bosques de encinas que parecen huir a tu paso, como manadas de animales salvajes, porque siempre ocupan las colinas más alejadas. La vegetación forestal prefiere mantener las distancias con el hombre, que trajo el arado y sus desgracias.



200.3.- Etapa 11 del CN del Guadiana. panorámica del valle del Guadiana desde el Camino del Martinete (Corral de Calatrava - Ciudad Real).

Escuchar esta música mientras escribo es hacer trampa. Entonces ni siquiera conocía esta versión de Nina Simone de "Here cames The Sun" de Los Beatles. Pero son 200 entradas con esta y quiero celebrarlo de alguna manera, aunque sea en un rincón. Y ya que tu me has devuelto la esperanza, una parte razonable de ella, ya que me has despertado del letargo, aportado cierta ilusión, un motivo para quedarme entre los que quieren ser escuchados, alegría a sorbitos cortos, agradecimiento por estar vivo, un motivo para encarar la tarde y querer que venga otro día, que mejor manera que impostando este recuerdo. Entonces no pensaba en tí porque ignoraba los signos que anuncian los prodigios. Entonces, hace solo un mes, eras solo un bosquejo, un dibujo a mano alzada en mi cabeza. Morena y pequeña, pero con una enorme voluntad y deseo de vivir apegada a la tierra, como las encinas, cosecha de asombro todos los días. El paisaje de mi memoria se amplia contigo por ambos extremos, a derecha e izquierda, del lado de los deseos y del de las promesas cumplidas. Mañana  cuando despierte seguramente desaparecerás, como se esfuman los sueños sin dejar huella. Pero mientras el sol llega déjame que te dedique esta nana a la inversa, para despertares de niñas bonitas. Gracias por dejar que me asome a tu vida. Prometo quedarme en el umbral sin molestarte mientras duermes ajena a mi presencia.

Here Comes The Sun - The Beatles - Versión de Nina Simone

Little darling, it's been a long cold lonely winter
Little darling, it feels like years since it's been here
Here comes the sun, here comes the sun
and I say it's all right

Little darling, the smiles returning to the faces
Little darling, it seems like years since it's been here
Here comes the sun, here comes the sun
and I say it's all right

martes, 11 de octubre de 2011

199.- Puerto de San Vicente (Toledo)



199.1.- Divisoria entre Comunidades Autónomas (Puerto de San Vicente - Toledo).

Me llamó la atención la pasarela. No recordaba haberla visto en el viaje de ida. Roja, recortada sobre el cielo azul en esa hora en que las sombras se alargan, con el esplendor que tiene todo lo recién construido. Paré para echar un vistazo. Estaba cerrada con una cadena. Que se podía salvar fácilmente. Y lo hice para ver el paisaje desde allí arriba. Un punto de vista elevado es siempre la mejor opción. Si por mi hubiera sido me habría encaramado a la antena repetidora, que parecía un transformer a punto de convertirse en un insecto gigante. Hice una foto al pueblo, que orientado hacia el noroeste recibía algo más de luz que su entorno. Un atardecer prematuro. La prisa por volver a casa. Había un anciano abajo, en el camino Natural de Las Villuercas, que me miraba no se si con preocupación o reproche. Venía subiendo la ladera y no le terminé de dar tiempo a acercarse. Otros dos ancianos venían caminando por el arcén de la carretera. Era domingo, la hora del paseo. Ver oscurecer desde la divisoria entre regiones, tras las montañas, debe ser un espectáculo que hace que merezca la pena trepar una cuesta por muchos años que uno tenga.

También fotografié la antena, por si efectivamente era un robot y no volvía a verlo la próxima vez que tomara aquella ruta. Y a los castaños que se mezclaban con los pinos en armonía, sin disputas, en buena compaña. Subí al coche y reanudé la marcha. Iba a ser mi última parada. Me lo prometí a mi mismo, viese lo que viese. Al llegar a Puerto de San Vicente recordé vagamente haber efectuado un desvío en mitad del pueblo en el trayecto de ida. Pero seguí la misma carretera, con la vaga sensación de estarme equivocando.



199.2.- Antena repetidora de Puerto de San Vicente (Toledo).

A los pocos kilómetros de estar en ruta era evidente. Buscaba la N-502 y estaba transitando por una carretera de Castilla-La Mancha. Tampoco se me indicaba en ningún sitio que fuese en dirección a Talavera. Todo quedó meridianamente claro al sobrepasar un desvío que decía conducir a la N-502. Frené y di la vuelto. Era una carretera local. La señal rezaba: 18 kilómetros. Estuve unos minutos sopesándolo. En una carretera de montaña 18 kilómetros son muchos. Tal vez aquella ruta fuese una tortura de curvas cerradas y cuestas empinadas. Podía desandar mis pasos y buscar en Puerto de San Vicente el itinerario correcto. Adelante, me dije. Fuera cual fuera la altura de la N-502 a la que me llevase ese atajo era la carretera que buscaba, y tal vez en el pueblo me costara dar con ella. Ya había pasado de largo una vez. No quiero insistir en el tema de porque no me gusta preguntar a los lugareños.

Así que emprendí la marcha por aquella trocha. Pronto descubrí que aquella era una ruta solitaria que apenas era utilizada. Tampoco me asustaba. Si todavía no me han abducido los marcianos ni he sido apresado por una familia de caníbales genéticamente degenerados no será por que no haya transitado caminos solitarios suficientes. Se puede decir que la carretera era una inmensa recta entre páramos, aunque apegada al terreno, con constantes cambios de rasante. Iba a toda mecha. Si aquello era una equivocación quería averiguarlo lo antes posible. El 4x4 brincaba en cada bache y en cada parche del asfalto y vibraba como si fuera a desguazarse en plena marcha. Lejos de aminorar puse quinta y pisé a fondo. Había algo de rabia en aquella decisión, un sentimiento de no importarme demasiado mi suerte. Si mañana me encuentraban en la cuneta daba por buena aquella última cabalgada.

Poco a poco el páramo se convirtió en un bosque, en un muro vegetal a cada lado de la calzada. Las sombras se estiraban al máximo para tocar el horizonte. Encinas y robles se mecían con el viento, que también contribuía a la agonía del vehículo.



199.3.- Puerto de San Vicente desde la pasarela del CN de las Villuercas (Toledo).

Vi surgir a la cierva desde mi izquierda. De un brinco se plantó en mitad de la calzada. Ahí se detuvo un momento a investigar que era aquello que hacía tanto ruido. Los animales no saben que es un vehículo, si es algo a lo que ha de temerse o no. La velocidad les desconcierta. Tal vez decidan huir porque una duda es suficiente, pero muchas veces permanecen donde están tratando de descifrar el enigma. Pero aquella cierva iba a algún lugar e concreto, dio unos pasos y con otro brinco se zambullo en la espesura de la la margen derecha. Yo había levantado ligeramente el pie del acelerador. No frené ni cambié a una marcha menor porque quise ver si era capaz de divisar a la cierva entre la fronda. En unos pocos segundos ya estaba casi a la altura donde había cruzado.

Ay, que poca psicología la mía. Una cría venía rezagada tras su madre. Bambi en persona apareció como por ensalmo en mitad de la carretera. Se detuvo justo en el mismo sitio en que lo había hecho ella, como si la estuviera copiando. Y lo hizo por la misma razón, para averiguar que era eso que llegaba tan deprisa. Dicen que las crías son más sagaces que los adultos, que tienen mayor capacidad para aprender. Y puede que sea cierto, porque diría que me miró a los ojos y supo enseguida que yo era la muerte. La sombra del animal casi tocaba el coche. Dio unos pasos hacia un costado, cobro impulso e hizo un escorzo. Lo vi volar sobre el coche, tratando de alcanzar el punto exacto por el que había desaparecido su madre, como un nadador olímpico que tras el disparo de salida estira su cuerpo y lo hace planear en el aire paralelo al agua. Tal vez ya estuviera en la vertical del capó cuando su cuerpo terminó de trazar la primera mitad del arco. No tenía modo de saberlo. La perspectiva no era la idónea para saber que distancia me separaba de la colisión inminente. En pleno vuelo del animal el tiempo se detuvo. Solo tenían inercia mis pensamientos. El punto de vista dio un giro de 90 grados. Ahora veía a Bambi de frente. Tenía el cuello estirado y curvado hacia la izquierda, para poder escrutar mientras brincaba mi mirada tras la luna del coche. Un nuevo giro de 90 grados me permitió ver su otro costado, y a mi mismo por encima de su lomo. Mis facciones tenían una expresión extrañamente tranquila, como de resignación sin queja. Luego todo se aceleró, Bambi gano la fronda y fue tragado por ella una milésima de segundo antes de que las ruedas del todo-terreno mordieran el asfalto justo donde había volado. Aun seguía viéndome a mi mismo. Luego las piezas de la cordura se ensamblaron como correspondía. Seguí conduciendo sin aminorar la marcha. Deseando tan solo que si iba a haber algún otro incidente antes de alcanzar la N-502 fuese yo el único ser vivo en peligro.

lunes, 10 de octubre de 2011

198.- Jarales en Cañamero (Cáceres)



198.1.- Jarales en Cañamero (Cáceres).

A la vuelta hubo alguna parada, aunque menos que a la ida. había sido dos jornadas duras. La segunda iniciada con una de las ruedas del 4x4 deshinchada cuando iba a iniciar la etapa de aquel día. la noche anterior había habido fiesta en el hotel, la celebración de una boda. No se me quita de la cabeza la idea de que en el ardor etílico alguien le hizo vodoo al vehículo pensando quizás que era el de otro y gastarle una broma pesada. Cuando estás borracho las faenas hacen más gracia, sobre todo a quien las perpetra. Es que me cuesta creer que aquel monstruo al que se las había hecho pasar canutas obligándolo a caminar por auténticos pedregales se fuera a dar por vencido durante la noche en un parking de tierra. El caso es que si no se cambiar la rueda a un turismo menos aun a un todo-terreno. Media hora llevaba con la operación cuando aparecieron tres ciclistas de domingo uniformados del equipo Kelme. Gente de no muy lejos, extremeña, que al verme tan desvalido por ser de ciudad acabaron haciéndome el trabajo ellos. Uno me dijo que tenía un tractor y que aquello no dejaba de ser un problema menor comparado con los que le daba su máquina. Otro se tiró debajo del coche para colocar el gato. El tercero me ayudo a descolgar la rueda de repuesto, que pesaba como un cadáver. Rehusaron mi invitación a una ronda en el bar más próximo. Tenían prisa. Eran gente de esa que cree que hay que ayudar a los demás por si alguna vez la necesitan. Una cadena de favores. No se que hago yo por no romperla, pero de verdad que intento alargarla en la medida en que me es posible.

El caso es que aunque veía cosas de mi interés, tras el estropicio inesperado y el trabajo en sí, tenía ganas de aligerar la vuelta a casa. Pero el Cañamero hay una bodega, y en torno suyo unas vistas que mueven al asombro. No sabría decir la orientación, que es exactamente lo que vemos. Creo que es el entorno del Monasterio de Guadalupe, con la Sierra de Altamira al fondo. Un mar de jaras volvió a salirme al encuentro, y me dejé deslizar por la pendiente, hacia el abismo, buscando su orilla, la zona más tupida.



198.2.- Entorno de Guadalupe desde la Ex-102 en Cañamero (Cáceres).

Paré junto a un bodega. Antes estas paradas eran con intención. Me gustaba regalar vino a Patricia de los lugares que visitaba. Es de esas personas a las que uno disfruta haciéndoles regalos, porque los vive con pasión, con alegría cercana a la euforia. Reacciones quizás exageradas pero que a mi me fascinan. Además, trataba de hacer que moderase su consumo de alcohol, también excesivo. Un vicio que aprendió en España, pero que también le ayudo a descubrir el vino. Yo no bebo más que agua, así que las botellas eran para su exclusivo disfrute. El caso es que cuando hay una bodega en la ruta salta una alarma en mi cerebro. Tampoco hay tantas. Así que paré, y solo después de hacerlo comprobé que la detención tenía sentido.

Casi tirito al pensar lo que tiene que ser este paraje en primavera, con las jaras cuajadas de flores. Despeñaperros parece nevado por esta causa cuando lo cruzas hacia abril o mayo. maniobre ladera abajo hasta encontrar el lugar que me pareció propio e hice una secuencia de 5 imágenes, que ligan entre sí a la perfección, como un matrimonio mormón. Hay un río que discurre al pie de la cadena de montañas de la izquierda. Lo intuyo por el cordón de arbolado. He intentado descifrar el paisaje valiéndome de esta referencia y de la ubicación de la bodega al borde la EX-102 en algún lugar próximo a Cañamero, pero no tengo una certeza. Diría que estamos mirando hacia el norte, que las montañas del fondo se corresponden con la Sierra de Altamira, pero hasta ahí me arriesgo.


domingo, 9 de octubre de 2011

197.- Camino Natural de Las Villuercas. Pasarela sobre el Río Guadarranque (Alía - Cáceres)



197.- Camino Natural de Las Villuercas. Pasarela sobre el Río Guadarranque (Alía - Cáceres).

Cronológicamente esta parada fue anterior a la del mirador del Estrecho de la Peña Amarilla. Paisajísticamente no queda tan claro. El valle del Río Guadarranque se sitúa donde el encinar comienza a imponerse, donde la dehesa empieza a ser más que una posibilidad, una certeza para lo que espera más adelante. Junto a la entrada a una explotación ganadera, al lado del trazado de la Colada de Las Merinas, vi esta pasarela peatonal sobre el río mientras conducía y nuevamente me sentí obligado a parar. Creo que la intervención de Caminos Naturales en la zona es extraordinaria. Lo que han hecho casa con el entorno, casi diría que lo mejora. Y esta pasarela me pareció un detalle tan hermoso como exagerado en su propósito. Ojalá la use mucha gente. Mientras escribo caigo en la cuenta que no la recorrí, que no me situé sobre la plataforma para fotografiar el río. Tenía prisa y ahora no me lo perdono. La diferencia entre hacer las cosas con calma y de forma apresurada es sorprendentemente escasa en lo que ha tiempo invertido se refiere, y enorme a menudo en los resultados. Y cuando se trata de mirar todo el tiempo del mundo no suele ser suficiente para agotar lo que puede decirnos aquello que es hermoso. Bajo el puente nuevo que para aun por estrenar, camuflado entre las piedras del lecho del Guadarranque, persiste los restos de un arco de un antiguo puente. Es lo que he dicho muchas veces, los puentes siempre se emplazan en los mismos sitios a los largo de las épocas. Después de la siguiente parada no volví a detenerme hasta llegar a mi destino. Y tentaciones hubo algunas. Un bosque de pinos y eucaliptos que flanqueaba una carretera que era una inmensa recta. Aquellos campos de cereal de un color que nunca había visto antes. Las dehesas que también conozco ya cuando traspasé la frontera con Badajoz. Tal vez es porque el otoño me está calando en la piel en este momento que me siento defraudado por no haber recorrido esta pasarela roja. Vi una lengua de agua cuando en la imagen se diría que el lecho del río está seco. Desde arriba el engaño sería imposible. No es lo que has visto sino lo que puedes mostrar. Las palabras solo distraen del proceso que importa, que aquel que mira las imágenes reproduzca el mismo proceso que experimentó quien maneja la cámara. Con otros resultados seguramente. La luz, las formas y los colores nos hablan de un modo diferente a cada uno. Para mi un mar de jaras puede ser suficiente para demorar la llegada. Caminar por la orilla del paisaje, mojar los zapatos con el polvo del camino, escuchar el roce del viento con la piedra en un puerto de montaña, cruzar un arroyo por una pasarela roja. Sentir que estás dentro del encuadre. Divagar en una tarde de domingo tratando de explicar lo que sentiste entonces. Paisajes sin figuras humanas, pero con indicios de que alguna vez estuvieron, que llegaron y lo transformaron antes de que nosotros llegáramos. Como las horas en la soledad de mi cuarto. Tan cargadas de silencios, y sin embargo tan repletas del eco de tantas personas que quedaron atrás en la ruta.

196.- Estrecho de la Peña Amarilla (Alía - Cáceres)



196.1.- Peña Amarilla (Alía - Cáceres).

No es extraño que llegara pasadas las dos y media a mi destino. Cuando ya me había prometido a mi mismo no volver a parar vi un mirador habilitado junto a la EX-102. Estrecho de la Peña Amarilla, rezaba un cartel junto a la calzada como reclamo. Y conmigo lo consiguió. Paré a ver que se veía. Y se veía mucho. La ruta por la que había accedido a Extremadura. Arroyos en los que no se apreciaba el discurrir del agua, pero que eran como una torrentera de vegetación. La carretera trepando por la montaña. Y, lo que le daba sentido a todo, unas peñas amarillas, farallones de cuarcita que parecían haber sido manchados a brochetazos con pintura, de ese amarillo que adquiere la yema cuando se fríe y se solidifica. Cuando ya no se puede mojar con pan. Exactamente eso.

El color se debe a un liquen, Acarospora oxytona, que tapiza la superficie de las rocas y les da ese colorido tan llamativo. Las montañas muestran la tortura sufrida por la orogenia terrestres, los movimientos tectónicos, los plegamientos. Imagino que este lugar debe ser como un parque de atracciones para un geólogo. Las capas geológicas no solo no son paralelas al suelo sino que trazan curvas caprichosas. Me acuerdo de mi profesor de la Escuela de Montes, el señor Gandullo, de como disfrutaba cuando en plena excursión por la Sierra de Madrid el autobús circulaba por un tramo de carretera en desmonte, con la roca aflorando a ambos lados de la calzada. Nos pegábamos a los cristales para poder seguir sus explicaciones.



196.2.- Estrecho de la Peña Amarilla (Alía - Cáceres).

Desde este mirador dicen que pueden observarse parejas nidificantes de alimoche, buitre leonado y cigüeña negra. Casi nadie al aparato, tres de las especies más protegidas de la fauna ibérica. El desfiladero fue creado por el avance del Arroyo Jarigüela a través de la montaña de cuarcita. Esta panorámica muestra al frente, en el centro y al fondo de la imagen la ladera que es objeto de atención en la entrada anterior del blog. Muestra la carretera a la izquierda, las peñas amarillas a la derecha, y en el centro el discurrir del río por donde señala el cordón de vegetación. Siempre es así cuando la lámina de agua está oculta o el cauce está seco. Los ríos se vuelven verdes, de mil tonalidades distintas, por que en las riberas de los ríos la vegetación tiende a ser mucho más variada que en las laderas de las montañas, las campiñas o los páramos.

la panorámica está formada por cuatro imágenes sucesivas. Y el engaño está tan bien logrado que la ondulación de los cables del tendido eléctrico en la fusión entre las dos primeras hasta resulta convincente.



196.3.- Estrecho de la Peña Amarilla (Alía - Cáceres).

El mirador en el que me detuve está partido en dos por uno de esos peñascos que le dan fama al estrecho. Desde la mitad más grande y mejor habilitada, con paneles interpretativos y demás parafernalia de uso público, la perspectiva, siendo en teoría casi la misma es netamente diferente. Tomé una secuencia de 5 imágenes, que ayer fundí en una panorámica sin éxito. Una de las fotografías sobra, es redundante. Hoy la he suprimido y el resultado es espectacular. El difícil calibrar las distancias entre imágenes de una secuencia. Si es corta la fusión tiende a complicarse, hay demasiados elementos en demasiadas fotos. Si es muy grande la panorámica tiende a curvarse en exceso. No deja de ser una lotería. En todo caso, si no hay suerte siempre se pueden ver las imágenes de forma individual. Son a tamaño DINA2. Como un póster.

La ladera que se enmarca justo dentro del estrecho es la de la entrada anterior, la que está poblada por un bosque de eucaliptos rojos. En otras palabras, de horizonte a horizonte lo que puede verse en esta panorámica es un aluvión de prodigios. Y no muy lejos está el Monasterio de Guadalupe. ¿No está justificada una excursión?¿Quien se apunta? Podemos comprar queso de cabra incluso, como apunta @Fluture8. No me parece una propuesta descabellada. Está claro que el principal ingrediente de la dieta del ganado ha de ser la jara.