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sábado, 15 de septiembre de 2012

314.- Pérgolas del Parque del Canal (Madrid)



314.1.- Pérgola con enredadera de morera (Morus alba) en el Parque del Canal (Madrid).

Seguramente el mayor acierto de quienes diseñaron el parque sea la instalación de varias pérgolas que, aun con el arbolado muy joven, además del efecto estético, procuran abundante sombra a los paseantes. No era un día de calor, más bien lo contrario, cuando visité el parque, y aun así pasear bajo los toldos vegetales fue gratificante. Esa penumbra de sombras caleidoscópicas, de luces que parece que guiñan los ojos, incita al sosiego. Me posicioné en el extremo de una de ellas y realicé hasta tres fotografías, con calma, calculando los encuadres, mientras una pareja se me acercaba a paso muy lento. ¿Imagina alguien una imagen más hermosa para representar el amor de pareja y la fidelidad?¿Con quien te gustaría pasear bajo este emparrado dentro de muchos años, con décadas de vivencias conjuntas sobre las que charlar? Yo ya lo he pensado. Me ha bastando unos pocos segundos. Aunque puede que cuando acabe el minuto haya cambiado de opinión porque no me la imagino calmada paseando de mi brazo.



314.2.- Pérgola con enredadera de ligustrina (Ligustrum ovalifolium) en el Parque del Canal (Madrid).

Todo el borde más alejado de la salida en Plaza de Castilla esta cubierto por una pérgola de techumbre traslúcida y bastante elevada, con enredadera de ligustrina. La superficie a ocupar por las ramas de los arbolillos es muy extensa, por lo que son lógicos los claros. El impacto visual al situarse en un extremo de la pérgola es intenso. Me parece un lugar mágico para sentarse a leer o a charlar con todo el tiempo del mundo con alguien que cuente con nuestro aprecio. La sensación de aislamiento del entorno urbano es total. Pasear bajo el dosel vegetal en el momento de la floración de la ligustrina tiene que ser una experiencia más que recomendable. Me lo apunto.



314.3.- Pérgola con enredadera de morera (Morus alba) en el Parque del Canal (Madrid).

Se que he tocado fondo porque ya no hay sensación de caída. La de estar en el final de la cuesta abajo la he anticipado por dos veces, en Navidades y al final del invierno. Luego vino su certificación. Por eso ahora no siento angustia. Sí apatía, una desgana infinita, indiferencia por lo que me ocurra, por lo que la vida quiera arrebatarme a cambio de una nueva oportunidad, si es que decido pedirla. Me siento por las mañanas a leer un libro bajo el emparrado y por unas pocas horas mi situación deja de ser la variable que decide mi estado de ánimo. Leo a sorbos, a veces con atención, pero casi siempre deslizando la mirada por encima de las líneas escritas, sin penetrar en ellas. Vuelvo al inicio del párrafo para intentarlo de nuevo cuando me doy cuenta que he perdido el hilo y si tras varios intentos no logro retomar la lectura me dedico a contemplar a los que pasan. Me gustaría estar lejos o, tan siquiera, en un lugar donde nadie me conociera, para que no fuera la desilusión de los demás sino el desinterés lo que me explicase mi soledad. Ella no me conoce. Viene casi todos los días. Tiene la expresión seria. Siempre va sola y absorta en sus pensamientos. Una vez se sentó en mi banco y estoy casi seguro de que no se dio cuenta de mi presencia. Estuve a punto de romper el silencio para preguntarle por la razón de su tristeza. Es tan joven que las explicaciones posibles son muy pocas. Tenía consejos y palabras de consuelo preparados para todas ellas. Para todas las que hasta entonces se me habían ocurrido. Los años restan certezas, no las suman. Me gustaría advertirle de que la alegría es un hábito que solo es posible adquirirlo a sus años. Después la tristeza se adueña de tus rasgos y, en el mejor de los casos, pareces alguien antipático y no un derrotado. Es muy pequeña y los pies no le llegaban al suelo apenas cuando se sentó a mi diestra, solo las puntas de sus zapatos. Estuvo un rato balanceándolos adelante y atrás, columpiándolos al borde de la tierra. Luego se levantó y siguió su camino sin siquiera dirigirme una mirada. A veces no viene. Hoy es uno de esos días. Sin embargo la pareja de ancianos vino a su hora de siempre cogidos de la mano desde el inicio del sendero. Dos vueltas completas al perímetro del parque. Cada vez que los he visto llegar he fingido que leía para no tener que cruzar miradas con ninguno de ellos. Un día me preguntaron algo, no recuerdo quien de los dos y sobre qué, y mantuvimos una brevísima charla los tres sobre esto y aquello. Tal vez piensen que eso es suficiente para pararse y compartir unos momentos. Me gusta mi soledad. Bueno, no, la detesto, pero me siento cómodo en ella. Es curioso como encajamos mejor en la derrota que en la victoria, como si fuera ropa encargada hacer a medida. Hoy había pájaros en los árboles. Más que ningún otro día que yo recuerde. Es extraño porque se acerca el otoño, Creo que hoy demoraré un poco más la vuelta a casa. Puede que un puñado de pájaros logren que las cosas cambien. Podrían significar un punto de inflexión en el estado de las las cosas. Me gustan los gorriones, parecen sobrealimentados y siempre están haciendo algo, saltando de un lado para otro. Voy a terminar esta página y comienzo el paseo de regreso. Tal vez me lleve un rato largo.

313.- Paseos peatonales. Parque del Canal (Madrid)



313.1.- Paseo peatonal principal del Parque del Canal (Madrid).

Los paseos peatonal discurren entre los distintos rectángulos del parque, por lo que la red de senderos estaría compuesta por una larga avenida que discurre de oeste a este entre los 8 pares de rectángulos, al que sumarían 4 ramales más cortos que lo cruzarían en perpendicular y con la longitud de solo dos rectángulos, cerrando la red un gran paseo que recorre todo el perímetro del parque. Son caminos de tierra sombreados por arbolado, aun joven y, por tanto, un tanto ineficiente para esta labor, y con bancos para descansar. En las especies utilizadas para las plantaciones lineales no hay grandes sorpresas: Tilos (Tilia platyphillos), moreras (Morus alba) y aligustre (Ligustrum ovalifolium). La primera es la utilizada en la práctica totalidad del paseo principal, cuyo último tramo ha sido plantado con moreras. Es de agradecer que se hayan colocado señales identificativas de las distintas especies, también con los arbustos. Aprender botánica no es fácil y este tipo de iniciativas ayudan mucho. El paseo principal es largo, lo que confiere a la imagen una gran profundidad de campo, potenciada por la estrechez del sendero. El tilo es una especie de crecimiento lento, pero que puede alcanzar un gran desarrollo. Más propia del norte de Europa que de los países meridionales, es poco utilizada en España. En Madrid son escasos los ejemplares. Razón de más para felicitarse por su elección en el Parque del Canal, lo que incrementa la diversidad del arbolado madrileño, a veces demasiado previsible, al menos en sus plantaciones urbanas ornamentales de aceras y plazas. Se trata de un árbol especialista en dar sombra, por lo que de aquí a unos años pasear por este sendero en verano será un delicia. Hemos de tener paciencia ya que el parque se inauguró en 2004.



313.2.- Paseo perimetral del Parque del Canal (Madrid).

En este tramo del paseo perimetral se ha optado por la plantación de aligustre (Ligustrum ovalifolium), usado también en setos vivos para la delimitación de rectángulos. El edificio situado al fondo son los juzgados de Plaza de Castilla. El Obelisco de Calatrava asomado entre los aligustres, como si acechase a los caminantes del parque. Pronto será la una, el momento de regresar a casa. Es extraño mirar la imagen por que las sombras, quizás demasiado alargadas, parecen señalar el norte y no poniente.



313.3.- Paseo peatonal principal del Parque del Canal (Madrid).

Alguien dormita en un banco a la sombra de las moreras. Quizá sueñe. Dicen que un día el ejército del rey desfilaba en palacio en el patio de armas ante el balcón real. El comandante de la guardia de palacio, que abría el desfile, miró hacia el balcón para saludar de forma marcial a su rey y presentarle armas. La distancia no era poca, porque el palacio era grande, pero se distinguían bien las figuras asomadas a la terraza regia. El monarca, la reina, los nobles de la corte, y entre el gentío agolpado una cara se destacaba claramente del resto. Quien la ha visto la ha reconocido en el acto. Era La Muerte que miraba fijamente al comandante de la guardia, a él solo de entre todos los que desfilaban sobre las baldosas de granito de cuarzo rosado. El comandante lo supo enseguida, había venido a su encuentro para llevarle. Cuando acabó la parada militar pidió audiencia con el rey. Visiblemente alterado le contó lo sucedido y le suplicó que le diera licencia para marcharse lejos, a cualquier lugar. "Aquí estáis a salvo, comandante. Jamás ha sido derrotado mi ejército ni enemigo alguno ha osado asaltar mi palacio". "Lo vi en sus ojos, majestad, viene a por mí, para llevarme. Era a mi a quien miraba. A ningún otro de los cientos que desfilaban conmigo". "¿Y a dónde iréis?". "Si su majestad me presta uno de sus caballos más veloces, si salgo ahora al amanecer podré estar cerca de Samarcanda. Allí buscaré otro caballo y pediré que el suyo le sea devuelto". "¿Huiréis siempre?". "Solo hasta que sepa que he despistado a la muerte. Os soy leal, majestad, sabéis que volveré en cuanto me sea posible. Muerto tampoco puedo serviros". "Así sea" dijo el rey, que apenado vió partir a su mejor soldado. Hizo llamar a su Ministro de Secretos, el jefe de sus espías, al que contó lo sucedido. Éste torció el gesto al escuchar el nombre Samarcanda. "¿Decís que se dirige hacia allí?". "Es un jinete capaz, ya estará bien encaminado". "He oído rumores inquientantes, majestad, tenía pensado sugeriros reforzar la guarnición en aquella ciudad". "Lo trataremos. Pero mi comandante solo estará de paso. Y el destino elegido para su primera etapa no es descabellado. Abre las puertas de las rutas hacia el mar. Y ya sabéis que dicen que la Muerte detesta el mar. Que no acude a ninguna de sus citas en mar abierto, que por eso pueden oírse a las almas en pena llamarla entre los bancos de niebla". El ministro de Secretos tenía reputación de poder averiguarlo todo, aunque fuera un acertijo, de poder encontrar a cualquiera, vivo o muerto. "Quiero que traigáis a mi presencia a La Muerte". "Dadlo por hecho, majestad". Y cuando la tarde comenzaba a ser oscura la puerta de su despacho se abrió para dar entrada a La Muerte. "En verdad que vuestro aspecto es pavoroso". "Son requisitos del oficio. No todos se dejan llevar de buena gana y es necesario imponerse. El miedo es el arma más eficaz". "Quiero hablar con vos". "No dispongo de mucho tiempo, majestad". "Seré breve. Quiero preguntaros por qué habéis venido a buscar a cierto hombre de mi aprecio". "No soy yo quien decide. Solo quien ejecuta los designios de Otro". "Es que no lo comprendo. Se trata de alguien sin tacha, de cuyas virtudes y logros podría estar hablándoos hasta que anocheciera del todo. Un hombre bondadoso en extremo y, sin embargo, valiente hasta la temeridad cuando su deber se lo exige". "Es curioso, majestad, estoy pensando en quienes he de llevarme cuando el último rayo de sol muera en el cielo y no se me ocurre nadie que siquiera se aproxime a esa descripción". "Hablo del comandante de mi guardia". Se hubiera dicho que la Muerte relajó el rostro, si es que eso era posible. "Coincido con vos en la valoración de vuestro súbdito. Debéis saber que no siempre puedo cumplir lo que se me ordena. Por eso me he sorprendido, y me he sentido aliviado además, al verlo desfilar esta mañana al frente de vuestra guardia". "¿Por qué decís eso?". "Porque mañana a mediodía tengo cita con él en Samarcanda". Y esa es la triste conclusión. Sean cuales sean tus hazañas, tus esfuerzos, tu huella en la vida, buena o mala, aunque no queramos acudir y hasta pensemos que la podremos esquivar, todos tenemos una cita con la Muerte en Samarcanda.

jueves, 13 de septiembre de 2012

312.- Mosaico de petunias. Parque del Canal (Madrid)



312.1.- Mosaico de petunias. Parque del Canal (Madrid).

La sorpresa más grata y curiosa del parque es el rectángulo dedicado a mosaicos de parterres de petunias, de diferentes colores cada agrupación, ofreciendo el conjunto un gran impacto visual, inesperado. El rectángulo se sitúa en la esquina noreste del parque, frente al laberinto de agua. Las petunias son de tres colores: rosa, rojo y vainilla. El momento de mi visita coincidió con el de dos señoras muy mayores, que quedaron extasiadas al asomarse al mosaico de flores. Con esta son ya media docena de perspectivas de las Torres Kio, el depósito elevado y el obelisco, a cada cual más exótica, incluidas en el blog, siendo esta sino la más hermosa si la más inesperada y colorida.



312.2.- Mosaico de petunias. Parque del Canal (Madrid).

Las cosas lindas me recuerdan a tí. Ya se que no te gusta que te diga que eres hermosa, pero en mi blog tengo plena libertad de expresión. En esta imagen serías el centro de atención de todas la miradas, una flor entre tantas, aunque la más bella de todas. Sólo los niños y los blogueros tienen libertad para decir lo que se les antoja. Sí, luego llegarán los castigos, tus enfados, mi destierro, el no hablarnos, el decirme que me invento películas y me las creo. Todo por no saber callarme, por no soportar verte sonreír sin que mi corazón proteste por el esfuerzo de verse sometido a la felicidad extrema.

311.- Laberinto de agua. Parque del Canal (Madrid).



311.1.- Laberinto de agua. Parque del Canal (Madrid).

Los otros cuatro rectángulos del parque no ocupados por zonas de césped son diferentes entre sí. En cada uno se ha ensayado un procedimiento decorativo, aunque con el elemento común del uso del cuadrado para la creación de mosaicos. El laberinto de agua se sitúa en la esquina sureste del parque. Sobre una lámina de agua se han dispuesto caminos que la sobrevuelan, con un círculo central en el centro geométrico de la piscina. El conjunto recuerda vagamente a un laberinto y de ahí su nombre, supongo. Una alineación de pequeñas biotas remarcan el perímetro del laberinto. Como todos los parques de reciente construcción, adolece de arbolado maduro y de cierto déficit de sombra, por tanto. El tiempo subsanará el inconveniente, como ya lo hizo hace unos años con este mismo problema en el parque entorno a la Torre Picasso de Madrid. Cuando era niño el cemento dominaba sobre la vegetación. Hoy día el arbolado ofrece un dosel elevado que aísla el parque de su entorno urbano.



311.2.- Laberinto de agua. Parque del Canal (Madrid).

Madrid es una ciudad sin apenas planificación, pero un caos que deviene en mágico acierto algunas veces. El mejor ejemplo sería la Plaza de la Cibeles, compuesta con 4 edificios de cuatro siglos diferentes. El caso es que empiezo a cambiar de idea en cuanto a la improvisación de la Plaza de Castilla. Pasear por su entorno ofrece innumerables alternativas distintas, cada una con características propias, sobre la forma de mirar sus hitos arquitectónicos. La imagen es pura geometría. Líneas horizontales, verticales e, incluso, otras que la otorgan profundidad y permiten verla en tres dimensiones. Ese cielo con cirros que la abarrota de figuras en vez de vaciar la imagen.



311.2.- Laberinto de agua. Parque del Canal (Madrid).

Cuando visité el parque el único fallo que consideré fue la suciedad del agua. En realidad no lo está. Es agua estancada cuyo periodo de renovación desconozco. Es lógico que genere poblaciones de algas. En realidad si está limpia de objetos y basura, tan habituales en cualquier lugar frecuentado por personas, incluso en parajes de alta montaña si son conocidos por los excursionistas. El cuidado del parque es impecable. También su limpieza. Ni un solo ejemplar de arbolado o tramo de seto ofrece mal aspecto. Las huellas del trabajo de las tijeras de podar y la segadora están en todas partes. Es agua clara, aunque el fondo de los estanques esté verdoso. Durante el tiempo que estuve en el laberinto ninguna otra accedió a él. Imagino que una sola visita basta para experimentar todo la diversión que ofrece. Los parques son para sentarse en los bancos o para pasear. Y las pasarelas sobre las aguas del laberinto quizá no sean el lugar idóneo para abstraerse con la charla de la compañía.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

310.- Praderas del Parque del Canal (Madrid)



310.1.- Pradera del Parque del Canal (Madrid).

El Parque del Canal ocupa las cubiertas del depósito del Cuarto Depósito del Canal de Isabel II. Tiene forma de rectángulo, que puede dividirse en 8 partes, a su vez rectangulares, dispuestas en dos filas de forma simétrica de 4 rectángulos. Los 4 rectángulos centrales están ocupados por zonas de césped, con láminas de ella dentro de las praderas, lagunas de aguas muy someras, como una piel de agua recubriendo los depósitos del subsuelo. La hierba parece haber sido regada con agua reciclada y se trata de una mezcla áspera apta para el pisoteo, bien cuidada y segada. El olor a hierba cortada impregna el aire. El teoría se trata de zonas de acceso restringido. Así se hace saber con carteles y cerrando los accesos con cadenas, fáciles do sortear por otra parte. La gente hace caso omiso a la prohibición y entra en las praderas para jugar al fútbol, pasear a sus perros o, incluso, para practicar el yoga o tomar el sol como si se tratase de una piscina. La invasión es de pocas personas todavía y parece que por ahora se hace la vista gorda. En el rectángulo de césped más distante de la Plaza de Castilla vi en la distancia a una chica en bikini tomando el sol pero. Hice amago de ir a curiosear pero, tonto de mí, tu recuerdo me rondaba la cabeza toda aquella mañana y me pareció una forma de ser infiel, no ya a tí, que es dudoso que quieras ningún compromiso conmigo, salvo quizás el de una amistad, mientras tus enfados toleren tenerme cerca, sino a lo que siento por tí, que es mucho y casi todo ello subterráneo e inédito.



310.2.- Pradera del Parque del Canal (Madrid).

Leí en algún sitio... Bueno, en realidad recuerdo donde, en un número de la versión española de la revista Omni, que duró muy pocos números. Había un articulillo en aquel ejemplar dedicado a las praderas de césped. Por lo visto, a los científicos les ha intrigado siempre la fascinación que éstas ejercen sobre las personas. Hay una querencia desmesurada por ellas. Nos gusta caminarlas, tumbarnos en ellas, verlas incluso. Quien no recuerda ese momento impactante en que por primera vez ves el estadio de fútbol de tu equipo. En mi caso fue el Bernabeu. Y a la solemnidad del momento se une la desmesura en las dimensiones del rectángulo de hierba. Casi una hectárea. El momento para mi fue tan impactante como cuando vi los bosques de columnas de la Mezquita de Córdoba o el Portal de La Glora de la Catedral de Santiago. ¿Cual es la razón de esta fascinación? En la revista se apuntaba una teoría muy convincente. La mayor parte de la historia de la especie humana se desarrollo en su época como nómada cazador y recolector. Las zonas de césped nos recuerdan aquellos tiempos en que recorríamos las pastos con la casa a cuestas. Buena parte de nuestra memoria colectiva se desarrolla en escenarios parecidos a las praderas de nuestros parques y esa sería la razón de su éxito inexplicable. Lynn Margulis, la mujer del fallecido Carl Sagan, hoy día casi más conocida que lo que él lo fue en vida, tiene una teoría emparentada para explicar porque las mujeres cogen a  sus bebés con el brazo izquierdo. La contaba su marido orgulloso en uno de sus libros. También sería una reminiscencia de nuestra época como nómadas. La mujer portaría al caminar al bebé en su lado izquierdo para que se recostara sobre su pecho y al escuchar el corazón de la madre se calmara. Un sonido conocido, el único en realidad, durante el embarazo. Esta estrategia permitiría avanzar más rápido a pesar de la carga y tener libre el brazo derecho. Nuestra fascinación por los céspedes es cara. Lo era hace años al menos. Hoy las mezclas de semilla que se utilizan, gracias a los avances de la genética, son muy resistentes al pisoteo y son muy frugales en cuanto a sus exigencias de agua y nutrientes. El uso de agua reciclada abarata aun más los costos. Pero cuando eran caros tampoco nos privábamos de ellos. Es cierto que son un solaz para la vista. Mirarlos, además de ser un placer estético, tiende a calmarlos.



310.3.- Pradera del Parque del Canal (Madrid).

Me imagino a los dos tumbados sobre esta hierba charlando al atardecer. No, no es una imagen que evocara ese domingo en que visité el parque, sino ahora. Y todo deriva de la necesidad de hablarte, de que te echo de menos, de que me intriga saber si las sombras en el ocaso de ambas estructuras se alargarán hasta donde fantaseo que estamos. Poniente es la dirección a la que mira la cámara, así que las sombras de las cosas saltarán a nuestro encuentro. Nosotros podríamos tener a un niño en un cochecito. Es correr mucho, lo se, pero ya bromeamos sobre eso. Salvo por el pequeño detalle de que yo lo hablaba entonces muy en serio. Tan niña eres en tus modos que no concibo otra posibilidad que la de que seas una magnífica madre. Estamos tumbados sobre la hierba después de venir caminando desde casa. Tu estás descalza y tienes los ojos cerrados. Acaricias con los pies la hierba para sentir su frescor. Cae la tarde. Me hablas de algo que ahora no logro escuchar, mientras te miro. Hacerlo me calma, me hace sentir que todo encaja como un puzzle. Que existas y estés junto a mí es la prueba irrefutable de algo importante que tiene que ver con el cosmos. Tú repites la pregunta algo alterada y me recriminas el que no te escuche. Pero es que todos mis sentidos no son suficientes para captarte por completo. Tu enojo, lo temo tanto, lo echo tanto de menos. Te cojo uno de los pies, creo que el derecho, y tu te ríes olvidando de repente la discusión incipiente. Anoche en Madrid. Y todas las sombras al fundirse unas con las otras son incapaces de opacar el brillo de tus labios cuando mana de ellos tu risa.



310.4.- Pradera del Parque del Canal (Madrid).

La imagen está orientada hacia el norte y permite ver el edificio diseñado por Norman Foster. El pino con la copa más grande, a la izquierda de la hilera de arbolado, impide ver la estación de autobuses de Atocha, cuya marquesina si no estuviera sería visible. No es el tipo de césped al que estamos acostumbrados. Es más áspero, con flor en ciertas zonas, con algunas calvas o áreas parduzcas. Aun así, quizá sea incluso más hermoso que esos otros de un verde siempre vibrante, porque el aspecto algo descuidado les confiere cierta naturalidad. Las líneas del paso de la segadora crean sensación de avance hacia puntos concretos de la imagen. Las líneas parecen estirarse precisamente en dirección al edificio de la antigua Ciudad Deportiva del Real Madrid, realzando su importancia. Incluso la dirección de los cirros sigue esta tendencia.

jueves, 28 de junio de 2012

294.- Jardines del Arquitecto Herrera Palacios (Parque del Retiro - Madrid)



294.1.- Jardines del Arquitecto Herrera Palacios (Parque del Retiro - Madrid).

A la clausura de la Casa de Fieras la superficie ocupada por ésta volvió a cumplir la función de zona ajardinada. A las nuevas áreas creadas a expensas de la antigua zona zoológica se las denominó Jardines del Arquitecto Herrera Palacios. Domina en ellos los setos moldeados con tijeras podadoras, una práctica que confieso no tengo muy claro si me gusta. El efecto estético favorable de la práctica de la topiaria, que así se denomina este arte, es indudable, pero igual que se censura la tortura de un animal no se porque hacerlo con las plantas ha de salir gratis. Los árboles han nacido para alcanzar los cielos o morir en el empeño. Recortar sus sueños podando o creando bonsais me parece una canallada. El edificio que se ve al final del paseo es el de la Casa de Fieras.



294.2.- Jardines del Arquitecto Herrera Palacios (Parque del Retiro - Madrid).

Un árbol, un seto vivo si se prefiere, que parece una tarta de boda no puede ser algo deseable. El impacto visual es innegable, ver este tipo de poda en lo que creo que es una cupresácea, aunque cualquiera sabe ya que me han birlado el porte característico del árbol, sorprende. Pero de esta forma se le está desvirtuando, impidiendo que exprese la belleza que lleva dentro, y no se hasta que punto se le está ridiculizando.



294.3.- Jardines del Arquitecto Herrera Palacios (Parque del Retiro - Madrid).

Amarte para que la primavera tenga un propósito, para que los árboles amarillos no parezcan una extravagancia de la naturaleza. Amarte porque de otra manera sería un sinsentido la vida, una larga y desesperada carrera hacia la nada. El que nada tiene no teme perder nada. Se ama más lo que se busca que lo que se tiene en los bolsillos. Por eso no tener tu amor es una ventaja, porque me moviliza el corazón que de otra manera estaría quieto. Bajo la fronda de este árbol algún día te robaré un beso. es más, me lo devolverás encantada de mi atrevimiento. Si tienes agallas deberías aceptar esta apuesta. Olvido si eres tú quien me la ganas. Felicidad si acaso se obra el milagro y soy yo el que la vence.



294.3.- Jardines del Arquitecto Herrera Palacios (Parque del Retiro - Madrid).

Lástima no haber tenido hijos. Me hubiera gustado. Quizá así es mejor para todos. Alguna mujer he querido que creo que hubiera sido buena madre. En realidad creo que todas las que mi corazón escogió. Una ya lo era cuando la conocí. Otras dos lo fueron después de salir de mi vida, y una contra pronóstico respondió ante el reto de forma magnífica porque le tocó ser madre soltera. La última, la más reciente, aun es muy joven para atarse a esas responsabilidades, pero se que lo hará maravillosamente bien. Es una opinión, puede que me equivoque, pero creo que las mujeres maduran más tarde ahora. Ya se que parece todo lo contrario, acceden antes al revoltijo del sexo y del amor, tienen poder adquisitivo mucho más pronto, y la sensación es que pisan más firme. A mi me da que es al revés. Adolescentes que fingen ser terribles come hombres y lo que en realidad ansían es que alguien les bese la frente y les de las buenas noches al acabar la jornada. Adolescentes que lo siguen siendo tras cumplir los 20, porque eso de formar familia propia cada vez se retrasa más y más. No es una crítica. Al revés, probablemente para mi fuera una ventaja ahora que tengo más años de la cuenta y solo puedo jugar ya la baza de mi aire paternal. Los toboganes me daban miedo de niño. Vi a muchos caer de cara. Mi hermana se machacó la muñeca ejercitando esta suerte. Era la cafre de mi casa, la indomable, la que no tenía miedo de nada. Qué lugar tan hermoso para llevar a tus hijos a que jueguen. Eso que ya no será. Contigo de la mano mientras nuestros hijos ríen y se pelean mientras levantan castillos de arena. Tan simple, tan imposible para mí. Habrías sido la madre de mis hijos perfecta. Y el resto del tiempo ni niña chiquitina.

domingo, 24 de junio de 2012

293.- Casa de Fieras del Parque del Retiro (Madrid)



293.1.- Estatua a la Diosa Hera (Parque del Retiro - Madrid).

La estatua de la Diosa Hera está situada junto a la entrada al recinto de la Casa de Fieras del Retiro. Era inevitable que esta diosa tuviera alguna escultura en Madrid, siendo protagonista según la mitología griega de la creación del tiro de la carroza de La Cibeles. Todas las historias que se narran en esta mitología tienen como motor las infidelidades de Zeus a su hermana y esposa, Hera. Escuchar como consigue Zeus burlar la resistencia de las muchachas o los jóvenes que desea es la mitad de la diversión. La otra la forma en que Hera se las hace pagar a las pobres víctimas. En la representación escultórica del Retiro aparece con sus símbolos característicos, una granada en la mano y un pavo descabezado enroscado en su pierna. Puede que la escultura no sea de gran valor o calidad pero, al igual que pasa con la de Hércules vista en la entrada anterior, el rincón vegetal en el que se inserta crea un marco de gran belleza para la imagen. En este caso se trata de un seto vivo moldeado con tijeras de podar, un doble círculo en cuyo interior se sitúa la diosa, con un pino piñonero a modo de telón de fondo. La inclinación del árbol es preocupante, por lo que es sostenido por dos pértigas que impiden que caiga. Por ahora. El edificio de atrás del todo pertenece a la Casa de Fieras, y fui a visitarlo porque el ayuntamiento iba a ejecutar unas obras para convertirlo en biblioteca, dándole un uso a una construcción que llevaba tiempo vacía, sin función alguna.



293.2.- Estatua a la Diosa Hera (Parque del Retiro - Madrid).

No sabía que los personajes mitológicos se representaban con objetos simbólicos para identificarlos. Es lógico. Es lo que se hace con los santos en la pintura y la escultura. Un águila junto a su figura, por ejemplo, identifica a San Juan Evangelista. Sin la granada y el pavo sin cabeza podría ser una jovencita sonriente cualquiera. Es curioso lo dulce que parece Hera cuando sabemos que ha sido el mayor bicho de la Historia de la Literatura. Las adolescentes terribles, siempre caprichosas, vengativas con quienes creen que los agravian. La verdad es que esta imagen me cuadra más que la que tenía en mente al leer sus proezas. Siempre la había imaginado como toda una señora defendiendo su hogar, lo que se imagina que lo forma, una especie de Scarlet O'Hara. Hera lleva la ropa muy ajustada. El vuelo de su túnica lo riza el viento descubriendo sus piernas hasta sus rodillas. Va descalza. Podría bajar del pedestal y ponerse a caminar por la hierba. La veríamos tan hermosa y joven, con sus cabellos rizados, sonriente y soñadora, y algún desavisado, el más valiente, se acercaría a tratar de entablar relación y sufrir sus iras. porque este tipo de mujer al final siempre desfoga sus frustraciones en los demás, el enejo que le supone la diferencia que hay entre lo mucho de lo que disfruta y lo infinito que cree que se merece. Según parece la estatua fue esculpida en 1750. Está en su actual emplazamiento en el Retiro desde 2006, donde se colocó procedente de los jardines de Cecilio Rodríguez en sustitución de otra escultura, la de un efebo, que desapareció una noche misteriosamente. El árbol tras la diosa muestra síntomas de su enfermedad. Tiene una herida en la madera y lo que parecen síntomas de una pudrición supurante. Tiene los días contados, pero aun conserva belleza en su decadencia. La juventud de la belleza la aporta la diosa Hera, doblemente inmortal, por un lado por ser de piedra caliza y no de carne y hueso, y por otro por ser deidad del Olimpo.



293.3.- Casa de Fieras (Parque del Retiro - Madrid).

la Casa de Fieras es uno de los grandes mitos de mi primera infancia. Cuando yo era muy niño no existía un zoológico en Madrid. Había algo que llamaban Casa de Fieras en el Retiro, de la que me hablaban mis padres, en la que se supone que había estado siendo muy chico, y que siempre estaba cerrado. En realidad si visitas las instalaciones entiendes que aquello tenía que ser clausurado. Aun suponiendo la mejor intención en quienes lo dirigían y cuidaban para con los animales, las condiciones en las que estos vivían no podían ser buenas. Me costó encontrar un encuadre decente del edificio. Y era imperativo. La diosa Hera no estaba en el plan de trabajo pero este edificio sí. tenía que fotografiarlo para incluirlo en mi informe. Me gusta de esta imagen su tremenda profundidad de campo. Al verla me siento como Robert Rossen cuando lograba esos encuadres prodigiosos en sus películas, con planos y más planos de acción superpuestos unos detrás de otros, haciendo más claro el espacio tridimensional en el que nos desenvolvemos, aunque la pantalla del cine sea realmente plana. El árbol de la esquina, junto a la entrada, es una sequoia, una reliquia viva.



293.4.- Casa de Fieras (Parque del Retiro - Madrid).

Los únicos animales que se exhiben hoy en día son los que pueblan este estanque, patos y pavos. Pero en otros tiempos hubo osos y grandes felinos. Tengo un vago recuerdo de la existencia de una jaula con tigres, peor lo mismo es una invención de mi memoria. Quien primero tuvo la idea de crear un parque zoológico en los terrenos del Retiro fue Carlos III. Al Museo de Ciencias Naturales y el Real Observatorio Astronómico se sumaba un recinto con animales en lo que ahora es la Cuesta de Moyano. En el siglo XVIII se trasladó el recinto con animales a la zona más cercana a la Puerta de Alcalá. Tras la Guerra de Independencia, durante la cual el ejercito de napoleón arrasó el parque, árboles incluidos, Fernando VII mando trasladar la casa de fieras a su último emplazamiento, donde estuvo abierto hasta 1972.






293.5.- Casa de Fieras (Parque del Retiro - Madrid).


Parece ser una pajarera o una jaula para animales pequeños. Delante de la misma hay un Ficus benjamina, o al menos eso es lo que a mi me parece. tampoco es que el zoológico nuevo de la Casa de Campo me entusiasme. Lo he visitado una vez y me produjo más tristeza que otra cosa. Los animales según mi experiencia, no han nacido para ser observados, menos aun exhibidos. Pero tampoco quiero hacer una cruzada de eso. Quizás cueste verlo al primer vistazo, pero hay un duende encaramado en lo alto de la caseta de piedra, sentado en el borde y tocando la flauta. Traté de fotografiarlo de cara pero la luz venía de enfrente y las imágenes resultantes no eran buenas. El color verde-azulado muy claro creo que en parte es un efecto de la luz que incide de lleno en la estatua.






293.6.- Kiosko del Paseo de Coches (Parque del Retiro - Madrid).


Que levante la mano quien no haya paseado por el Retiro con alguna novia. Poco dinero y muchas ganas de estar juntos. Y a veces son tantas las horas que se acaban los argumentos para distraer las horas. Mi noviazgo con Victoria fue un noviazgo en la calle, de paseos interminables. Oficialmente duró tres meses. El tiempo que medió entre el reconocernos como una pareja y el momento en que ella se dio cuenta que aquello no iba a ninguna parte. Mi padre murió un 28 de agosto y ella me dijo que quería romper muy pocos días después, cuando septiembre se cernía ya sobre el calendario. Así que fue un noviazgo de verano, con plena luz. Acudir al funeral de mi padre le debió parecer demasiada realidad para ignorarla. Llevábamos dos años jugando a querernos, viviendo a espaldas del mundo, paseando por la ciudad como si fuera nuestra, como si el futuro aguardase en el cruce con alguna bocacalle. Creo que hizo bien. El instinto la hizo salvarse en el último momento. Dios sabe que tras los años transcurridos sigo en el mismo sitio que entonces. A ella la acabo de ver hace un momento. Nos hemos cruzado aquí cerca, en la acera sombreada por los plátanos, y hemos fingido no vernos. Llevaba a una niña de la mano. Imagino que era su hija. La quise mucho, esa es mi disculpa. Y supongo que todo ese amor sobrevive en alguna parte, que ilumina algún trecho de cielo en esos momentos de la madrugada en que noche es lo único que se interpone entre el olvido y el alba.

sábado, 23 de junio de 2012

292.- Paseo de Coches (Parque del Retiro - Madrid)



292.1.- Paseo de Coches (Parque del Retiro - Madrid).

El Paseo de Coches del Retiro fue abierto en 1873 durante el reinado de Alfonso XII, que parece ser el momento en que se racionalizó el uso del recinto, con la colocación de verjas, puertas, trazado de camino y adornos. Los coches a los que alude su nombre eran en principio de caballos, aunque hoy día el firme está asfaltado. No obstante hoy es de uso privativo de peatones, aunque haya que tener cuidado con los ciclistas. Años después de aquel episodio con la novia barcelonesa de mi amigo, estábamos toda la pandilla una mañana de domingo paseando por este paseo. La pandilla la formaban dos matrimonios jóvenes, una niña de unos 3 ó 4 años, una renacuaja que acababa de aprender a andar y un servidor. Un ciclista pasó como un rayo junto a la chiquitina y su madre, lógicamente, se asustó y le recriminó su temeridad. Lo que ya fue excesivo fue descalificar a todos los madrileños en conjunto y, tras dos o tres años, zanjar aquel momento junto a la reja del parque con un "¿Ves como no es bueno pasear por aquí?".

El paseo de coches es conocido por ser en él donde se celebra la Feria del Libro de Madrid. Iba todos los años con mi padre. Algún libro caía de regalo siempre. A veces más. Mi padre es la única persona que recuerdo que se me acerca un tanto en mi pasión por los libros. Mi casa está llena de ellos. La colección de mi padre está siendo desplazada milímetro a milímetro, estante a estante, por la mía. Nada más hermoso que un libro recién impreso, con sus páginas perfumadas por el olor a tintas y resinas. No soy bibliófilo porque detesto la vejez en los libros. Siempre me dicen que lo hermoso de un libro viejo es saber que ha pasado por muchas manos, que tiene una historia. A mi me gusta pensar que los libros son solo míos, que no tienen más periplo vital que mis propias manos. No me gusta prestarlos. De niño a mi hermano mayor le reñía por abrirlos en exceso y hacer que se cuarteasen por el lomo. Odio a quienes anotan en sus márgenes, subrayan frases que les impactan, les hacen reflexionar o les inspiran, doblan esquinas de las páginas para señalar pasajes concretos. Estoy en contra de las torturas con los libros. En mi casa llegó a ser una preocupación mi pasión por ellos. A la feria del libro iba solo a recolectar catálogos. Lo cierto es que los libros nunca me han traicionado. Algunos me han decepcionado porque tenía puestos en ellos muchas expectativas, pero nunca me han dado menos de lo que tenían ni han rehusado atenderme cuando los he requerido. Puestos a escoger entre libros y personas lo tendría muy difícil sino existiese esa trampa llamada afecto humano, que a la larga siempre te devuelve a la soledad. A una soledad repleta de libros, de pilas de ellos por todas partes.






292.2.- Sala de Fiestas Florida Park (Parque del Retiro - Madrid).


Con fachada al Paseo de Coches, en esta mítica sala de fiestas, Florida Park, era uno de los lugares donde había que actuar para consagrarse en la noche madrileña cuando la TV aun no tiranizaba el mundo del espectáculo. La construcción que fue germen del actual Florida Park, el edificio de planta circular y abovedado de la izquierda, denominado actualmente Salón Pombo por ser este poeta un habitual, es obra de Isidro González Velázquez, arquitecto madrileño al que la ciudad le debe un sinfín de pequeñas joyas, no siempre vistosas. En su haber está la Casa de Fieras, que era la razón de mi visita al parque, el monumento a los caídos por la patria el 2 de mayo, en la Plaza de la Lealtad, en la Bolsa de Madrid, para entendernos, así como la remodelación de la Plaza de Oriente. Este pequeño edificio se construyó en 1814, por encargo de Fernando VII, que quería diversas construcciones para su recreo. Construcciones románticas, cabañas, quioscos o cenadores con autómatas dentro.

Con el paso de los años el complejo se fue ampliando. Se fueron añadiendo más construcciones a medida que fue cambiando su uso: El invernadero y la pista de baile. Ha sido pabellón de caza, balneario, capilla, terraza-cafetería, vaquería. Durante la dictadura de Primo de Rivera fue un "dancing". Tras la Guerra Civil  un salón de té. Con la llegada de los americanos a la base de Torrejón, se puso de moda como sala de fiestas. En los años 70s, con la llegada de la TV, fue utilizado como escenario para los programas musicales de José María Íñigo y los shows de fin de año.






292.3.- Paseo de Coches (Parque del Retiro - Madrid).


Los del Paseo de Coches no son árboles extraordinarios. Plátanos (Platanus sp.) y pinos piñoneros (Pinus pinea), pero su porte es excelente, sobre todo en los segundos, y el crecimiento también, en este caso el de los primeros. El asfalto del pavimento es claro, y supongo que no es una casualidad. De esta forma parece un sendero de tierra apisonada, se integra mejor en el entorno. A la derecha en la imagen hay una escultura. Es una representación de "Hércules y el león de Nemea, el primero de los episodios de los "Doce trabajos de Hércules". Ya sabemos lo que le gustaba a Zeus tirar una cana al aire. De resultas de una de ellas Alcmena engendró a Hércules. El ufano padre proclamó que su siguiente hijo heredaría la corona y reinaría en el Olimpo. Hera, su legítima, al enterarse amañó el concurso haciendo que Hércules, que iba en cabeza en la carrera, naciera dos meses más tarde, adelantando el nacimiento de Euristeo tres meses, que nació con taras físicas y morales por el parto prematuro. Hera ya fue siempre enemiga de Hércules. Tuvo muchos, quizá lo fueron todos, porque ningún corazón alberga más odio que el de una mujer engañada por su marido, pero Zeus fue su preferido, a quien mayor placer le causaba mortificarlo. Una vez casado y con hijos, le hizo beber un veneno que lo enloqueció, matando a sus propios hijos y su mujer. En la serie de la TV lo cuentan divinamente. Al recuperar la razón se aisló de todos. Fue a buscarlo uno de sus hermanos, uno de tantos, que ya sabemos como se las gastaba Zeus. Éste le convenció para que volviera a la civilización. Fue a visitar a la Sibila de Delfos, que le impuso como penitencia servir como esclavo durante un tiempo de su más odiado enemigo, que no era otro que Euristeo, quien usurpaba su legítima Corona. Hubo de realizar doce trabajos para recuperar la libertad. El primero de ellos fue abatir al león de Nemea para obtener su piel, que era tan dura como la piedra. El simpático felino se escondía durante el día y por la noche mataba a todo bicho viviente que se cruzaba por su camino. Para que hacer distingos. Hércules trató de cazarlo utilizando diversas armas: un arco, un garrote, una espada. Pero ninguna era capaz de traspasar o hacer mella en la piel del león. Así que hubo de matarlo con sus propias manos tras acorralarlo en su guarida. Una vez muerto le arrancó la piel usando como utensilio las propias garras del cadáver. Esta treta se la sopló Atenea, que se le apareció en forma de anciana para darle la idea. Se puso la piel como coraza y fue a llevársela a Euristeo, que al verlo se asustó tanto que le ordenó que a partir de entonces los frutos de su trabajo, las otras once tareas que le iba a encomendar, los depositase extramuros de la ciudad. Se dice que la escultura data del año 1650, siendo su primer emplazamiento el Palacio Real, desde donde se trasladó al Retiro durante el reinado de Carlos III. En la imagen la escultura está lejos, pero puede apreciarse claramente a Hércules con la espalda arqueada por el esfuerzo, tratando de abrir las fauces del animal para desencajarlas.






292.3.- Estatua de "Hércules y el león de Nemea Paseo de Coches (Parque del Retiro - Madrid).


Es la imagen del conjunto escultórico que se en la imagen anterior, enmarcado entre setos de flores y con los plátanos como dosel. Es de suponer que en primavera, cuando los árboles hayan echado las hojas, se vea aun más bonito. O en otoño con una alfombra de hojas muertas. Encuadre perfecto. Normalmente sufro al ver los fallos. Aquí no logro encontrar nada que me disguste. El muro vegetal se transparente porque es invierno. Hasta el espectro de los edificios de la próxima Avenida Menéndez Pelayo mejora la imagen.

jueves, 21 de junio de 2012

291.- Plaza de Guatemala (Parque del Retiro - Madrid)



291.1.- Paseo de Panamá (Parque del Retiro - Madrid).

Lo he contado tantas veces que no me extrañaría que ya lo hubiese hecho en el blog. Le preguntaron en cierta ocasión a Robert Redford su lugar preferido para vivir. Su respuesta fue exactamente esta: "Otoño en Madrid. Resto del año en Nueva York". Madrid no es ciudad demasiado conocida. Últimamente parece estar experimentando un cierto éxito turístico, pero siempre ha tenido sus entusiastas. Ava Gardner lo fue hace muchos años, incluyendo su pasión por las noches madrileñas, aunque a uno le cuesta creer que fueran demasiado esplendorosas con la posguerra tan reciente. Redford parece serlo también. En algún lugar leí que en más de una ocasión se le abrió el Prado a deshoras para poderlo visitar con tranquilidad. Tal vez viese a los fantasmas que Alberti afirmaba que se adueñaban de las estancias y pasillos del museo al caer el sol. ¿Por qué el otoño? Lo cierto es que ese momento es emocionante en esta ciudad. Se la nota entonces insegura, huidiza, melancólica, frágil por el sentimiento a flor de piel. Los tiempos de cambio son difíciles, pero están llenos de temblores del alma. Quizás la vida fluya más rápido entonces, como en la primavera. Pero si entonces la vida despierta y se despereza, en otoño es todo lo contrario, se aletarga y inicia el sueño del invierno. Pienso que Redford ha de ser paseante habitual el Retiro, de sus mañanas frías de otoño, cuando la hojarasca húmeda recubre los paseos terrizos. No deberían barrerse las hojas caídas. Se que es lo correcto, porque su pudrición en el suelo propicia las enfermedades. Hongos y virus se ceban en las partes muertas del árbol, y si alcanzan suficiente virulencia pueden amenazar las vivas, a los árboles en pie. Caminar con la vista hacia abajo levantando las hojas con la punta de los zapatos, verlos brillar por la humedad retenida, quizás con origen en una lluvia reciente o en la escarcha de la mañana. El silencio roto por el rumor del roce entre las hojas. Es un juego y al mismo tiempo un ejercicio introspectivo. El otoño en Madrid es tan hermoso porque la ciudad la pueblan casi tantos árboles como personas, porque se trata de una ciudad modesta a la que pocos han piropeado y que se aviene tanto al esplendor de las flores como a la desnudez de colores en el mundo. Acicalada o sin maquillar, con la cara lavada por la tormenta, su rostro sino hermoso es al menos amable con quien la mira, y entregada con quien la ama. Pude incluir imágenes otoñales del Campo del Moro porque mi visita de trabajo coincidió con esa época. Visité el Retiro en febrero por unas obras relacionadas con la antigua Casa de Fieras. Por eso sus sendas aparecen exentas de hojas a pesar de que los árboles están desnudos. La imagen es la vista contraria a la que muestra la imagen del post anterior, con la Puerta de la Reina Mercedes al fondo.






291.2.- Plaza de Guatemala. Monumento al General Martínez de Campos (Parque del Retiro - Madrid).


El Paseo de Panamá finaliza en el Paseo de Coches, único camino asfaltado del recinto del parque. Justo del otro lado del mismo hay una plaza de pequeñas dimensiones, con un estanque en su centro, que siempre había sido conocido como el Estanque de los Cisnes. La razón del nombre no es clara. Hay quien propone que quizá en el centro de la laguna estuviera el conjunto escultórico que ahora adorna una fuente en un lateral de La Cibeles, frente al Edificio de Correos, hoy sede del Ayuntamiento. Se trata de un grupo escultórico con lo que parece un grupo de patos, y que conozco muy bien porque hice parte de la Mili en el Estado Mayor de la Marina y tenía que salir a regañar a quien quería aparcar su coche justo al lado. Lo cierto es nada se lo impedía desde el punto de vista legal, así que salíamos de la puerta del cuartel, en la entrada que era también la del Jefe del Estado Mayor de la Marina, haciendo sonar el silbato para darle más dramatismo, con ánimo de amedrentar y no tener que discutir. El escándalo disuadió a todos los que trataron de estacionar durante mis turnos. Salvo un tipo que aparcó y saliendo corriendo del coche. Yo fuí tras de él porque si se me escapaba se me caía el pelo. Llegué a tiempo de verle echar una carta en un buzón de Correos y volver rápido al coche para marcharse. Sabía la escandalera que se iba a montar y por eso lo hizo todo tan rápido como pudo. Dimos un gran espectáculo a los viandantes.


En 1904 el rey Alfonso XIII encargó al escultor Mariano Benlliure una estatua ecuestre del General Martínez de Campos, que se sufragó por suscripción popular, y que se inauguró en 1907. Este general es conocido sobre todo por ser el líder del pronunciamiento militar en Sagunto, el 29 de didiembre de 1874, que dió fin a la Primera República y  reinstauró la Monarquía Borbónica en la persona de Alfonso XII, así que cabe la posibilidad de que su efigie a caballo sea víctima de las huestes que Peces Barba denominó como "Los Buenos".






291.3.- Plaza de Guatemala. Monumento al General Martínez de Campos (Parque del Retiro - Madrid).


El pedestal es de piedra caliza y mármol y la estatua de bronce. Muy cerca de este emplazamiento se sitúa el magnífico grupo escultórico que preside el estanque del retiro, dedicado a Alfonso XII y también obra de Benlluire. Como se indica en la leyenda del lateral, Martínez de Campos participó en las guerras de Cuba, concretamente la denominada de los 10 años, y en diversas campañas de la Guerra Carlista, en Cataluña y Navarra. Me gusta la postura del caballo, relajada, como si hubieran parado después de una larga caminata o cabalgada y estuviera distraído con lo que hay a sus pies, mientras su jinete otea el horizonte desde la colina en la que se encuentran. Los árboles esqueletizados por su falta de hojas pero con las yemas foliares en pleno crecimiento, le otorgan un marco natural muy hermoso al conjunto. El agua estancada me gusta menos. Las fuentes en las que no corre el agua tienden a disgustarme.






291.3.- Plaza de Guatemala. Monumento al General Martínez de Campos (Parque del Retiro - Madrid).


La imagen esculpida por Benlliure cambia según el ángulo en que sea vista gracias a la postura de la cabeza del caballo. Ese simple detalle transforma el sentido de todo según la perspectiva. Desde este punto el cuello del animal se retuerce y desaparece la sensación de tranquilidad de las anteriores imágenes. El caballo tal vez esté forcejeando con las riendas. Las nubes dejan en el cielo un espacio en forma de uve justo tras jinete y montura. El uso de las diagonales en pintura es aquí el simple juego del azar, que quita y añade componentes en la composición y los ordena a su antojo. La fortuna también es importante para el fotógrafo, al menos para uno tan poco profesional como yo.

miércoles, 20 de junio de 2012

290.- Puerta de la Reina Mercedes (Parque del Retiro - Madrid)



290.1.- Avenida Menéndez Pelayo (Madrid).

Mis abuelos maternos tenían una casa en la Avenida Menéndez Pelayo. Era un piso enorme. Tanto que si te asomabas al pequeño patio de vecinos la ventana de enfrente era la de otra habitación de la casa. El piso daba completamente la vuelta en redondo al patio. El ascensor era de aquellos antiguos con puerta interior corredera y las escaleras y descansillos de madera que crujía al caminar sobre ella. La casa era de renta antigua. Creo recordar que pagaban un alquiler de 25 pesetas al mes. Algo absurdo, pero así eran aquellos tiempos. Parecía un museo porque estaba llena de cuadros, porcelanas, relojes, muebles de época y antigüedades. Una de las fachadas daba a la avenida y al Parque del Retiro. La terraza era casi un mero mirador enrejado, delo tamaño justo para asomarse, pero las vistas merecían la pena. En realidad pocas tan hermosas como aquella. Madrid tiene déficit de vistas. Las que dan al parque sean quizás la mejoras, las únicas durante mucho tiempo. El portal de mis abuelos era uno de los de la acera de la derecha. El edificio alto del fondo de la avenida es la Torre de Valencia, el mismo que destroza la perspectiva de la Puerta de Alcalá desde la Cibeles, que es lo que lo hizo célebre, para mal. Rascacielos de cuando el cemento era el material pro excelencia, antes de la llegada del aluminio y el vidrio. La altura de los pinos de la acera izquierda delatan la presencia del Parque del Retiro. Árboles quizás centenarios, de elevado porte y copas casi perfectas, bien cuidados, mimados por los equipos de jardinería. Más problemático es atender a las necesidades de los ejemplares del arbolado urbano de aceras y plazas. Madrid es la capital de Europa con mayor número de árboles de Europa. Plantarlos es una obsesión que heredan los alcaldes, lo cual agradezco. No lo es tanto su correcto cuidado.



290.2.- Puerta de la Reina Mercedes (Parque del Retiro - Madrid).

La verja del Parque del Retiro comenzó a construirse en 1865, en tiempos de Alfonso XII. A medida que se construía se creaban también diversas puertas a lo largo de su perímetro. La puerta de la Reina Mercedes se sitúa enfrente de la Calle Ibiza y permite el acceso desde la Avenida Menéndez Pelayo al Paseo de Panamá de la red de camino del parque. Se trata de una puerta modesta. No hay desnivel entre el recinto interior y la calle, como ocurre en otras puertas, donde son necesarios tramos de escaleras. La Reina Mercedes fue la mujer del rey Alfonso XII. Se caso con apenas 17 años tras un flechazo y murió poco después, tras apenas 5 meses de matrimonio. Historia romántica, en el doble sentido del término, que inspiró la película "¿Dónde vas Alfonso XII?", protagonizada por Paquita Rico y Vicente Parra. El título hace referencia a la copla que cantaban las niñas al jugar a la comba:

«¿Dónde vas, Alfonso XII,
dónde vas triste de ti?
Voy en busca de Mercedes
que ayer tarde no la vi»

Al no haber sido madre de rey y no tener derecho por tanto a ser enterrada en el Panteón de Reyes del Monasterio del Escorial, el monarca, con el fin de darle una sepultura digna de una reina, decidió emprender la construcción de una Catedral en Madrid, junto al Palacio Real, en cuya iglesia descansan sus restos desde el año 2000. Curiosamente la calle en la que vivo también está dedicada a esta reina efímera. Momento: 5 de febrero de 2008.



290.3.- Paseo de Panamá (Parque del Retiro - Madrid).

Sobre las antipatías entre madrileños y barceloneses, y me refiero solo a los habitantes de Barcelona, porque la mayoría de las veces que alguien dice "aquí en Cataluña" se trata de un tipo de Barcelona hablando estrictamente sobre asuntos de su ciudad, tengo una historia curiosa. Uno de mis mejores amigos se casó con una catalana de la Ciudad Condal. Noviazgo complicado, pero apasionado, que se desarrollo en fines de semana, con viaje alternos de uno u otro a la otra ciudad. Ella se vino a vivir a Madrid tras la boda, a la que yo no asistí por estar en la Mili. Lo cierto es que pude haber pedido permiso, y es posible que lo hubiera obtenido. Pero no quise. No quería ir a la boda, como no quiero ir a ninguna. A ningún acto social en realidad. Sufro de una aversión casi insoportable a las reuniones multitudinarias. Más si son de gente que conozco. Sería largo de explicar. Más aun convencer a la gente de que es verdad lo que cuento. Siempre digo bromeando que no concibo peor pesadilla que mi propia boda, siendo el centro de atención de un montón de personas. Y siempre que lo digo me contestan que nadie se iba a fijar en mí, porque en las bodas todos los ojos se dirigen a la novia. Y yo me río de la broma, disimulo como puedo el ridículo que siento al haberlo confesado. Lo que quiero decir es que hice esfuerzos por ir a la boda porque trato de evitarlas todas. No había nada personal en ello. No desaprovaba a la novia, aunque es cierto que nunca nos caímos bien. Un día que fuimos a cenar a su casa, y que hubo que probar el consabido "pan amb tumaca", le oí decir a aquella chica que andaluces y extremeños eran unos vagos que vivían a costa de los catalanes. Una versión censurada para la ocasión, para no insultar a las otras 4 personas presentes, incluyendo a su marido, de aquello de que solo los catalanes tienen valía y el esto de los españoles no servimos para nada. Le hice saber, porque la chica tuvo mala pata, que mi padre había nacido en Badajoz y que estaba seguro que era más trabajador que el suyo, sin conocerlo. La cosa acabó mal, aunque con mucho derroche de diplomacia. Me convertí en persona non grata por cerril, y a partir de ahí se me recriminó mi actitud siempre que venía a colación. Debo decir que aquello no surgió de la nada. Aquella chica tenía como tema de conversación recurrente lo horrible que era Madrid. Era constante su empeño en convencernos de lo infelices que éramos viviendo aquí. La gente de fuera cree que los madrileños no queremos a nuestra ciudad. Craso error. No la cambio por ninguna de España y las conozco casi todas. Aquella aversión a lo madrileño se disimulaba indicando que el desagrado era por todas las ciudades grandes en general, pero elogios de Barcelona le oí unos cuantos. Un día, antes de la boda, a los pocos días de conocerla, paseábamos junto al Retiro por la Avenida Menéndez Pelayo. Nos paramos ante una de sus puertas, puede que la de la Reina Mercedes. Entonces hice un sincero acercamiento a ella y me ofrecí a enseñarle el parque. No era/es mala chica, solo alguien con fobias. Pero el terror en aquellos ojos ante la idea de que tal vez conociese algo de Madrid que le pudiera gustar fué casi cómico. Es una actitud más habitual de lo que parece. Se aplica a lugares, colectivos y personas concretas. Muchas personas son reacias a conocer lo que sus prejuicios señalan como negativo para no encontrarles virtudes y tener que desdecirse. En mi descargo diré que soy persona con muchos prejuicios, pero dispuesta a cambiarlos. Nunca fuerzo esas situaciones. Conozco Barcelona y me gusta. Estuve a mis anchas las veces que la visité, que no han sido pocas. Pero ella no quería traspasar la puerta del parque y no sabía que argumentar para evitarlo. Ante mi insistencia, que fue mucha, la cosa adquirió tintes melodramáticos. Miraba a su futuro marido, su novio entonces, pidiendo socorro. Al final se concluyó que amenazaba la tarde con levantarse fresco y íbamos todos desprovistos de chaquetas. La idea se le ocurrió a él, claro, porque ella se quedó bloqueada. Desde entonces en mi memoria la situación se dibuja con la imagen de esta chica agarrada a la verja del parque, histérica por el miedo al Parque del Retiro, y a mi mismo tirando de ella por la cintura para arrancarle las manos de los barrotes y hacerla entrar, como una escena de dibujos animados. Esta actitud, en mi opinión, es muy común en barceloneses, a los que muchas veces he oido despotricar de Madrid sin conocerla. Al final el matrimonio acabó viviendo en Castellón, lugar neutral. Y las pocas veces que mi amigo nos visitaba, casi sin querer, me informaba tras el saludo, lo incómodo que se sentía. ¡Ay, Dios mío, le había lavado el cerebro! Para terminar diré que el tercero del grupo, porque eramos un trío de amigos que nos conocíamos desde hacía muchos años, si que era anti-catalán. De raigambre, con solera. De él aprendí el mote de "catalinos", que prefiero no explicar. Sin embargo, el catalanofobo oficial era yo porque solo yo me enfrentaba a las fobias de la mujer de mi amigo. En fin, da igual.

sábado, 12 de mayo de 2012

277.- Parque de Berlín. Laguna con los tramos del Muro de Berlín (Madrid)



277.1.- Parque de Berlín. Laguna con los tramos del Muro de Berlín (Madrid).

En la parte más baja del parque, en la esquina noreste, está situada la otra laguna, mucho más grande, en la que se instaló en 1990, dentro de la lámina de agua, tres cachos del Muro de Berlín, con su graffiti original, que a punto estuvo de ser eliminado antes de su inauguración por un operario del parque que confundió las pintadas con "guarrería" a eliminar. A la inauguración asistieron los entonces alcaldes de Madrid y Berlin, Álvarez del Manzano y Willy Brandt, respectivamente. Los dos pequeños surtidores apenas si se notan en una laguna mucho más grande que la de los sauces, donde uno solo casi se convierte en un espectáculo de magia para un niño. La ubicación de los tramos de pared de hormigón es asimétrica dentro de una bañera que ya lo es en el dibujo de su perímetro. Tampoco se trata de un monumento. es algo que está a medio camino de la señal de advertencia y el objeto fetiche. Cuesta creer que aquella pared que dividió Europa física, ética y políticamente fuera construida con materiales tan pobres. Cuando era niño los mismos que ahora se les llena la boca con la palabra Democracia, que usan el término como si ellos lo hubieran inventado y patentado, defendían la existencia de lo que Churchill bautizó como "Telón de acero", adjudicando su autoría, la necesidad de su existencia a las democracias corruptas de la Europa Occidental. Habrá quien no se lo crea pero durante años creí que el muro de Berlín lo habían construido los americanos de tanto oir mentir a la gente del PCE.



277.2.- Parque de Berlín. Rodal de magnolios (Magnolia grandiflora) (Madrid).

En la ladera situada al este de la laguna grande los diseñadores del parque optaron por plantar magnolios. Todo el talud está ocupado por este árbol hasta formal un pequeño rodal o bosquecillo. Se trata de una especie relativamente frecuente en Madrid, pero nunca había visto tantos pies agrupados. Su magnífico porte y su floración tan llamativa, muy parecida por otra parte a la de los castaños de Indias, hace que suelan plantarse aislados. Su principal virtud es florecer en pleno verano en agosto, así que será digna de ver la cuesta de la imagen dentro de dos meses. Quizás sea mucho suponer el haber dado el dato de la especie. La Magnolia grandiflora, de flores enormes y blancas, suele ser la que se utiliza en Madrid. Es realmente notable la diferencia en la rectitud de los troncos y el volumen y la densidad de las copas que hay entre los árboles del parque y los de cualquiera de las aceras de las calles del entorno. Las podas abusivas y sin criterio alguno practicadas en los ejemplares de las vías urbanas, así como las continuas agresiones en forma de golpes e inserción de clavos, alambres y grapas, deterioran gravemente el arbolado urbano. Hasta el punto de que es difícil encontrar un pie que no este notoriamente inclinado, con parte de la copa seca o afectado de pudriciones. Por contra, todos los árboles del parque muestran un magnífico aspecto.



277.3.- Parque de Berlín. Acceso noreste (Madrid).

Aunque el parque no esta tapiado ni acotado y es permeable en todo su perímetro, puede considerarse como acceso principal la acera de la esquina de las calles Ramón y Cajal y Marcenado, en la Glorieta de Nuestra Señora de Guadalupe. Los platanos (Platanus sp.) inclinados cada uno hacia el otro, forman como un dosel vegetal en la entrada. Junto a la farola hay una de las escasas fuentes de agua que van quedando en Madrid. Nada tan necesario en verano, sobre todo para los niños, que no dejan de correr por mucho que sea el calor. El agua de la red general de abastecimiento para consumo humano es una de las bendiciones de la ciudad. Pocas aguas hay mejores en España que la que sale por los grifos de Madrid. Cuando se realizan listas de ciudades por su grado de calidad de vida suelen obviarse el dato del clima, lo cual favorece a las ciudades del norte de Europa, y el dato de la calidad del agua, lo cual me parece una trampa aun más grave. Beber agua embotellada en Madrid roza el esnobismo.



277.4.- Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe (Madrid).

La Iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe se encuentra en la esquina de las calles Puerto Rico y Ramón y Cajal, en la glorieta con el mismo nombre y en frente del acceso principal al Parque de Berlín. Se empezó a construir en 1961, según planos de los arquitectos Félix Candela y Enrique de la Mora, con la colaboración de José Ramón Aspiazu y del ingeniero José Antonio Torroja Cavanillas. Si la iglesia de los Sagrados Corazones, junto al Bernabeu, donde hice mi Primera comunión, tiene planta hexagonal, ésta, con un evidente parentesco en cuanto a su estilo por la época en que fue diseñada, tiene planta octogonal, con el octógono inscrito dentro de una circunferencia de 55 metros de diámetro. Es decir, sus dimensiones son apreciables, sin llegar a ser monumentales. En su alzado los vértices del octógono se sitúan a dos alturas, alternados, originando al unir los vértices con el centro de la circunferencia, a mucha mayor altura, una cubierta que es una estructura laminada compuesta por ocho paraboloides hiperbólicos, cuyo espesor no llega a superar los 4 cm.  Los vecinos apodan a la iglesia como "El sombrero mejicano", aunque el edificio trata de evocar una tienda de campaña, concretamente la del patriarca Abraham. Es una forma de simbolizar el deseo de que bajo la carpa de la tienda, bajo el tejado de la iglesia, han de caber todos.

El paraboloide hiperbólico es una superficie reglada, muy útiles en arquitectura, la más utilizada por Gaudí. la gracia de las superficies regladas en arquitectura e ingeniería constructiva es que pueden generarse mediante rectas, es decir, uniendo vigas de una determinada manera. Una recta, mejor dicho, un segmento al moverse genera una superficie reglada. Si no hay giro la superficie será un cuadrado. Si al movimiento del segmento se le incorpora algún tipo de giro genera superficies muy conocidas: conos, cilindros y, en el caso que nos ocupa, paraboloide hiperbólico. Una estructura laminada es una pieza creada con componentes de madera. Si usamos listones podemos crear superficies regladas, que adoptarán formas aparentemente caprichosas, muy vistosas, aprovechando la ligereza y resistencia del material para que sea viable arquitectónicamente. Esta iglesia, que por el escaso interés que ahora despierta lo religioso y su cromática gris pasa muy desapercibida, es en realidad un bello ejemplo del uso de superficies regladas en edificios hacia mediados del siglo pasado. Ante ella pasaba todos los días siendo muy niño cuando iba al colegio en el autobús escolar al tener que recoger a un compañero que vivía en la Calle Puerto Rico.

viernes, 11 de mayo de 2012

276.- Parque de Berlín. Fuente de los sauces (Madrid)



276.1.- Parque de Berlín. Monumento a Beethoven (Madrid).

El presupuesto del modesto monumento dedicado a Beethoven en el parque fue pagado por las ciudades de Madrid y Bonn. Se trata de un busto en bronce del músico, de dimensiones reales, obra del escultor alemán Franz Rotter, ubicado sobre un pedestal de piedra, diseñado por el arquitecto español Guillermo Costa, quizá algo aparatoso y que empequeñece la figura. El volumen de la estructura y el telón de fondo de los árboles hacen que la cabeza de Ludwig se pierda en un primer vistazo. El monumento se sitúa al principio de una calle, sobre el césped, cerca del sendero. Me pregunto si la ciudad de Bonn se sintió algo contrariada, o quizás con mayor motivo la de Berlín, al elegirse un habitante de esta ciudad para que fuera homenajeado en un parque que lleva el nombre de la actual capital alemana. Me huele de que en su momento hubo confusión ya que Bonn era la capital de la RFA entonces. Tampoco está de más recordar al que fue mi ídolo musical en la infancia. La Sinfonía Pastoral es probablemente la pieza musical que más me haya hecho gozar. Luego, cuando cumplí los 17 le fui infiel a la música clásica con el pop-rock. Supertramp, Queen y otros grupos de rock sinfónico me sirvieron de puente.



276.2.- Parque de Berlín. Sendero junto al monumento a Beethoven (Madrid).

Sospecho que los tiempos han cambiado, pero en el pasado era habitual pasear por los parques con tu pareja. Yo lo hice mucho con Victoria por el Jardín Botánico y el Jardín del Moro, dos lugares maravillosos de Madrid que conocí gracias a ella. Me dió algo de vergüenza fotografiar a esta pareja sentada en un banco a la sombra de los árboles, pero esa era mi intención principal cuando situé la cámara para hacer la foto. De hecho tomé dos imágenes porque el primer encuadre no me satisfizo del todo. La tranquilidad y el aislamiento de los parques casa bien con las parejas recientes, cuyos miembros aun están en proceso de conocerse. Los paseos incitan al diálogo, hay cierta intimidad aunque estés rodeado de gente. Lo que ves, lo que te rodea, promueve el pensamiento positivo. Los niños, las praderas de césped, los perros eufóricos por tener espacio en el que correr sin que les riñan ni intenten detenerlos, los árboles, el agua que salta en las fuentes o reposa en las lagunas. Con Patricia hace poco recuperé uno de los jardines de mi infancia, el de la Fuente del Berro, que fue mi patio del recreo muchos años. Nos gustaba pasear y llevar a la perra de su compañera de piso, una schnauzer enana que se asustaba de todo y brincaba como una cordera, haciendo extraños escorzos, yo creo que porque se asustaba de si misma al verse en el aire. El miedo y la pasión por la libertad mezclados ya que aquel animal vivia casi todo su tiempo en la terraza de un apartamento.



276.3.- Parque de Berlín. Fuente de los sauces (Madrid).

En la zona media del parque, a media ladera ya que el terreno desciende suavemente de oeste a este, hay una pradera con algunos sauces llorones (Salix babylonica) en cuyo centro hay una laguna circular con un surtidor de agua. Hacía el suficiente calor, aunque fuera moderado, como para que la visión del agua en movimiento fuera un reclamo irresistible. Primero calculé el mejor encuadre para que la laguna se viera claramente a través de los troncos de los sauces. Tras tomar la primera foto un niño pequeño irrumpio por mi derecha. La fotografía se convirtió en una narración con personajes. Estaba feliz con la ocurrencia del chorro vertical, como si jamás hubiera visto nada tan genialmente divertido. Esa forma de encarar la vida, con asombro, con ganas de descubrir cosas nuevas y disfrutar con ellas es el único paraíso en la tierra.



276.4.- Parque de Berlín. Fuente de los sauces (Madrid).

He leído que en otros tiempo esta y la otra laguna estaban pobladas de peces. Me hubiera gustado ver la cara del niño al descubrir los peces nadando en aguas tan someras. Pero el surtidor fue suficiente recompensa. Le costaba expresar su alegría con palabras a su madre, así que hizo uso de la mímica y con un movimiento ascendente de la mano acompañada de una risa gozosa le hacía saber cuan maravilloso le parecía el surtidor. Su madre le daba la razón y traducía el lenguaje corporal a frases. Soy consciente de que es un imposible pero por un momento me imaginé que aquella mujer eras tú, paseando un día de primavera con tu hijo. Imposible porque aun queda tiempo para eso, para que tengas tus propios niños, y es muy poco probable que haya un futuro en el que coincidamos en tiempo y lugar. Pero es gozoso imaginar y no puedo evitar contagiarme del entusiasmo del niño. ¿Un hijo de ambos? Lo que digo se que es casi blasfemia contra el sentido común, pero últimamente no puedo evitar ver en las mujeres que se ubican en mi corazón como madres en potencia. Cuando te conocí pensé que lo eras, una madre soltera, por lo que decías cuando yo orientaba mi oreja hacia tí. Tardé meses en salir de mi error, el tiempo que se demoró nuestra primera conversación. Casi lamenté que no lo fueras, incluso madre felizmente casada, porque en el papel te veías todavía más hermosa de lo que eres. La ternura casa contigo. Creo que estás hecha para proteger a los que quieres, para darles tu cariño. Lo daría todo por ser una de esas personas.



275.- Parque de Berlín. calle junto a la fuente de los sauces (Madrid).

Será amor mientras el corazón se imponga a la sensatez y la realidad se contente con rondarnos sin invadir nuestro mundo. Ese universo formado por todos los lugares donde puedo imaginarte sin olvidar un solo rasgo de tu divino rostro, por todos los momentos que hiciste tuyos al querer compartirlos conmigo. Me cuesta expresarme con palabras, igual que al niño junto a la fuente. La mímica de los abrazos sería la forma en que quisiera comunicarme contigo. Caminar junto a ti bajo cielos sospechosamente perfectos, aunque fueran soñados, y luego espigar los besos que fueron verdaderos antes de abrir los ojos a la vigilia de la mañana. Será amor mientras me hables a pesar de tus dudas, mientras el temblor no cese y sea capaz de conmover los cimientos de los días yermos. Algún día caminaré contigo por este sendero y todo sucederá tal cual lo imagino ahora mientras miro la fotografía. Entonces cerraré los ojos y te tomaré la mano para guiarte por la ruta correcta. Y nuestra única penitencia será devolver a los labios todos los besos robados antes de volver a abrir los ojos.

P!nk - Please Don't Leave Me