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miércoles, 17 de octubre de 2012

327.- Etapa 17 del CN del Guadiana. Paraje de Herrera (Villarta de los Montes - Badajoz).



327.1.- Etapa 17 del CN del Guadiana. Camino de Herrera del Duque a la altura del Paraje de Herrera (Villarta de los Montes - Badajoz).

A la altura de un paraje que el mapa a escala 1:50.000 denomina Herrera el Camino de Herrera del Duque, que lleva a las cumbres de la Sierra de la Rinconada, deja de estar asfalta, pasa a ser una pista con firme de tierra con un hermoso color ocre claro con tonalidades rojizas. El contraste con el verde de las laderas parece anticipar Portugal, que es hacia donde nos dirigiríamos si perseveráramos en la dirección tomada. Las pendientes están ocupadas por matorral, donde la jara (Cistus sp.) se enseñorea y se apropia la práctica totalidad de la superficie. El claro color beige que se visualiza más adelante, junto a la cuesta final del camino, ala derecha, es una zona de pastos aun en activo, aunque ahora agostada al ser el final del verano. Se ve incluso un aprisco y una cabaña de piedra. Muy probablemente el matorral se haya ido adueñando los últimos años de otros pastizales, abandonados por la disminución de la cabaña ganadera. Las retamas y la jara invaden pronto los prados si el ganado no hace uso de ellos. La siguiente etapa será la aparición del arbolado. Encinas si el proceso es natural. Ya se ven algunas en la cumbre de la ladera derecha allá a lo lejos. Pinos si se opta por repoblar.



327.2.- Etapa 17 del CN del Guadiana. Vertiente de las Canalejas (Villarta de los Montes - Badajoz).

Algo más arriba en la ascensión por la Sierra de la Rinconada el paisaje se complica. A la derecha, hacia el norte, se extiende una explanada, que quizá antaño fuera zona de pastos pero que ahora está ocupada por la jara. De adivina el Río Guadiana, en el ensanche de su cauce en el Embalse de Cíjara. Al otro lado del río, cerrando la imagen, la Sierra de la Lobera, de nombre muy sugerente, y que también es territorio del municipio de Villarta de los Montes. No tengo referencia de la existencia de lobos. Extraño sería en una zona tan volcada en la ganadería, más en el pasado. Tal vez la expansión de este animal hacia el sur por la Península acabe trayéndolo a estos parajes solitarios, donde haría estragos. Dos solitarias encinas, la más cercana dentro de un calvero prácticamente circular, dan el contrapunto a la imagen.



327.3.- Etapa 17 del CN del Guadiana. Vertiente de las Canalejas (Villarta de los Montes - Badajoz).

Hacia la izquierda, hacia el sur, se extiende un valle abrupto, con una balsa de recogida de escorrentías, presumiblemente para el ganado. Si en Murcia las grandes balsas de riego se abastecen mediante tuberías hidráulicas, en Badajoz proliferan las pequeñas obras de represamiento de arroyos y barrancos para procurar agua al ganado en los meses de verano, que aquí son duros. Quizá en la Siberia menos que en otras comarcas pacenses. El manto de jaras, como un pequeño mar, se derrama por la ladera hasta la balsa, y en la otra ladera hay una repoblación reciente, como queda en evidencia por los testigos, los cilindros que protegen a la planta instalada del ataque del ganado. Al fondo de la imagen, en la cumbre de la Sierra de la Rinconada, se ve el verde claro de los pinos.



327.4.- Etapa 17 del CN del Guadiana. Ladera de la Sierra de la Rinconada (Villarta de los Montes - Badajoz).

Imposible saber que esconden los testigos. Apuesto por pinos. La pendiente de la ladera induce a pensar que será una especie forestal y no agraria, como frutales. Los olivos requerirían un alcorque amplio. Entre encinas y pinos opto por lo segundo porque quizá las primeras se expanden de forma natural. Hay un camino secundario arriba de la ladera que conecta distintos ramales de la red de pistas forestales de la sierra

miércoles, 26 de septiembre de 2012

318.- Carretera GU-944 entre Mazarete y Cobeta (Guadalajara)



318.1.- Carretera GU-944 entre Mazarete y Cobeta (Guadalajara).

Las carreteras cuanto más modestas, menos medios se han usado para su construcción, más pegadas al terreno avanzan. Las autopistas, sobre todo las modernas, se desentienden casi del relieve y se alzan de puntillas en forma de viaducto o excavan en la tierra en forma de grandes desmontes para trazar líneas rectas. Las pequeñas carreteras de montaña discurren al pie de las colinas, tratando de ocupar el menor terreno posible ya que la llanura es más fértil y apta para la agricultura que la pendiente. Atrás queda Mazarete y, detrás de ella, a media ladera de la sierra que cierra la imagen, la Carretera N-211.



318.2.- Carretera GU-944 entre Mazarete y Cobeta (Guadalajara).

El suelo es pobre y solo las zonas de vega son roturadas. La presencia de un aprisco al otro lado de la carretera, en la ladera opuesta, da indicio de que la ganadería es el uso alternativo del suelo donde la agricultura no es posible o rentable. Hay un aprisco de piedra, incompleto por la derecha, y a su izquierda las ruinas de una cabaña de pastores. Los tomillos (Thymus sp.) cubren el suelo, y hay pues dispersos de enebro (Junipeus oxycedrus), de color verde intenso. Predominan los pies de matorral de porte rastrero. Seguramente el viento sople fuerte por este pequeño desfiladero. Inviernos duros y veranos calurosos. Suelo pobre, poca lluvia. Son condiciones para un todoterreno como el enebro, que exige poco y es capaz de agarrarse a la roca, medrar en suelos esqueléticos.



318.3.- Enebral (Juniperus oxycedrus) junto a la Carretera GU-944 entre Mazarete y Cobeta (Guadalajara).

¿Por qué solo enebros? Ahora si parece un misterio a resolver. Pero entonces ni lo pensé. El paisaje tenía un aspecto desolado, desangelado, falto de vida, pero entonces no lo tomé en cuenta. Guadalajara es territorio duro y el bosque, diga lo que diga la ardilla de Estrabón, es en muchas zonas un acto de voluntad del hombre. No lo eché en falta, ni mayor diversidad botánica en las laderas de la sierra que estaba cruzando. Aunque puede que también todo sea sugestión mía por lo que luego supe y no haya nada realmente sobresaliente en la imagen, siquiera su pobreza de elementos botánicos.



218.4.- Encina (Quersu rotundifolia) junto a la Carretera GU-944 entre Mazarete y Cobeta (Guadalajara).

Apenas vi encinas aquel día. Dudo incluso que viera otra aparte de esta que fotografié, aunque reconozco que lo lo recuerdo. Vi esqueletos de pequeños arbolillos que parecían ser rebollos, como los dos que coronan la pared rocosa de la imagen. El pequeño porte del arbolillo me ha hecho dudar si no se tratará de una coscoja (Quercus coccifera), pero en ese caso su coloración sería más intensa, de un verde vivo, menos oscuro, pudiendo explicarse la pequeña talla en su ubicación en una pared rocosa. Especie rupícola, capaz de medrar en las fisuras de las paredes de la roca.

viernes, 30 de diciembre de 2011

248.- Etapa 14 del CN del Guadiana. Mirador de la Celadilla (Puebla de Don Rodrigo - Ciudad Real)



248.1.- Etapa 14 del CN del Guadiana. Sierra de Peribáñez (Puebla de Don Rodrigo - Ciudad Real).

Ya inequívocamente a la sombra de la montaña recorrí el último tramo de la etapa. Apenas quedaba rastro del dorado de los últimos rayos de sol. Solo su ceniza. La Sierra de Peribáñez se sitúa entre la Sierra de los Caballos, territorio de la encina, y la Sierra de Saceruela, dominada por los bosques de pinos. En un acto de elogiable neutralidad se contenta con un matorral de poca talla, con salvias y tomillos, con la línea de pinos al fondo como un ejército invasor en espera de la orden de ataque. Moverse en la penumbra en presencia de un sol que declina, que hace mutis por el horizonte, que ya ocultó su rostro detrás de la raya del mundo, es vacunarse contra la enfermedad de la noche. Al fondo, iluminado aun, el lugar de donde vine. Cuando la referencia es el pasado, la enfermedad nada tiene que ver con la ausencia de la luz y sobrevivirá al alba.



248.2.- Etapa 14 del CN del Guadiana. Mirador de la Celadilla (Puebla de Don Rodrigo - Ciudad Real).

Justo donde acaba el pinar y comienza el despoblado existe un pequeño mirador, dotado de mesas con bancos incorporados y una barandilla de madera. El lugar es óptimo para zamparse un bocadillo mientras contemplas la realidad en la lejanía. Por que esa es la sensación que me procuran siempre los miradores, la de que las cosas ocurren muy lejos, que el mundo avanza en un lugar muy apartado de donde me encuentro, sin advertir siquiera mi existencia. Pero es buena la distancia a veces, no sentirse involucrado en los hechos que suceden. Porque puede pasar que no te sientas aludido por el crepúsculo, que olvides que eres la parte del día por la que la luz realiza una cuenta atrás, que es a tí a quien se le agota el tiempo.

¿Por qué me encuentro estás instalaciones siempre sin que nadie las utilice? Si la ciudad no está cerca no serán las gentes del lugar las que se avengan a invertir sus horas de ocio donde la Administración les sugiera. Ellos tienen sus lugares predilectos, que no cambiarían casi seguro por aquellos otros que les indiquen gente de fuera, aunque les mejoren. No se si es tozudez de ellos o nuestra, pero si que es invertir dinero para nada. Además, aunque la idea romántica sea otra, el turismo rural y por la naturaleza no tiene vocación de esforzado. Pasear puede, pero otra cosa es subir a lo alto de una sierra a pie solo por el disfrute de hacer ejercicio físico. Las vistas son magníficas, pero es un lugar demasiado apartado para llegar sin vehículo y mal señalizado su acceso si se pretende acceder con uno.



248.3.- Etapa 14 del CN del Guadiana. Vista del renuncio del Guadiana desde el Mirador de la Celadilla (Puebla de Don Rodrigo - Ciudad Real).

Esta imagen me hubiera gustado gustado haberla tomado en un momento con mejor luz, y yendo avisado de lo que veían mis ojos, porque es sumamente curioso. Hay una pequeña sierra, de menor altura que la sierra de Peribáñez en la que me encuentro, por eso el mirador ofrece una vista superior, con forma de de escarpia. Corre al principio en paralelo a las sierras que cierran el valle y efectúa un giro de 90º para quedar perpendicular a ellas. Desde donde estoy no se aprecia, pero no llega a contactar con la Sierra de Peribáñez, dejando una zona de estrecho entre ambas. No tiene nombre en los mapas, y debería, por que obliga al Guadiana a esforzarse al máximo para sortearla. Podemos apreciar al río, por su cordón de vegetación dentro de la planicie, discurriendo al pie de la ladera de esta sierra, hacia la izquierda, desde el mismo extremo izquierdo de la imagen. Al llegar a la pendiente no encuentra hueco para pasar y retrocede, discurriendo ahora el río de izquierda a derecha, más visible, con el cauce más ancho en la mitad de la planicie. Una vez a hecho acopio de fuerzas efectúa un segundo giro de 180º y traza una trayectoria al pie de la montaña en la que me encuentra, fuera de mi vista. Reaparece a la izquierda de la pequeña sierra, pero con dos brazos, uno de ellos pegado a la sierrecita y el otro trazando un arco, con trayectorias que se alejan de mi, hasta juntarse justo donde la sierrecita se dobla, discurriendo el Guadiana en un solo cauce a partir de entonces que avanza en paralelo al valle y nuevamente hacia la izquierda, camino de Extremadura, aunque con parada previa en Puebla de Don Rodrigo, donde dormiría esa noche. Ojalá hubiera avanzado más hacia el borde del precipicio y hubiera llegado antes al mirador, porque habría tenido una foto magnífica.



248.4.- Etapa 14 del CN del Guadiana. Vista de la ermita de San Isidro desde la Sierra de Peribáñez (Puebla de Don Rodrigo - Ciudad Real).

Vista contraria a una de las que ofrece una de las imágenes de la entrada dedicada a la Ermita de San Isidro, sonde se veía la Sierra de los Caballos desde el entorno de la iglesia. Vemos ahora el borde contrario de la masa de encinas, y el valle del Guadiana desdibujado al fondo, a punto de esfumarse y convertirse en bruma como por algún sortilegio. El rojo del ladrillo parece más intenso por el efecto de la luz del sol que impacta de frente en el edificio, aunque con rayos más lentos, más débiles, porque han tenido que viajar por la atmósfera de la tierra más rato. El rojo claro se turno oscuro porque la tonalidad se hace más fría, como ocurre con la tierra arcillosa de los campos que hay tras la ermita, en la campiña. La visual nos ofrece la ermita sobresaliendo por el escote de la sierra mientras el paisaje se enfría por el efecto Doppler. La Física viene en el auxilio de la Religión, aunque el único sacrilegio cometido es el de utilizar ladrillo de la construcción para restaurar un edificio antiguo, que solo a la luz del ocaso adquiere algún esplendor. Todo muy rebuscado y lleno de segundas lecturas. Prefiero no indagar en este asunto.



248.5.- Etapa 14 del CN del Guadiana.  Vista del Río Peribáñez desde la Sierra de Peribáñez  - Ciudad Real).

Son dos las imágenes que capté desde esta ubicación. me interesaba la existencia de una lámina de agua del Río Guadiana en la visual del valle, perteneciente a unos de los dos brazos en que se divide el río tras sortear la sierra en forma de gancho. Una de ellas está captada con zoom. El río es claramente visible, pero se pierden las referencias al acercarnos al lugar retratado. También nitidez. Prefiero insertar esta otra captada sin zoom óptico, con la confianza de que el gran tamaño del formato permitirá que se vea el río con claridad. Son imágenes con demasiado peso en el disco duro, entre 5 y 6 megas, pero de extraordinaria calidad a cambio, donde detalles que creía perdidos han resaltado en el PC cuando he podido contemplarlas a su tamaño real. Como una perteneciente a una etapa posterior de este del CN del Guadiana, donde capté un ciervo mientras vadeaba el río, y que casi me hizo llorar de emoción al ver el momento reflejado en la pantalla. Merece la pena exagerar el tamaño de las fotos. Ya lo creo.

Hermosa es también la ladera de la sierra tapizada por el matorral en la que sobresalen los pies de encina, uno de ellos en el perfil de la montaña. Al fondo, la Sierra Loca y la Sierra de Enmedio, que cierran el valle por el norte, respirar los últimos rayos de sol del día.

martes, 1 de noviembre de 2011

213.- Cruceiro das Caxadas (Vimianzo - La Coruña)



213.1.- Cruceiro das Caxadas (Vimianzo - La Coruña).

Dos días llevo intentando averiguar donde se sitúa este cruceiro, más bien cruz a secas. Solo se la denominación por la que se le conoce y que se sitúa en Vimianzo, cerca de Berdoias. No encuentro información sobre él en Google. Pienso que ha de estar situado cerca de una pequeña aldea llamada Casadas, pero no deja de ser una suposición que no me permite ubicarlo en Google Maps. Tampoco encuentro los 1:25.000 que utilicé en aquel viaje. Si alguien sabe algo pues estaré encantado de que lo cuente aquí, se lo pido por favor. Habitualmente estos elementos de patrimonio tienen asociadas leyendas o historias curiosas. Lo que si puedo decir es que la loma en la que se sitúa es una fortaleza natural. Cubierta de brezo (Erica cinerea) y tojo (Ulex europaeus), era un calvario caminar por la cuesta. Los montes gallegos son extremadamente hermosos, pero desordenados y agresivos. Rosales, tojos y algunas hierbas urticantes a veces convierten un corto paseo en una odisea. El caso es que trataba de buscar un punto de vista que me permitiera encarar el crucero desde el frente y lo suficientemente cerca para captar sus detalles, pero a media cuesta me contenté con lo que tenía, una perspectiva egipcia, de perfil, y más bien lejana. ¿Qué os parece que está cerca, que hubiera sido cuestión de aguantar un poco más? Solo os digo que a veces el monte te derrota y logra preservar sus secretos.



213.2.- Matorral espinoso y eucaliptar en Casadas (Vimianzo - La Coruña).

Lo dicho ya tantas veces: Galicia es puro desorden en su paisaje. Un desorden gozoso, exhuberante, a veces difícil de descifrar, de explicar de forma sencilla. El de la imagen es un desorden de colores, con los fucsias de los brezos, los amarillos de los tojos y los verdes azulados de lo eucaliptos distribuidos por el encuadre sin especial método y acierto. ¿O quizá sí? La naturaleza no debería verse sometida a a reglas. las que distinguimos en la forma que se ordenan los elementos de una vista suelen ser mano del hombre. A la naturaleza le convence más la mezcla. También hay desorden en las formas. No se adivina si estamos en una cuesta o una llanura, si las supuestas irregularidades del terreno lo son en realidad o producto de las que hay en las formaciones vegetales. Tampoco la vegetación se distribuye con disciplina. Algunos pies de eucalipto (Eucalyptus globulus) crecen en medio del matorral, ya de por sí desordenado. Pies de talla irregular y cuya exagerada altura no casa con brezos y tojos. Son la avanzadilla del eucaliptar situado en segundo término. Este árbol es una especie colonizadora y por esa razón sus masas se expanden a expensas de otras formaciones vegetales.



213.3.- Eucaliptar en Casadas (Vimianzo - La Coruña).

Hasta el eucaliptar solo aporta desorden. Aunque puede que sea en este caso culpa mía, por situar en primer plano del encuadre los fustes de tres árboles, que ya descolocan todo lo demás. Son fustes delgados porque es una especie de crecimiento muy rápido. la razón por la que se planta tanto en el norte, en Huelva y en algún otro lugar es que rinden madera en un plazo de tiempo mucho más corto que otras especies. una madera de peor calidad pero muy adecuada para fabricar pasta de papel. Puestos a cultivar árboles para este fin lo lógico es utilizar los más eficientes. Ni siquiera los chopos crecen tan rápido, y tener X hectáreas dedicadas a la producción de madera con destino a la industria papelera evita tener 2X ó 3X de otras especies de crecimiento más lento. Tampoco trato de convencer a nadie. De hecho a lo mejor un día me descubro contrario a este árbol, que si es cierto que tiene sus peculiaridades que no son siempre positivas, pero veo injusto que nadie cuestione el cultivo agrícola y si el forestal, cuando el primero es mucho más dañino para el medio ambiente que el otro, a pesar de ocupar las mejores tierras. Generalizando y simplificando, creo que esto ya lo he dicho antes aquí, el ámbito forestal está formado por todo aquello que no es ámbito urbano y no puede pertenecer al ámbito agrícola por no darse unas calidades mínimas. Los eucaliptos tienen hojas y ramillos que se modifican con los años. Estos de la imagen son jovenzuelos, unos pipiolos. Estoy muy lejos de ser un entendido, pero no creo que superen los 10 años. A lo mejor ni se acercan. Lo que más me gusta de la imagen es la sensación de enorme gran profundidad de campo que tiene este rodal, se acaban perdiendo las referencias y da la impresión de que el eucaliptar se prolonga indefinidamente, mucho más allá del horizonte visual, hasta el horizonte geográfico de la zona, quiero decir, hasta donde podría abarcar nuestra mirada si no encontrase obstáculos a su paso.

sábado, 22 de octubre de 2011

202.- Etapa 11 del CN del Guadiana. Cañada Real Soriana (Pozuelos de Calatrava - Ciudad Real)



202.1.- La Cañada Real Soriana en el tramo en ascenso (Pozuelos de Calatrava - Ciudad Real).

La totalidad del ramal que conduce desde la confluencia de las etapas 11 y 12 del CN hasta Pozuelos de Calatrava discurre por una vía pecuaria, la Cañada Real Soriana. Está sin amojonar, pero se trata de una vía pecuaria importante. Al ser cañada real le corresponde el ancho legal mayor entre los tres tipos de vías pecuarias (coladas y cordeles serían los otros dos). Cuando se decida por donde discurre exactamente se situarán en los bordes de la franja de terreno que ocupe unas señales de piedra, que se denominan mojones, para indicar a quienes por ahí transiten cuales son sus límites. En esta situación, previa a su delimitación legal, las vías pecuarias se asocian inconscientemente, para simplificar las cosas, con senderos existentes. A veces estos senderos han sido ocupados por carreteras y no siempre coinciden con las vías pecuarias originales por donde discurría el ganado ovino. Pudiera ser incluso que la información de cual era la traza se haya perdido. Cuando sea amojonada la cañada abarcará seguramente una banda de territorio cuyo eje central será el sendero ahora existente, que aprovecha el CN del Guadiana como ramal a Pozuelos.

En su arranque, el ramal trepa una colina y discurre entre colinas. Casi se diría que en este tramo se efectuó un desmonte para abrir el camino. Los árboles del fondo, donde se desdibuja la traza del sendero, son los fresnos de la anterior entrada del blog. Estamos aun a media cuesta. Justo en la cima, al llegar al altiplano de la minúscula sierra, hay un manantial que en otros tiempos se aprovechaba para abastecer un abrevadero para ganado. Es un indicio más del uso ganadero dado en otros tiempos al sendero. Posiblemente las ovejas iban a abrevar al río y esta fuente constituía un alto en el camino.



202.2.- La Cañada Real Soriana. Talud derecho en el arranque (Pozuelos de Calatrava - Ciudad Real).

En este tramo de ascenso la cañada discurre entre dos taludes casi verticales, de color mostaza por el tomillo (Thymus sp.). Hay también pies de coscoja (Quercus coccifera), las matas de verde más intenso, retama (Retama sphaerocarpa), que son la de verde blanquecino y de encina (Quercus rotundifolia), que si a estas alturas no reconoceis, aunque sean muy chiquitinas y eso pueda despistar, "cojo" y os suspendo.



202.3.- La Cañada Real Soriana entre matorrales y encinares (Pozuelos de Calatrava - Ciudad Real).

Una vez llega a la meseta la cañada real discurre entre matorrales y algún cultivo. Un olivar a la derecha rompe la monotonía de los coscojares y encinares. A la izquierda la retama ocupa la primera fila, la zona más degradada, y el encinar aguarda para recuperar el terreno en el futuro. Es un camino de firme excelente.



202.4.- La Cañada Real Soriana (Pozuelos de Calatrava - Ciudad Real).

A mitad de trayecto la cañada aparece flanqueada en ambas márgenes por plantaciones lineales de arbolado. Es cierto que se trata de especies alóctonas, acacias sobre todo, pero no deja de ser una medida acertada, y quien sabe las disponibilidades de planta que había. Algún día aportarán una sombra a los viajeros que valdrá su peso en oro. Los ejemplares que resistan, claro está. Estás plantaciones se mantienen hasta el final del ramal en Pozuelos.

lunes, 10 de octubre de 2011

198.- Jarales en Cañamero (Cáceres)



198.1.- Jarales en Cañamero (Cáceres).

A la vuelta hubo alguna parada, aunque menos que a la ida. había sido dos jornadas duras. La segunda iniciada con una de las ruedas del 4x4 deshinchada cuando iba a iniciar la etapa de aquel día. la noche anterior había habido fiesta en el hotel, la celebración de una boda. No se me quita de la cabeza la idea de que en el ardor etílico alguien le hizo vodoo al vehículo pensando quizás que era el de otro y gastarle una broma pesada. Cuando estás borracho las faenas hacen más gracia, sobre todo a quien las perpetra. Es que me cuesta creer que aquel monstruo al que se las había hecho pasar canutas obligándolo a caminar por auténticos pedregales se fuera a dar por vencido durante la noche en un parking de tierra. El caso es que si no se cambiar la rueda a un turismo menos aun a un todo-terreno. Media hora llevaba con la operación cuando aparecieron tres ciclistas de domingo uniformados del equipo Kelme. Gente de no muy lejos, extremeña, que al verme tan desvalido por ser de ciudad acabaron haciéndome el trabajo ellos. Uno me dijo que tenía un tractor y que aquello no dejaba de ser un problema menor comparado con los que le daba su máquina. Otro se tiró debajo del coche para colocar el gato. El tercero me ayudo a descolgar la rueda de repuesto, que pesaba como un cadáver. Rehusaron mi invitación a una ronda en el bar más próximo. Tenían prisa. Eran gente de esa que cree que hay que ayudar a los demás por si alguna vez la necesitan. Una cadena de favores. No se que hago yo por no romperla, pero de verdad que intento alargarla en la medida en que me es posible.

El caso es que aunque veía cosas de mi interés, tras el estropicio inesperado y el trabajo en sí, tenía ganas de aligerar la vuelta a casa. Pero el Cañamero hay una bodega, y en torno suyo unas vistas que mueven al asombro. No sabría decir la orientación, que es exactamente lo que vemos. Creo que es el entorno del Monasterio de Guadalupe, con la Sierra de Altamira al fondo. Un mar de jaras volvió a salirme al encuentro, y me dejé deslizar por la pendiente, hacia el abismo, buscando su orilla, la zona más tupida.



198.2.- Entorno de Guadalupe desde la Ex-102 en Cañamero (Cáceres).

Paré junto a un bodega. Antes estas paradas eran con intención. Me gustaba regalar vino a Patricia de los lugares que visitaba. Es de esas personas a las que uno disfruta haciéndoles regalos, porque los vive con pasión, con alegría cercana a la euforia. Reacciones quizás exageradas pero que a mi me fascinan. Además, trataba de hacer que moderase su consumo de alcohol, también excesivo. Un vicio que aprendió en España, pero que también le ayudo a descubrir el vino. Yo no bebo más que agua, así que las botellas eran para su exclusivo disfrute. El caso es que cuando hay una bodega en la ruta salta una alarma en mi cerebro. Tampoco hay tantas. Así que paré, y solo después de hacerlo comprobé que la detención tenía sentido.

Casi tirito al pensar lo que tiene que ser este paraje en primavera, con las jaras cuajadas de flores. Despeñaperros parece nevado por esta causa cuando lo cruzas hacia abril o mayo. maniobre ladera abajo hasta encontrar el lugar que me pareció propio e hice una secuencia de 5 imágenes, que ligan entre sí a la perfección, como un matrimonio mormón. Hay un río que discurre al pie de la cadena de montañas de la izquierda. Lo intuyo por el cordón de arbolado. He intentado descifrar el paisaje valiéndome de esta referencia y de la ubicación de la bodega al borde la EX-102 en algún lugar próximo a Cañamero, pero no tengo una certeza. Diría que estamos mirando hacia el norte, que las montañas del fondo se corresponden con la Sierra de Altamira, pero hasta ahí me arriesgo.


viernes, 7 de octubre de 2011

195.- Camino Natural de Las Villuercas en la Sierra de Altamira (Alía - Cáceres)

Post dedicado a @GirlFLebanon



195.1.- Jarales a las puertas de la Comarca de la Jara (Alía - Cáceres).

Dudo que haya muchos nombres, en este caso el de una comarca, tan acertados como el de La Jara. Un mar de jaras se extiende allá donde se ponga la vista. El verde caqui de este matorral podría hacer desaparecer ante nuestros ojos toda una división de infantería. Nada más sobrepasar Puerto de San Vicente, el último pueblo de Toledo y tomar el desvío correcto a la carretera EX-102, vi la antena del repetidor en la misma cumbre, y al pie un cartel indicativo de la Provincia de Cáceres. Para mi fue una sorpresa. Pensé que accedería directamente a Badajoz. Y no se si me alegré o no. Porque es verdad que hacía el viaje más largo, pero Cáceres es una de esas maravillas en las que apenas he empezado a indagar, en la que aun no hago pie por más que la haya visitado muchas veces. Mal está que lo diga teniendo ascendencia pacense, pero Cáceres hace tiempo que me enamoró por completo. Y al deslizarle por el otro lado de la montaña las sorpresas llegaron en cascada. Era un paisaje montañoso el que tenía ante mí. El paso entre Ciudad Real y Badajoz no es ni de lejos tan dramático. Y los eucaliptares. El pinar de silvestre (Pinus sylvestris) dio paso a mitad de ladera a un eucaliptar asombroso. Nunca había visto esa mezcla. Por así decir, porque cada especie ocupa su lugar. La conífera donde el frío y el viento arrecian. La frondosa al abrigo de la falda de la montaña. Los eucaliptares de Galicia y Asturias, del Cantábrico en general, son otra cosa muy distinta. Aquellos tienen como meta la obtención de pasta de papel y la especie estrella es el eucalipto blanco (Eucalyptus globulus), de crecimiento vertiginoso. Estos tienen una misión netamente forestal y creo que son eucaliptos rojos (Eucalyptus camaldulensis). Nunca había visto un bosque de eucaliptos rojos y reconozco que me dejaron sin respiración. Y la combinación con pinos silvestres me pareció tremendamente exótica. Pero lo que en esta imagen acapara la atención son las jaras abarcándolo todo, mojándolo todo con su presencia hasta donde la vista alcanza. Y al fondo la Sierra de la Villuercas.



195.2.- Tramo de la Etapa 5 del Camino Natural de Las Villuercas (Alía - Cáceres).

Seguí conduciendo ladera abajo, y tras la primera curva al pie de la misma tuve una nueva sorpresa. La carretera se cruzaba con un Camino Natural. Lo pude identificar claramente por la señalización de color rojo sangre. He estado todo el mes de septiembre recorriendo otra ruta de esta red, El Camino Natural del Guadiana. 250 kilómetros, desde Corral de Calatrava en Ciudad Real hasta Puebla de Alcocer en Badajoz. Tengo el aspecto de estos caminos grabado para siempre. Y este se veía más lustroso, con la prestancia de lo nuevo, con mejor acabado incluso en las infraestructuras, con más mino en los detalles, que en lo que he visto en el otro. No tuve más remedio que detenerme, aunque en Talavera invertí una hora en hacer fotografías del Tajo. Dos cosas me recordaron enseguida a @GirlFLebanon, el nombre del CN, que alude a una Comarca de la que ella me hablo. Y el olor de la jara, de los pinos en menor medida, y hasta de los eucaliptus. Mujer que siente pasión por los olores, por las fragancias, por los aromas de las cosas, aquí habría disfrutado.

El camino es hermoso. Una talanquera de madera sirve de protección a quienes lo usen, al tiempo que remata su aspecto de forma sobresaliente. La madera es el material que se usa de forma preferente en los CN. Da un toque natural a las construcciones e infraestructuras. Tanto más congruente en presencia de un bosque de pinos. En la ladera puede verse la carretera EX-102, la barrera quita-miedos en realidad. Tras la curva, al final de la misma, se agazapa Puerto de San Vicente. Los pies de árbol salpicados a uno y otro lado del sendero parecen pinos resineros (Pinus pinaster) y la masa por encima de la carretera está formada por eucaliptos rojos.

Estuve un rato esperando a que los excursionistas se acercaran. Llenar la imagen de un sendero con persona es lograr que hable de sí mismo. Y cuando tuve mi imagen volví sobre mis pasos camino del 4x4. Seguramente está mal, pero no me gusta dar explicaciones y las evito siempre que puedo.



195.3.- Tramo de la Etapa 5 del Camino Natural de Las Villuercas (Alía - Cáceres).

Un kilómetro más adelante el Camino Natural de Las Villuercas volvía a cruzar la carretera. Esta vez de lado a lado, ya que la vez anterior en realidad solo besada su arcén. Sobre la calzada habían pintado en cruce a nivel en rojo. Ahí que me detuve. Iba a ser un viaje interminable. Pero es que 15 minutos en Cáceres me habían bastado para volverme a enamorar de ella. El tramo de camino era en cuesta. Una señal advertía que el desnivel era del 12%. En la ladera sorprende el contraste de compacidad entre la masa de pinos y la de eucaliptos. Los primeros parecen formar una legión romana. Ocupan un espacio rectangular que rellenan hasta su último centímetro cuadrado. Los eucaliptos son las huestes bárbaras de la otra orilla del Ring. El orden contra la libertad absoluta. Es un camino hermoso con hermosas vistas. Hasta el color de su calzada y del barniz de la madera son consecuentes con el de la roca de la montaña, ese pardo amarillento de la piedra caliza.



195.4.- Primera ladera de la Sierra de Altamira en Cáceres (Alia - Cáceres).

El Camino Natural llega hasta el pequeño valle de alta montaña deslizándose por la pendiente cubierta de jaras. Cruza un arroyo cuyo trazado se adivina por el cordón de vegetación riparia. La coloración desigual en las copas indica mezcla de especies. Asciende la ladera por el borde del eucaliptar, que no alcanza nunca la senda, como si la rehuyese, como si no quisiera partir jamas de aquella ladera. Escala entre tomillos y encinas solitarias y achaparradas. Y alcanza el tramo donde estuve antes, cerca de los pinos.



195.5.- Primera ladera de la Sierra de Altamira en Cáceres (Alia - Cáceres).

En esta vista frontal, con los codos apoyados en la talanquera al tomar la fotografía, son nuestros ojos los que recorren la ladera. El de los eucaliptos es un extraño bosque, deshilachado, irregular, lleno de calvas y claros. Lo cierto es que el eucaliptar deja penetrar la luz al sotobosque con mucha menos resistencia que el pinar. Pero debajo apenas crece nada. Dicen que sus hojas envenena sus suelos. También que propicia los incendios al estar mejor adaptado para sobrevivirlos, para rebrotar tras el paso del fuego. Pero a mi no me preocupa la moralidad del paisaje, solo su belleza. Y lo exótico es siempre hermoso. Jamás había visto lo que estáis viendo ahora. Son 5 escalones de vegetación: jaral, vegetación de ribera, eucaliptar, pinar, y entre las peñas desnudas de las cumbres el encinar. Retened la imagen, memorizadla si podéis, porque es un prodigio al que el hombre no es ajeno.



195.6.- Primera ladera de la Sierra de Altamira en Cáceres (Alia - Cáceres).

Sorprende el porte tan distinto del eucalipto rojo cuando está aislado que cuando está en masa. Solo tiene a engrosar, a formar una copa completa que cae en cascada hasta el suelo. En masa es como un penacho que se alza de puntillas sobre un tronco delgado. En realidad es algo habitual en todas las especies arbóreas, pero es que ya he dicho que nunca había visto un bosque de eucaliptos rojos.



195.7.- Primera ladera de la Sierra de Altamira en Cáceres (Alia - Cáceres).

La panorámica de la ladera creada con la fusión de las tres imágenes anteriores. No está lograda. Se aprecian las líneas de sutura. Pero permite obtener una imagen de conjunto. Por eso la incluyo. El cielo partido en dos colores. El bosque que parece empezar a desdoblarse en la juntura. Pero la montaña está intacta, fiel a lo que mi memoria me dice..

viernes, 5 de agosto de 2011

172.- Río Guadiloba aguas abajo de la Presa de Guadiloba (Cáceres)



172.1.- Entorno del Río Guadiloba aguas abajo de la Presa de Guadiloba (Cáceres).

Aguas abajo de la presa el terreno deja de ser llano y se complica, aunque tampoco de tal manera que uno llegara a pensar que es el emplazamiento idóneo para una presa. Donde el suelo se ondula crece el arbolado, encinas (Quercus ilex) y coscojas (Quercus coccifera), con su cortejo de matorral, formado por retamas (Retama sphaerocarpa), tomillos (Thymus sp.) y aromáticas (Lavandula, Rosmarinus, etc.). El Río Guadiloba discurre por el centro de la imagen, donde puede verse uno de sus meandros entre afloramientos rocosos.



172.2.- Río Guadiloba aguas abajo de la Presa de Guadiloba (Cáceres).

El día es gris, y me lloverá a ratos tanto durante la mañana como la tarde, con algún aguacero intenso esporádico. Llevo los bajos de las perneras de los pantalones completamente mojados, pero sin un asomo de barro. El suelo es una inmensa alfombra verde que rezuma agua como si fuera una esponja de baño. El río no es gran cosa y tiene un trazado extraño. El agua apenas fluye, no parece haber corriente, y más que un tramo de río aquello parece una charca. Aun así es ancho, aunque de poco calado. Veo a través de la lámina de agua las piedras del lecho. Tanto verde me recuerda al norte.



172.3.- Encinar en el entorno del Río Guadiloba (Cáceres).

El tomillo y la lavanda harán de este lugar en unos mese un prodigio para el olfato. Ahora lo son para la vista. Es un invierno lleno de vida. Las encinas y las coscojas evitan la imagen de árboles dormidos dentro se du propio esqueleto. Las copas desnudas del arbolado se asocian instintivamente con la vida paralizada, en suspendo. Por eso las encinas alargan en apariencia la primavera anticipándola. Esa estrategia de reducir la hoja y blindarla para evitar la pérdida de agua por transpiración durante el verano es una bendición para los ojos en invierno. Miras estos paisajes y te cuesta situarte en el momento del año en el que te encuentras. Momento: 23 de febrero de 2007.

jueves, 28 de julio de 2011

166.- Venta do Espino (La Carballeda - Orense).



166.1.- Formaciones de brezo (Erica ciliaris) en Venta do Espino (La Carballeda - Orense).

Mis dos últimos objetivos del día, que ya iba siendo bastante largo, eran dos vertederos de tierras, es decir, donde se suponía que iban a depositar las tierras sobrantes de las obras. El primero era un pedregal junto a un vertedero de verdad. Un espanto. El segundo un pliegue en una ladera rodeada de brezales (Erica ciliaris), una de mis plantas favoritas. No se porque no estaban en flor, como las formaciones de esta especie vistas aquel día en otros parajes. Venta do Espino, la aldea junto a la que se ubicaba el vertedero, se sitúa a casi 1.100 m de altitud. Quizás ahí haya una explicación. Otra no se me ocurre. Aunque no deja de ser un misterio, porque si la floración ha sido antes es en contra de la lógica, ya que a mayor altitud mayor retraso en el desarrollo vegetativo, y que ocurra más tarde es llevarla casi al inicio del otoño. Venta do Espino se sitúa al noroeste de A Gudiña, la principal localidad de la zona.



166.2.- Vertedero V-22 en Venta do Espino (La Carballeda - Orense).

Solo en el norte un vertedero puede ser hermoso. Apenas una hendidura en el terreno desprovista de vegetación, aunque el material a verter es muy probable que rebase el límite del brezal y lo invada. Los otros dos lugares de depósito de inertes que vi aquel día eran lugares de menor valor paisajístico que su entorno, pero este junto a Venta do Espino, denominado V-22 en el proyecto, tenía su propia belleza. En lo alto de alto así como una amplia colina rodeada de valles, con montañas en la distancia, cualquier dirección a la que dirigieras la vista era un regalo. Este tipo de depósitos los clausuras cuando acaban las obras. Sobre la tierra vertida depositan tierra vegetal extraída durante las excavaciones, la capa superior del terreno con cierto porcentaje de humus, restos vegetales y raíces a medio descomponer, y sobre la misma se siembra y planta. Aquí el brezo sería recibido como en su propia casa. Espero que el encargado de la revegetación no se deje llevar por la obsesión por el uso de arbolado.



166.3.- Vista desde la Carretera de acceso a Venta do Espino (La Carballeda - Orense).

La carretera de acceso a Venta do Espino, que parte del casco urbano de A Gudiña es un vía no demasiado amplia, algo sinuosa y con rampas en cuesta para poder salvar el desnivel entre ambas localidades. La habrán de recorrer los camiones de transporte de tierra, dos veces por cada porte, cargados en subida y con la caja vacía en la vuelta, lo que supondrá un trasiego digno de ver. Me imagino los escasos habitantes de la aldea superados por el ruido generado. La carretera ofrece unas vistas magníficas. Sin cultivos agrícolas no arbolado, el paisaje es un mosaico de verdes y pardos originados por los prados aun frescos y los ya agostados, y por las zonas de matorral. Subí a la aldea con la música de U2 "a todo trapo". Era mi último objetivo y necesitaba un incentivo para ese último trayecto en horario de trabajo. A la vuelta me costó pararme porque ya tenía ganas de coger la ruta a Madrid. Pero lo hice. Son fotos que luego te arrepientes no haber hecho. Y para ello tuve que parar en mitad de la calzada, ya que no había arcenes. Hubiera hecho más fotos, pero un coche bajada de Venta do Espino. Misión cumplida.

PD: Y ahora que miro la imagen, un día después de editarla, recuerdo que había una columna de humo de un incendio. La veo porque la recuerdo de forma nítida y no me cuesta encontrarla en la foto, a pesar de que está borrosa. Era casi inevitable no retratar el fuego forestal en el lugar de España donde más se producen.

165.- Páramo al pie de la Sierra do Canizo (La Carballeda - Orense)



165.1.- Páramo al pie de la Sierra do Canizo (La Carballeda - Orense).

Me tocaba buscar un área auxiliar de obra en una zona de páramo de difícil acceso. Dejé el coche en un paso superior de la N-525 sobre la A-52 y tomé el camino de servicio de la autovía. A unos 500 metros había una senda que partía en perpendicular y que se suponía que conducía hasta el sitio buscada. Una zona auxiliar es el emplazamiento donde las obras centralizan todas sus infraestructuras provisionales: parque de maquinaria, poblado para los trabajadores, talleres de ferralla, fabricación de hormigones, parque de materiales, etc. Todas las instalaciones que requiere una obra se intenta que se sitúen en un mismo sitio, sobre un terreno que se impermeabiliza para evitar la contaminación del suelo e hidrología por derrames accidentales. Esa es la teoría, la práctica es que las constructoras tienden a hacer lo que les da la gana si no se las controla. Como hacemos todos más o menos, supongo.

Tras recorrer el trecho de vía de servicio, algo asfixiado por el calor, llegué a la senda. Había un coche aparcado en su inicio. Invadida por la hierba y el matorral era impracticable para vehículos. Al menos turismos. Arriba de la ladera alguien caminaba en mi dirección. Iba provisto de un chaleco reflectante y llevaba en la mano lo que parecían ser planos. "Creo que hemos venido a lo mismo", le dije sonriendo. "No, tu vienes y yo vuelvo", me contesto rematando la frase con una carcajada. Cuando le alcance nos saludamos. "Vengo a ver la zona auxiliar". "Pues te explico". Y lo hizo. Tenía que abandonar la trocha arriba de la ladera y seguir una línea de alta tensión hasta los restos de una valla de piedra. Una de esas que separan fincas y parcelas de terreno entre sí en zonas allí donde aflora y abunda el granito. Todo lo que quedaba ante ella era el emplazamiento buscado. "También puedes ver la embocadura de salida del túnel". Lo cierto es que ese objetivo no lo tenía en mi lista. Le di largas, traté de justificar mi desinterés de una forma poco convincente. "Es que me interesan solo detalles ambientales de la obra". "Lo entiendo, pero casi por el mismo precio tienes dos objetivos". Estos encuentros con homólogos, vamos a llamarlo así, no son frecuentes, pero a fuerza de haber hecho muchos viajes de este tipo ya llevo unos cuantos. Los hay que hasta ocultan los planos para que no les sises información. Otros mantienen la cabeza sobre los hombros, como el de aquel día, por ejemplo, y entienden que el encuentro con un igual en mitad de ningún sitio vale su precio en oro. Con uno compartí hasta mesa y mantel durante la comida en el sitio más apartado de todos: Teruel.

Abandoné a mi fugaz amistad y seguí con el trabajo. Alcance el lugar a fotografiar y me decidí por encontrar ese punto donde se situaba la entrada a un túnel. Me remordía la conciencia no esforzarme si era una empresa factible. Estaba del otro lado de la vía del tren convencional. Tuve que atravesar una zona de densísimo matorral para alcanzar la plataforma ferroviaria. Una sola vía. Por allí circulan pocos trenes, eso está claro. Al otro lado de la vía el mismo calvario. Al final llegué a mi destino y obtuve esta imagen. Hay algunos pinos silvestres en la distancia, pero el suelo aparece casi desnudo de vegetación, con algo de matorral rastrero disperso. Brezos en su mayor parte. Por ahí surgirá la Línea de Alta Velocidad, después de atravesar un falso túnel. Por tal se entiende el que se crea después de cavar una trinchera, que luego se tapa una vez construida la estructura de hormigón armado que conformará el túnel propiamente dicho.



165.2.- Primeras estribaciones de la Sierra do Canizo (La Carballeda - Orense).

Cruzar la línea de tren me obligo a atravesar dos fajas de denso matorral donde algo me ocurrió que me llamó la atención. Algo nuevo para mí. Una sensación que no había experimentado aun. La relaté en el blog de @GirlFLebanon, tutera a la que os recomiendo, al igual que su blog.

Escucha esta. Quería contársela a alguien, y quien mejor que tú, donde mejor que en tu blog. Y esta historia es pertinente con el post, lo prometo. Sensaciones sonoras. Va de eso. Fue el otro día, en La Carballeda, en Orense, en mi viaje de trabajo. Debo caminar una cierta distancia por un paraje deshabitado y para llegar a mi objetivo tengo que atravesar una zona de matorral. Alto, más de metro y medio de talla media sin duda. Denso. A veces agobiante. Gracias a Dios apenas hay especies punzantes. Algún tojo aquí y allá, pero son fáciles de identificar, a pesar de que ya perdieron su flor de color amarillo limón. El resto son helechos, que me indican las rutas por las que puedo avanzar más rápido. Brezos de flores con colores ferresos, como si sus diminutos ramas estuvieran fueran de metal y estuvieran ramillos florales se hubieran oxidado. Y retamas. No se que variedad. Hay bastantes especies. Pero no importa. Son altas. Las puntas de las ramas llegan a la altura de mi cabeza, de mi rostro, e incluso la superan. Es importante este dato porque cuanto atravieso las zonas del matorral donde abundan las retamas escucho algo insóliito. Son decenas de pequeños crujidos cada segundo. No sabría describirlo. Quizás como el ruido que haría una pipa de melón seca si estuviera vacía y la aplastaras con la yema del dedo. Un cri bajito pero perfectamente audible. En lo primero que pienso es en insectos. Tengo grabada en la memoria la narración de un profesor universitario, en la que nos explicaba como en los eucaliptares infestados por Phoracantha semipunctata, un escarabajo que cuando es oruga se come vivo al árbol, podía oirse perfectamente el ruido de la plaga machacando el bosque. Es algo así, pero con crujidos más diminutos, menos terroríficos, casi amistosos. Me acerco a las retamas a ver si identifico a los causantes de ese casi silencio atronador y no veo nada. Pero me fijo en que las retamas echaron fruto hace tiempo. Unas pequeñas legumbres ya maduras, precísamente del tamaño de una pipa de melón, y que muchas de ellas muestran hendiduras por las que la planta ha soltado la semilla. Sigo avanzando hasta una línea de tren que debo atravesar. Lo hago en del otro lado de vía hay más matorral. Allí también escucho los crujidos. Es a la vuelta cuando lanzo la tesis que más me convence: se trata del ruido de las legumbres al quebrarse, de las vainas al abrirse. Si, estoy casi convencido. Ruido que propala la vida, ya que al producirse la simiente cae al suelo. Lejos ya de preocuparme comienzo a apareciarlo. Nunca había escuchado nada así. Constamente la vida te sorprende. Tan difícil explicarlo. El mundo está hecho para que lo procesen los sentidos y el sentimiento nos lo explique. El olor de las cosas, su textura. Incluso su sonido. La voz de las retamas. Quien sabe si el de las hadas que pueblan aquellos parajes remotos. Yo también remonto. Algo nuevo. Algo que no sabía. Un regalo.



165.3.- Línea de FF.CC. convencional Benavente-Vigo (La Carballeda - Orense).

Siento debilidad por las imágenes de caminos, carreteras y vías de ferrocarril. Más aun por las trochas y vías pecuarias. Me inhibo mucho de mostrarlas en el blog porque se que no son un tema muy espectacular. Pero de este viaje ya he incluido imágenes de la A-52, aunque contextualizadas con el paisaje. Así que me voy a permitir mostrar una imagen también de la vía de ferrocarril. En realidad una más, ya que la incluí como actor secundario en el post dedicado a la Estación de Lubián, que me deparó un punto de observación privilegiado. Una sola vía es indicativo de la imposibilidad de cruce de convoy que avanzan en sentidos contrarios. Lo que a su vez sugiere que se trata de una ruta poco transitada. Hay formas mejores, menos costosas en tiempo de acceder a Galicia desde la Meseta, y el territorio atravesado está escasamente poblado. Sanabria dormita y La Carballeda está próxima a echarse la siesta. Ni el paso del tren podrá interrumpirles el sueño.

miércoles, 27 de julio de 2011

164.- Sierra del Marabón (La Carballeda - Orense)



164.- Alto del Marabón (La Carballeda - Orense).

Venía buscando el emplazamiento de un vertedero de tierras y, a decir verdad, buena gana de crearlo por aquí. Primero encontré un lugar desde el que admirar las vistas de la A-52 en su último tramo zamorano. Después un emplazamiento desde el que obtener algunas imágenes sorprendentes. En esta vemos el Alto del Marabón, en la Sierra del mismo nombre. El espinazo de la misma marca la divisoria entre provincias. El camino que se ve abajo de la ladera es la Carretera ZA-931. El de la izquierda es una pista de tierra que conduce a un parque eólico. En el punto de confluyen están tomadas las imágenes de una entrada anterior del último tramo de la A-52 en Zamora. El tapiz verde que cubre el suelo es brezo. Se agarra a la pendiente para protegerse del viento ofreciendo el menor perfil posible. Tengo que decir que empiezo a apreciar las formaciones e matorral, hay paisaje más allá de las arboledas y los bosques. Si los brezales de la Sierra de Gata en Cáceres son hermosos, estos tampoco andaban faltos de belleza.



164.2.- Vista hacia el este desde la Sierra del Mirabón (La Carballeda).

Desde la misma ubicación que la anterior, con solo girar el cuerpo. La carretera que se adivina abajo a lo lejos es nuevamente la A-52. Los cortafuegos de los tendidos eléctricos crean fajas  de distinta coloración en todas las laderas que alcanza a ver la vista.

viernes, 15 de julio de 2011

155.- Rambla del Salar (Blanca - Murcia)



155.1.- Rambla del Salar a la altura de Los Cabañiles (Blanca - Murcia).

La red de drenaje del Sureste Español está compuesta casi en su totalidad por ramblas de diversos tamaños, siendo unas afluentes de otras, es decir, organizadas de forma jerarquizada. Permanecen secas hasta que se producen lluvias. La Rambla del Salar nace al pie de la Sierra de la Pila. En la imagen puede apreciarse el cordón central donde hay proliferación de vegetación acuática, señal de la existencia de humedad en superficie. Aunque no suficiente para crear un caudal que escurra por el cauce. En los taudes de sus riberas, y en el propio lecho, pueden verse aceduches (Olea europaea var. sylvestris) y coscojas (Quercus coccifera). En los bordes de la zona húmeda central se distinguen tarais (Tamarix sp.).



155.2.- Rambla del Salar a la altura de Los Cabañiles (Blanca - Murcia).

Los taludes tan acusados, la ausencia de caudal durante años, propicia el aterrazado de las riberas de la rambla para el cultivo en secano de especies leñosas. Lo habitual es el almendro y el olivo. En este caso no hay casi vestigios del arbolado. Dos ejemplares en la esquina izquierda que no se identificar. La terraza ha sido abandonada e invadida por el matorral. En lo alto del talud pueden verse algunos ejemplares de pino carrasco de porte más bien arbustivo.



155.3.- Rambla del Salar a la altura de Los Cabañiles (Blanca - Murcia).

La imagen recoge el meandro de la rambla. La colina de la otra orilla pertenece al LIC "Yesos de Ulea", del que algo se dirá en la siguiente entrada. En la terraza que se ve al fondo parece que se han plantado almendros. En todo caso árboles frutales. el almendro tiene la ventaja de que puede cultivarse en secano, es decir, sin necesidad de que deba ser regado, aunque, lógicamente, el agua ayudará a unos mejores desarrollos. Otros frutales de la familia de las rosáceas suelen verse en parcelas en regadío, generalmente con riego por goteo. Una cosa horrenda pero muy útil. Horrenda por que se trata de una tubería de plástico que va en superficie, con perforaciones para que escape el agua por ellas en forma de gotas. En muchos jardines puede verse. Y todo sea en aras de la eficiencia ecológica, pero el efecto visual es muy discutible.

jueves, 14 de julio de 2011

153.- Sector Casa de Alcántara. Comunidad de Regantes de Blanca (Murcia)



153.1.- Sector Casa de Alcántara. Comunidad de Regantes de Blanca (Murcia).

Me ha costado un buen rato descubrir que es exactamente lo que refleja la imagen. Es la vista hacia el oeste desde una pequeña elevación, cuyo topónimo en el mapa es Venta de San Jerónimo. La montaña que se ve al frente es la Sierra del Solán, que hemos visto hasta ahora desde la otra vertiente. Del otro lado queda el Embalse de Ojós. Estamos en las zonas de regadío que se iban van a ver beneficiadas con el agua a extraer del Segura, pertenecientes a la Comunidad de Regantes de Blanca. Lo que se ve al pie es el cruce de la carretera N-344 con la Autovía A-30. Se pueden identificar al menos dos tipos de cultivo: los cítricos a la derecha y las parcelas de color dorado, que se corresponden con vides emparradas, cuya hoja amarillea por la época del año. Este color es un regalo del momento en que se hizo el viaje, cuya valía se verá más clara en posteriores panorámicas. Hay una balsa de riego al pie de la loma en la que tomo la foto. Siempre hay una en Murcia mires donde mires. Forma parte de los genes del paisaje.



153.2.- Sector Casa de Alcántara. Comunidad de Regantes de Blanca (Murcia).

Esta panorámica es desde el mismo lugar, por la hora en que está tomada, pero dirigida esta vez hacia el noroeste, es decir en paralelo a las carreteras que se ven en la imagen anterior. El paisaje es menos agrícola, más forestal. Hay una pequeña elevación en un lugar que el mapa identifica como Casa de Don Juan, algunos pinos carrascos, zonas de cítricos y parcelas sin cultivar. hay, como no, una balsa al pie de la elevación, que es la que me ha permitido identificarla en el mapa. Da gusto cuando las cosas encajan. Y el caso es que esta foto me enamora. Tiene líneas geométricas en los cultivos y desorden y anarquía en primer plano. Tiene agua en la balsa, rotundidad en el suelo y difuminado en el cielo. Y esa pequeña sierra en avanzadilla de las que llegan detrás, con personalidad acusada, forma original, volumen afilado en su cumbre rocosa, donde el gris de la roca añade un color diferente al conjunto. Me gustaría saber de que roca se trata, si es gneiss como parece desde aquí. Por que su composición es la clave para explicar por que en una llanura arrasada por la erosión ha sobrevivido una porción de material, más duro, más resistente al trabajo tenaz y constante del agua y el viento.



153.3.- Sector Casa de Alcántara. Comunidad de Regantes de Blanca (Murcia).
(Dedicada a @MariluTw, que ahora mismo aguarda a que la edite)

La panorámica hacia el este desde la misma elevación es esta. He aprovechado la existencia de dos imágenes secuenciadas para hacer una fusión. Podrían haber sido tres, pero no quedan perfectas. Lo que muestran estas dos es suficientemente elocuente. El dorado de la hoja de las vides que antes hemos visto como detalle aquí se convierte en protagonista. Y esa sierra que se alza como un muro en el horizonte. La Sierra de la Pila, declarada como Zona de Especial Protección para las Aves. Una más de las que existen en Murcia. Detrás habrá otra, que precederá a otra posterior. Las columnas de humo blanco se deben a la quema de rastrojos. El viento es fuerte y por eso los penachos apenas son capaces de alzar el vuelo, se arrastran por el suelo como colas de zorros. Y si el viento es fuerte no deberían haberse iniciado. Pero el día amenaza lluvia y los agricultores temen que esos despojos vegetales se mojen y haya que esperar unos días para poder eliminarlos. Iniciar un incendio no es tan difícil y no necesariamente ha de responder a un deseo destructivo o a la locura de un pirómano.

miércoles, 13 de julio de 2011

152.- Sierra del Solán (Murcia)



152.1.- Sierra del Solán (Murcia).

La Sierra del Solán, como tantas otras sierras murcianas, no pasa de ser una colina envalentonada. Quinientos y pico metros en su cumbre más alta. Toda ella hecha de material sedimentario. Margas de colores beige con un espinazo de piedra caliza. Las pendientes son acusadas. Casi verticales en el mencionado espinazo. Material disgregable, falta de vegetación y lluvias escasas pero torrenciales se convierten juntos en un cóctel explosivo, propicio para la erosión galopante, la inestabilidad en los suelos. Una de las formas de combatir esta situación es eliminando una de las constantes: revegetando. Poco es lo que puede plantarse aquí. Se necesita un árbol que se contente con poco, que sea resistente a la sequía y la pobreza del suelo, que se adapte a los suelos incipientes, raquíticos, a vivir casi sobre la roca si hace falta, aunque sea a costa de crecimientos paupérrimos, lentos y desesperantes. Los ingenieros de montes ya se saben la respuesta: pino carrasco (Pinus halepensis).

Reforestar están cuestas no es fácil. Ha de ser de forma manual. Ni siquiera el transporte se puede mecanizar. Ladera arriba con la planta, a cavar y regar. Trabajo caro, laborioso y de éxito incierto. Se quieren que los ingenieros de montes hagan repoblaciones cojonudas que les den la zona de vega, donde se plantan los naranjos. Sin embargo estas repoblaciones, que se denominan protectores, son no solo necesarias sino imprescindibles. Cada uno de esos matojos color verde intenso que se mezclan con el esparto amarillento es un pino carrasco. Su plantación debe ser reciente. Me asalto el deseo ahora mismo de ver el resultado tras los 7 años transcurridos desde que hice la fotografía.



152.2.- Dique de corrección hidrológico-forestal en la Sierra del Solán (Murcia).

La otra variable sobre la que se puede actuar es la pendiente. Para ello se emplean los diques de corrección hidrológico-forestales. Explicado de forma sencilla, son pequeñas presas que retienen la escorrentía, y al ir sedimentando los arrastres junto a la presa y poco a poco anegándola, el resultado final es una cuesta formada por tierras arrastradas de menor pendiente que la original. La sierra del Solán está llena de estos diques. están construidos con cemento de un atonalidad parecida a la de la tierra. Dudo mucho que sea una casualidad. El ingeniero de montes es el ingeniero total, paisajista y ecologista incluso, a pesar de ser el blanco preferido de los que se han apropiado este término.



152.3.- Vertiente noreste de la Sierra del Solán (Murcia).

En la zona de cumbre, vamos a llamarla así, porque ya se ha indicado que la cota superior de la sierra era solo ligeramente superior a los 500 metros, apenas había repoblado de pino carrasco. Tal vez estaba programado para años posteriores su plantación en esta zona, o se decidió que no era tan necesario al escurrir el agua hacia otra dirección distinta que donde se situaba Blanca. El caso es que en estas pendientes dominaba el amarillo del esparto, única vegetación presente, aparte de alguna mata de adelfa (Nerium oleander), una mata que se aviene muy bien a vivir en lugares áridos. Tiene gracia que en Madrid, incluso plantada en jardines, con lo que eso supone: riegos y abonos, prospere peor que en Murcia, Aragón, Andalucía o Valencia. En la imagen pueden verse zonas donde la erosión ha hecho su trabajo llevándose parte del terreno y provocando deslizamientos.



152.4.- Vertiente sur de la Sierra del Solán (Murcia).

Por esta vertiente puede verse la carretera MU-553 que da acceso a la ciudad de Blanca. también ofrece una imagen, un poco exagerada también es verdad, de lo que es Murcia, lo ya indicado anteriormente, una sucesión de pequeñas montañas, con zonas de huerto entre ellas. Las áreas agrícolas siempre se ven amenazadas por sierras que capan las aguas torrenciales y las desaguan demasiado aprisa. El paisaje es una cuestión de gustos, pero pocos se asemejan a este, con montañas descarnadas alternando con el verde intenso de la huerta y el pinar. Solo se acepta la belleza de las cosas cuando se aprende a mirar, cuando se conoce al objeto observado. Murcia acaparó buena parte de mis primeros años de viajes, por eso le tengo un cariño especial.



152.5.- Embalse de Ojos y localidad de Blanca vistos desde la Sierra del Solán (Murcia).

Rescato esta panorámica conseguida con dos imágenes que completa las anteriores. Adolece de la falta de nitidez causada por el día brumoso y nublado, pero permite completar la visión de la zona. Lo que se ve al frente es la Sierra del salitre, a la izquierda el Embalse de Ojós, el el cauce del Río Segura, y a la derecha la parte sur de la localidad de Blanca. En primer término, al pie de la Sierra del Solán, desde cuya vertiente oeste se obtuvo la imagen, queda una granja agrícola de cultivo de cítricos.