Mostrando entradas con la etiqueta Edificios. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Edificios. Mostrar todas las entradas

domingo, 16 de septiembre de 2012

315.- Plaza de Castilla (Madrid)



215.1.- Isleta central de la Plaza de Castilla (Madrid).

Es difícil lograr que los edificios altos mantengan en el equilibrio en las fotos. No sabría decir por qué. El Obelisco de Calatrava casi parece recto. Creo que es un atractor gravitatorio. Los edificios a derecha e izquierda se inclinan hacia el. Incluso las nubes del cielo se arremolinan en torno a su punto distal como el polvo cósmico en torno a un agujero negro o cualquier otro poco gravitatorio. Las farolas situadas a la derecha se curvan como si intentasen apuntalar la Torre Kío Oeste en su inclinación hacia el suelo, cuando el peligro quizá sea que se enderece y se vea solicitada por el cilindro dorado.



215.1.- Isleta central de la Plaza de Castilla (Madrid).

Cuando fui a tomar estas fotos del Parque del canal mi ánimo no era el mejor. Pocos días después ocurrió algo que fue una inyección de moral. Puro espejismo que se ha ido diluyendo ha medido que ido subiendo las fotos estos días. El mundo da vueltas demasiado rápido, quizá por que vivimos demasiado lejos del eje de giro. En sus proximidades apenas hay movimiento. Vivimos alejados del centro de las cosas. Un eje lo suficientemente prolongado en el punto de giro puede punzar el futuro donde el tiempo permanece detenido, sin que se produzcan heridas. La rotación en el sentido contrario a las agujas del reloj provoca movimiento hacia fuera del plano, hacia el cielo azul. Necesito un escenario así, en un lugar que apenas rote, pero que se abra a los cielos, un escenario que me sobrecoja, que me obligue a hacerme cargo de mi insignificancia para reflexionar de nuevo como aquella tarde en La Bermeja cuando los relámpagos caían cerca de mis pies y decidí cambiar, optar por lo correcto. No voy a explicarlo porque es una emoción y no creo que se entendiera. Ni yo mismo me comprendo. Querer no basta, aunque sea todo el cariño del mundo, hace falta un compromiso, merecer aquello que quieres. Si el cielo rotase en el sentido a las agujas del reloj lo lógico sería que se acercara a nuestras cabezas para sembrarlas de sueños.

jueves, 13 de septiembre de 2012

312.- Mosaico de petunias. Parque del Canal (Madrid)



312.1.- Mosaico de petunias. Parque del Canal (Madrid).

La sorpresa más grata y curiosa del parque es el rectángulo dedicado a mosaicos de parterres de petunias, de diferentes colores cada agrupación, ofreciendo el conjunto un gran impacto visual, inesperado. El rectángulo se sitúa en la esquina noreste del parque, frente al laberinto de agua. Las petunias son de tres colores: rosa, rojo y vainilla. El momento de mi visita coincidió con el de dos señoras muy mayores, que quedaron extasiadas al asomarse al mosaico de flores. Con esta son ya media docena de perspectivas de las Torres Kio, el depósito elevado y el obelisco, a cada cual más exótica, incluidas en el blog, siendo esta sino la más hermosa si la más inesperada y colorida.



312.2.- Mosaico de petunias. Parque del Canal (Madrid).

Las cosas lindas me recuerdan a tí. Ya se que no te gusta que te diga que eres hermosa, pero en mi blog tengo plena libertad de expresión. En esta imagen serías el centro de atención de todas la miradas, una flor entre tantas, aunque la más bella de todas. Sólo los niños y los blogueros tienen libertad para decir lo que se les antoja. Sí, luego llegarán los castigos, tus enfados, mi destierro, el no hablarnos, el decirme que me invento películas y me las creo. Todo por no saber callarme, por no soportar verte sonreír sin que mi corazón proteste por el esfuerzo de verse sometido a la felicidad extrema.

311.- Laberinto de agua. Parque del Canal (Madrid).



311.1.- Laberinto de agua. Parque del Canal (Madrid).

Los otros cuatro rectángulos del parque no ocupados por zonas de césped son diferentes entre sí. En cada uno se ha ensayado un procedimiento decorativo, aunque con el elemento común del uso del cuadrado para la creación de mosaicos. El laberinto de agua se sitúa en la esquina sureste del parque. Sobre una lámina de agua se han dispuesto caminos que la sobrevuelan, con un círculo central en el centro geométrico de la piscina. El conjunto recuerda vagamente a un laberinto y de ahí su nombre, supongo. Una alineación de pequeñas biotas remarcan el perímetro del laberinto. Como todos los parques de reciente construcción, adolece de arbolado maduro y de cierto déficit de sombra, por tanto. El tiempo subsanará el inconveniente, como ya lo hizo hace unos años con este mismo problema en el parque entorno a la Torre Picasso de Madrid. Cuando era niño el cemento dominaba sobre la vegetación. Hoy día el arbolado ofrece un dosel elevado que aísla el parque de su entorno urbano.



311.2.- Laberinto de agua. Parque del Canal (Madrid).

Madrid es una ciudad sin apenas planificación, pero un caos que deviene en mágico acierto algunas veces. El mejor ejemplo sería la Plaza de la Cibeles, compuesta con 4 edificios de cuatro siglos diferentes. El caso es que empiezo a cambiar de idea en cuanto a la improvisación de la Plaza de Castilla. Pasear por su entorno ofrece innumerables alternativas distintas, cada una con características propias, sobre la forma de mirar sus hitos arquitectónicos. La imagen es pura geometría. Líneas horizontales, verticales e, incluso, otras que la otorgan profundidad y permiten verla en tres dimensiones. Ese cielo con cirros que la abarrota de figuras en vez de vaciar la imagen.



311.2.- Laberinto de agua. Parque del Canal (Madrid).

Cuando visité el parque el único fallo que consideré fue la suciedad del agua. En realidad no lo está. Es agua estancada cuyo periodo de renovación desconozco. Es lógico que genere poblaciones de algas. En realidad si está limpia de objetos y basura, tan habituales en cualquier lugar frecuentado por personas, incluso en parajes de alta montaña si son conocidos por los excursionistas. El cuidado del parque es impecable. También su limpieza. Ni un solo ejemplar de arbolado o tramo de seto ofrece mal aspecto. Las huellas del trabajo de las tijeras de podar y la segadora están en todas partes. Es agua clara, aunque el fondo de los estanques esté verdoso. Durante el tiempo que estuve en el laberinto ninguna otra accedió a él. Imagino que una sola visita basta para experimentar todo la diversión que ofrece. Los parques son para sentarse en los bancos o para pasear. Y las pasarelas sobre las aguas del laberinto quizá no sean el lugar idóneo para abstraerse con la charla de la compañía.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

310.- Praderas del Parque del Canal (Madrid)



310.1.- Pradera del Parque del Canal (Madrid).

El Parque del Canal ocupa las cubiertas del depósito del Cuarto Depósito del Canal de Isabel II. Tiene forma de rectángulo, que puede dividirse en 8 partes, a su vez rectangulares, dispuestas en dos filas de forma simétrica de 4 rectángulos. Los 4 rectángulos centrales están ocupados por zonas de césped, con láminas de ella dentro de las praderas, lagunas de aguas muy someras, como una piel de agua recubriendo los depósitos del subsuelo. La hierba parece haber sido regada con agua reciclada y se trata de una mezcla áspera apta para el pisoteo, bien cuidada y segada. El olor a hierba cortada impregna el aire. El teoría se trata de zonas de acceso restringido. Así se hace saber con carteles y cerrando los accesos con cadenas, fáciles do sortear por otra parte. La gente hace caso omiso a la prohibición y entra en las praderas para jugar al fútbol, pasear a sus perros o, incluso, para practicar el yoga o tomar el sol como si se tratase de una piscina. La invasión es de pocas personas todavía y parece que por ahora se hace la vista gorda. En el rectángulo de césped más distante de la Plaza de Castilla vi en la distancia a una chica en bikini tomando el sol pero. Hice amago de ir a curiosear pero, tonto de mí, tu recuerdo me rondaba la cabeza toda aquella mañana y me pareció una forma de ser infiel, no ya a tí, que es dudoso que quieras ningún compromiso conmigo, salvo quizás el de una amistad, mientras tus enfados toleren tenerme cerca, sino a lo que siento por tí, que es mucho y casi todo ello subterráneo e inédito.



310.2.- Pradera del Parque del Canal (Madrid).

Leí en algún sitio... Bueno, en realidad recuerdo donde, en un número de la versión española de la revista Omni, que duró muy pocos números. Había un articulillo en aquel ejemplar dedicado a las praderas de césped. Por lo visto, a los científicos les ha intrigado siempre la fascinación que éstas ejercen sobre las personas. Hay una querencia desmesurada por ellas. Nos gusta caminarlas, tumbarnos en ellas, verlas incluso. Quien no recuerda ese momento impactante en que por primera vez ves el estadio de fútbol de tu equipo. En mi caso fue el Bernabeu. Y a la solemnidad del momento se une la desmesura en las dimensiones del rectángulo de hierba. Casi una hectárea. El momento para mi fue tan impactante como cuando vi los bosques de columnas de la Mezquita de Córdoba o el Portal de La Glora de la Catedral de Santiago. ¿Cual es la razón de esta fascinación? En la revista se apuntaba una teoría muy convincente. La mayor parte de la historia de la especie humana se desarrollo en su época como nómada cazador y recolector. Las zonas de césped nos recuerdan aquellos tiempos en que recorríamos las pastos con la casa a cuestas. Buena parte de nuestra memoria colectiva se desarrolla en escenarios parecidos a las praderas de nuestros parques y esa sería la razón de su éxito inexplicable. Lynn Margulis, la mujer del fallecido Carl Sagan, hoy día casi más conocida que lo que él lo fue en vida, tiene una teoría emparentada para explicar porque las mujeres cogen a  sus bebés con el brazo izquierdo. La contaba su marido orgulloso en uno de sus libros. También sería una reminiscencia de nuestra época como nómadas. La mujer portaría al caminar al bebé en su lado izquierdo para que se recostara sobre su pecho y al escuchar el corazón de la madre se calmara. Un sonido conocido, el único en realidad, durante el embarazo. Esta estrategia permitiría avanzar más rápido a pesar de la carga y tener libre el brazo derecho. Nuestra fascinación por los céspedes es cara. Lo era hace años al menos. Hoy las mezclas de semilla que se utilizan, gracias a los avances de la genética, son muy resistentes al pisoteo y son muy frugales en cuanto a sus exigencias de agua y nutrientes. El uso de agua reciclada abarata aun más los costos. Pero cuando eran caros tampoco nos privábamos de ellos. Es cierto que son un solaz para la vista. Mirarlos, además de ser un placer estético, tiende a calmarlos.



310.3.- Pradera del Parque del Canal (Madrid).

Me imagino a los dos tumbados sobre esta hierba charlando al atardecer. No, no es una imagen que evocara ese domingo en que visité el parque, sino ahora. Y todo deriva de la necesidad de hablarte, de que te echo de menos, de que me intriga saber si las sombras en el ocaso de ambas estructuras se alargarán hasta donde fantaseo que estamos. Poniente es la dirección a la que mira la cámara, así que las sombras de las cosas saltarán a nuestro encuentro. Nosotros podríamos tener a un niño en un cochecito. Es correr mucho, lo se, pero ya bromeamos sobre eso. Salvo por el pequeño detalle de que yo lo hablaba entonces muy en serio. Tan niña eres en tus modos que no concibo otra posibilidad que la de que seas una magnífica madre. Estamos tumbados sobre la hierba después de venir caminando desde casa. Tu estás descalza y tienes los ojos cerrados. Acaricias con los pies la hierba para sentir su frescor. Cae la tarde. Me hablas de algo que ahora no logro escuchar, mientras te miro. Hacerlo me calma, me hace sentir que todo encaja como un puzzle. Que existas y estés junto a mí es la prueba irrefutable de algo importante que tiene que ver con el cosmos. Tú repites la pregunta algo alterada y me recriminas el que no te escuche. Pero es que todos mis sentidos no son suficientes para captarte por completo. Tu enojo, lo temo tanto, lo echo tanto de menos. Te cojo uno de los pies, creo que el derecho, y tu te ríes olvidando de repente la discusión incipiente. Anoche en Madrid. Y todas las sombras al fundirse unas con las otras son incapaces de opacar el brillo de tus labios cuando mana de ellos tu risa.



310.4.- Pradera del Parque del Canal (Madrid).

La imagen está orientada hacia el norte y permite ver el edificio diseñado por Norman Foster. El pino con la copa más grande, a la izquierda de la hilera de arbolado, impide ver la estación de autobuses de Atocha, cuya marquesina si no estuviera sería visible. No es el tipo de césped al que estamos acostumbrados. Es más áspero, con flor en ciertas zonas, con algunas calvas o áreas parduzcas. Aun así, quizá sea incluso más hermoso que esos otros de un verde siempre vibrante, porque el aspecto algo descuidado les confiere cierta naturalidad. Las líneas del paso de la segadora crean sensación de avance hacia puntos concretos de la imagen. Las líneas parecen estirarse precisamente en dirección al edificio de la antigua Ciudad Deportiva del Real Madrid, realzando su importancia. Incluso la dirección de los cirros sigue esta tendencia.

martes, 11 de septiembre de 2012

309.- Depósito del CYII en Plaza de Castilla (Madrid)



309.1.- Depósito del CYII en Plaza de Castilla (Madrid).

El Cuarto depósito de Agua del Canal de Isabel II estaba formado originalmente por 4 vasos, con una capacidad conjunta de 156.000 metros cúbicos. Uno de ellos, el de la imagen, fue parcialmente demolido para la instalación en el hueco de las bombas elevadoras, ya que esta infraestructura, que antes se situaba junto al depósito elevado, había quedado fuera de servicio. La otra parte del vaso fue ocupada recientemente por una sala de exposiciones. Así pues, este cuarto vaso está fuera de servicio actualmente, existiendo sobre su cubierta una lámina de agua que ofrece un gran impacto visual al ser un elemento sorprendente, inesperado totalmente, dentro de la ciudad. El arbolado que puede verse pertenece a la calzada lateral este del Paseo de la Castellana, siendo visible también el Monumento a Calvo Sotelo, que puede servir de referencia para situar lo que ofrece la imagen. El edificio de color beige claro son los Juzgados de Plaza de Castilla.



309.2.- Depósito del CYII en Plaza de Castilla (Madrid).

La silueta de las Torres Kio, el depósito de agua elevado y el Obelisco de Calatrava dominan el ámbito de la Plaza de Castilla y del Parque del Canal, distribuidos de forma diferente según el punto de vista. A la largo de la mañana vi decenas de combinaciones de estos elementos. En esta cada torre se agrupa con una de los otras dos construcciones, como dos parejas rivales en una pista de baile. El obelisco encaja bien con su pareja al coincidir con una de las líneas rojas de su fachada. La otra casi consigue la armonía entre los miembros. La dirección dominante de los cirros parece querer contribuir a favorecer esa armonía.

308.- Depósito elevado del CYII en la Plaza de Castilla (Madrid)



308.1.- Depósito elevado del CYII en la Plaza de Castilla (Madrid).

El depósito elevado de agua situado en la Plaza de Castilla, que con el correr d  los años se ha convertido en un icono más de la ciudad, forma parte del Cuarto Depósito del Canal de Isabel II. Con una capacidad de 3.800 metros cúbicos, su finalidad era dar servicio a los puntos de consumo situados en puntos más elevados que el resto del depósito, estando situadas las instalaciones para la elevación de agua en la actual sede de la Fundación del CYII. Se terminó de construir en la década de los 50s y hacia 1960 ya no era utilizado para su primitiva finalidad. Ahora, aun integrado en el sistema de depósitos, sirve para paliar el efecto del golpe de ariete en las instalaciones del depósito principal. El golpe de ariete, una de esas rarezas tan habituales en el fascinante pero incomprensible mundo de la Hidrodinámica, es una sobrepresión que se produce cuando se cierra o se abre de golpe una válvula, y que puede ocasionar roturas en tuberías. Es triste pensar que fue una de las preguntas del examen final de septiembre con el que aprobé la asignatura de Hidráulica, cuya respuesta bordé, clavando el planteamiento y desarrollo matemático que demuestra su existencia y proporciona una fórmula para calcular su valor, y que ahora tenga incluso dificultades para recordar el significado del concepto. La imagen me recuerda el cielo tan hermoso de aquella mañana de domingo. Momento: 1 de septiembre de 2012.



308.1.- Depósito elevado del CYII y Torre Kio Este, en la Plaza de Castilla (Madrid).

Encajar un gran amor en una vida cualquiera, la propia, claro está, es como lograr la cuadratura del círculo, un encuadre imposible. Una pequeña pasión es más bien como una pequeña obra de marquetería, una obra de taller producto de la paciencia y la habilidad. Los grandes amores requieren sin embargo esfuerzos titánicos para que queden dentro del marco de nuestra vida, transgredir las leyes de la geometría. Siguiendo el símil, no sabría decir cual de las estructuras te representaría a tí y cual a mi. Te veo como alguien cabal, capaz del equilibrio. Siempre has sido más sensata que yo y por eso has sido siempre tú quien más distancia ha puesto entre nosotros. Eres utilidad y pericia, y por eso podría verte perfectamente como un depósito de constancia y acierto. Pero también eres extravagancia, belleza que se torno capricho para los ojos, un desafío para los sentidos, acostumbrados a lo sensato que no les desafíe. A pesar de habitar planos distintos, de diferir en el tamaño de nuestras esperanzas y en la suavidad de nuestros contornos, parecemos próximos por obra y gracia del encuadre y la perspectiva. Te miro y me asombro de que a pesar de que diverjas de mí en valía, hermosura y alegría, aun compartamos un punto de vista, un encuadre, un instante común en nuestras vidas.

lunes, 10 de septiembre de 2012

307.- Paseo de la Castellana (Madrid).



307.1.- Calle General Varela (Madrid).

Vivo en un barrio que en su origen, hacia finales de los 50s y principios de los 60s, estaba destinado a viviendas de familias de militares. Los nombres de las calles dejan claro la adscripción ideológica de sus habitantes. Al menos el ámbito de sus simpatías. Cuando era niño y esperaba en mi portal a la llegada del autobús escolar, mi calle se llenaba de coches oficiales, que aparcaban junto a la acera en espera de coroneles y generales. No eran coches ostentosos como los de los políticos, sino más bien discretos. Utilitarios con chófer en muchos casos. La de la imagen es la calle General Varela, una bocacalle de la Avenida del General Perón, aunque cuando era niño la conociera simplemente como la calle de la pescadería. Fue la única que hubo en mi barrio, atendida por un pescadero de los de manual, con mandil verde rayado. La primera bocacalle a la izquierda es Mártires de Paracuellos, una pequeña callecita en la que suelo estacionar mi coche cuando no hay sitio cerca de mi casa. Es una calle siempre en sombra, con muy escaso movimiento, como si se tratase de mantener la solemnidad y respeto que parece exigir su nombre. En verano esa sombra evita el recalentamiento del coche y es raro no encontrar plaza. Es tiro hecho, evita dar vueltas y vueltas por las calles más próximas a mi casa, siempre copadas coches. En la calle hay plátanos y castaños de indias, terriblemente podados, pero que han crecido mucho al buscar la luz entre los bloques de edificios.

Salí de casa aquella mañana contigo muy presente en mi pensamiento. Desde el primer paso, camino de la Plaza de Castilla, comencé a hablarte. Siempre es más fácil hacerlo si no estás presente. Tienes poca paciencia conmigo, o yo poco tino cuando te hablo, y quería explicarte algunas cosas sin que te enfadaras. Esta de hablar con gente que quiero para mis adentros es una costumbre que siempre he tenido, en momentos de tensión, de desequilibrio o de pérdida. Contarle a quien se fue de tu vida, quizá sin remedio, aquello que quedó por decir y se juzgo importante. Es tan frecuente que no me entiendas que quizá esto de hablarte en mi cabeza se vuelva una costumbre. El caso es que ya no recuerdo de que te hablaba, que trataba de explicarte para que me entendieras. Pero la mañana fue un agradable paseo, contigo a mi lado.



307.2.- Plaza de Castilla desde la boca sur del túnel subterráneo (Madrid).

Es una perspectiva poco lograda. Y no se trata del punto elegido para realizar la fotografía. Es la misma a lo largo de todo el Paseo de la Castellana. El Monumento a Calvo Sotelo, obra del escultor Carlos Ferreira, queda empequeñecido entre las Torres Kío y el Obelisco de Calatrava. Es más, parece como si este último fuese un estilete y el grupo escultórico dedicado al político asesinado su empuñadura. En otros tiempos una perspectiva muy cercana al monumento permitía jugar con las Torres Kio, que parecían de su tamaño y le ofrecían un marco curioso. Se instaló en 1960, cuando la Plaza de Castilla se situaba justo en el borde de la Ciudad. Es coetáneo por tanto del Santiago Bernabeu. Las Torres Kio, obra de los arquitectos norteamericanos Philip Johnson y John Burgee, datan de 1996. Ambos edificios parecían inclinarse para crear un dosel sobre la escultura. Sin embargo, la instalación de la obra de Calatrava lo trastocó todo. Es como si hubiera una intención oculta de soterrar su relevancia, quizá para que nadie se pregunte quien era Calvo Sotelo. Cuestión que para algunas, incluso gente de la derecha, puede da lugar a respuestas incómodas. Por otro lado, el chirimbolo del ingeniero valenciano no se sitúa en el centro de las torres, aunque si que hay una correlación en los tamaños aparentes. Por detrás asoman los cuatro rascacielos de la antigua Ciudad Deportiva del Real Madrid, siendo el más evidente por ser el más cercano a la plaza el diseñado por Norman Forter, con su asa en lo alto, como si un gigante se aprestase a cogerlo para trasladarlo a otro lugar. Era domingo y no fue difícil situarse en la mediana de la avenida. Antes había una fuente en la rotonda centra de la Plaza de Castilla, con un surtidor de gran altura. Cuando se pasaba por debajo, por el túnel, gruesas gotas delataban la existencia de filtraciones.



307.3.- Paseo de la Castellana (Madrid).

Cuando era niño a este tramo de la Castellana se lo conocía como Avenida del Generalísimo. En los libros de Historia los tres grandes personajes de nuestra narración colectiva eran El Cid, héroe de la Reconquista, el cimiento de lo que llegó a ser España, su epopeya; Franco, que nos salvo del caos comunista; y quizá los grandes nombres propios de la Guerra de la Independencia, representantes de los seres anónimos, cuya voluntad y sacrificio también hicieron posible que llegáramos a ser una nación. Supongo que era lógico nombrar así a la gran avenida construida durante la posguerra. Como también lo fue que se le cambiara por el Paseo de la Castellana en cuanto fue posible. De la Estación de Atocha, en la Plaza de Carlos V, hasta el Nudo Supernorte, donde muere la antaño Avenida del Generalísimo, discurre una gran calle con bulevares centrales y varias calzadas, con una unidad reconocible y que todo el mundo conoce como La Castellana, a pesar de que se denomine de otras dos formas en los tramos más cercanos al casco antiguo de la ciudad. Cuando era niño dominaban los descampados, en especial en torno al Estadio Bernabeu. A la avenida se asomaban edificios altos, de unas 10 plantas, pero de baja calidad en su arquitectura y escasa uniformidad en sus fachadas, feas en su mayoría. Muchos de ellos sobreviven tal cual fueron construidos. Algunos han sido remodelados y mejorados en su aspecto, como el Número 110, a la altura de El Corte Inglés de Nuevos Ministerios, y otros se han visto rodeados de edificios que en parte palían o compensan su fealdad. La cirugía urbana es un proceso lento y conseguir una cierta calidad urbanística en este tramo final de La Castellana llevará décadas, si es que se consigue. Aunque el Proyecto Chamartín, la conversión de suelo ferroviario en torno a la estación de tren en suelo urbano, supone una oportunidad extraordinaria en este aspecto. El edificio más lejano de la fachada izquierda de la calle es el Ministerio de Economía.


domingo, 13 de mayo de 2012

278.- Plaza de Nuestra Señora de Guadalupe (Madrid)



278.1.-  Glorieta  de Nuestra Señora de Guadalupe (Madrid).

Lo he descubierto en estas últimas entradas. Me encanta como lucen los semáforos en las fotografías, con sus colores aleatorios. Introducen el azar en la imagen. ¿Y por qué hago un hallazgo tan elemental tras dos años de trabajar en este blog? La respuesta es evidente, hay muy pocas fotos de ámbitos urbanos. Podrá parecer un logro minúsculo este descubrimiento mañanero, pero me invita a seguir buscando motivos dentro de mi propia ciudad. No es que la desdeñara hasta ahora, pero si es cierto que buscaba mostrar paisajes sorprendentes o con carácter y se da por sentado que en el ámbito urbano escasean o son directamente imposibles. Pero ahora que soy como una ballena varada en la playa, que ni vehículo tengo para circular por Madrid, me veo necesitado de explorar mi entorno inmediato si no quiero estancarme en este proyecto. Sí, tengo muchas fotografías de viajes aun inéditos en el blog. Tal vez para seguir durante años. Pero necesito que el presente se involucre para no tener la sensación de que negocio mis obsesiones con un pasado casi fosilizado. A veces es pertinente desenterrar lo que fui para mostrar lo que soy. Hablar de mi usando imágenes en las que no estoy incluido, esa podría ser una forma de explicar este blog. Pero a veces necesito partir desde los últimos días para no sentir que camino hacia atrás. Esos puntos rojos me dan otra vía para recorrer el proyecto. La sombra de los plátanos sobre la fuente de la acera alude tanto al sofoco que sentí ascendiendo por la cuesta de Concha Espina camino del Parque de Berlín hace apenas una semana como a mis correrías de niño cuando perseguir una pelota en cualquier campo de fútbol improvisado era prácticamente mi única misión en la vida. Aprender a beber a morro de un grifo es uno de esos ritos iniciáticos que te ayudan a incorporarte a la comunidad de los hombres adultos. Eso creíamos entonces. Beber sin tocar con los labios el metal, capturando el chorro de agua en el aire, robándole al viento su frescor. Placeres gratuitos. Los únicos que realmente dan una satisfacción plena.



278.2.-  Glorieta  de Nuestra Señora de Guadalupe (Madrid).

Esta fuente siempre tuvo surtidores de agua y abundantes flores en el parterre. El encuadre muestra una de las rutas de escape de Madrid a través de la M-30. Cuando era niño cruzábamos está vía para demostrarnos el valor los unos a los otros. Había que cruzarla para llegar al polideportivo donde teníamos las clases de gimnasia. En los años en que hubimos de hacerlo la M-30 paso de ser una autovía sin apenas tráfico a convertirse en peligrosa para los peatones. Entonces lo que quedaba fuera del círculo interior, incompleto por otro lado porque algunos tramos estaban sin construir, no era Madrid. El barrio de Chamartín que recorro en estas últimas entradas, adquirió su aspecto actual en los 60s y 70s. Pero quien querría huir de estos cielos tan azules y llenos de nubes. Ambas cualidades se deben a la proximidad de la Sierra de Guadarrama. Suelo situar los horizontes en las fotos muy alto, pero en Madrid quizá sea un pecado imperdonable.



278.3.- Glorieta de Nuestra Señora de Guadalupe (Madrid).

Al otro lado de la plaza queda la entrada al Parque de Berlín. La idea era volver a casa andando, aprovechando que la mayor parte del trayecto iba a ser cuesta abajo. Pero no tenía ni fuerzas ni motivación. cada día me van quedando más atrás. La salida en sí tenía como objetivo empezar a recuperarlas, pero estoy desentrenado. Cogí un autobús de la línea 43 y dejé la mente prácticamente en stand by, en suspenso. Ahora planeo nuevas salidas por la zona para descubrir rincones de Madrid que queden cerca y puedan albergar algún interés. Tengo una idea al respecto. Otro parque tan desconocido como el de Berlín con un paisaje urbano en su entorno últimamente en plena transformación y bastante sorprendente. Madrid crece hacia el norte actualmente. Es la zona donde se están creando los nuevos barrios, que costará décadas que adquieran una personalidad propia.



278.3.- Calle Ramón y Cajal a la altura de la Glorieta de Nuestra Señora de Guadalupe (Madrid).

Un cielo que parece una acuarela, una calle con las aceras colmadas de árboles y Torre Europa asomando en la rasante de la carretera. Mi ruta de vuelta a casa. Hubo un tiempo en que solo se plantaban plátanos en Madrid, a cientos. El mismo grafitero que ha martirizado los carteles de la calle ha hecho estragos en el Parque de Berlín, que ocupa la calzada izquierda de la imagen. Ni siquiera son las 5 de la tarde. Mi mundo es cada vez más reducido. No soy capaz de defender una línea de abastecimiento si la distancia excede la de unas cuantas manzanas. Siento la necesidad de volver cuanto antes. Estoy cansado por la falta de costumbre, es cierto, pero es algo más. Es la fuerza interior la que escasea. Tiempo habrá de sanar si sobrevivo a este año tan aciago en todos los sentidos. Y sigo privado de tu voz.

miércoles, 9 de mayo de 2012

274.- Plaza de los Sagrados Corazones (Madrid)



274.1.- Plaza de los Sagrados Corazones (Madrid).

He vivido toda la vida, salvo los primeros meses de mi vida, cerca del Santiago Bernabeu. Cuando se construyó en 1950 se situaba en el límite de la ciudad, en la frontera imaginaria entre la zona urbana y la rural. Una fotografía en blanco y negro de entonces que vi una vez mostraba un rebaño de ovejas en la actual Plaza de Lima. Cuando yo era niño el estadio ya estaba incorporado al ámbito de Madrid, pero la prolongación de la Castellana discurría entre zonas de descampados. Uno de ellos era lo que actualmente es AZCA, inmenso socavón en perpetuo estado de obras. Más allá de la Plaza de Castilla comenzaba la ruta hacia la sierra. Ni siquiera existían el nudo supernorte y la M-30, solo algunos tramos aislados.

Pero mi relación con el Santiago Bernabeu es incluso más estrecha. Hice mi primera comunión en la Iglesia que hay junto a él, en la Parroquia de los Sagrados Corazones, construida en 1965 por el arquitecto Rodolfo García Pablos. Eran los tiempos en que hacían furor las construcciones diseñadas con superficies regladas, en que lo abstracto se integraba en pintura y escultura, también en edificios religiosos. La iglesia tiene planta hexagonal. Vista desde el cielo, en la foto satélite, parece uno de esas cajitas para poner los quesitos que se van logrando en el juego del Trivial Pursuit, aunque sin colorines, ya que es gris plata. Otros dos hexágonos más pequeños se sitúan junto a la nave principal. La Plaza a la que da la fachada principal, en realidad una glorieta donde se cruzan y convergen 3 calles, recibe el nombre de la Iglesia. No hay fuente central, solo dos isletas, con vegetación sin lustre por la contaminación causada por el denso tráfico que se deposita sobre las hojas de las plantas.



274.2.- Grada Este del Santiago Bernabeu (Madrid).

Santiago Bernabeu concibió el estadio que luego llevaría su nombre para el máximo aforo posible, con gente viendo el fútbol de pie y muy pocas localidades de asiento. Una de las mentiras tópicas acerca del Real Madrid, como todas fácil de desmontar pero con enorme éxito, ha sido la de afirmar que era el equipo de los ricos, de los pudientes. Ojalá una inmensa mayoría de la población lo fuera, esa sería la única forma en que la afirmación podría ser verdad. No puede serlo porque el real Madrid es el club de fútbol, incluso club deportivo en general, que mayor número de simpatizantes tiene en el mundo. Pero es que, además, Santiago Bernabeu logró crear una masa social atrayéndola al estadio con localidades baratas. A los fondos cuando aun eran para ver el fútbol de pie fui algunas veces con mi amigo Guillermo, un barcelonés que vino a vivir a Madrid cuando ambos cursábamos segundo de EGB. Cuando mi padre me llevaba al fútbol era a las tribunas preferentes, al lugar de los privilegiados, pero aquellos asientos de cementos eran tremendamente incómodos, imposibles de sobrevivir los 110 minutos de un encuentro sin una almohadilla, pensadas para ser solo un poco menos duras que el hormigón.

En la que dentro de poco será la antepenúltima remodelación del estadio, el estudio de arquitectos Lamela insertó una grada de asientos que sobrevuela la esquina del Bernabeu. Esta grada rompe la simetría circular del estadio. Únicamente esta grada difiere del resto del perímetro. Se construyó cuando la conversión de las localidades de a pie en localidades de asiento, a la que obligó la Ley en su momento para aumentar la seguridad en los eventos deportivos, mermó tanto el aforo del Santiago Bernabeu que apenas si podía satisfacer siquiera la demanda de localidades de los socios. La grada de Lamela se asoma a la Plaza de los Sagrados Corazones y sitúa en la fachada que da a la calle Padre Damián, junto a la iglesia, cuyo elemento más característico es la cruz elevada, con una escalera para acceder a ella que se asemeja a las torres de los parques de bomberos. No es un rincón hermoso, aunque si vibrante, emocionante. Porque los días de fútbol son más hermosos, más intensos que el resto. El Fútbol es un sentimiento que no se apaga nunca, terco, reiterativo. A una Liga ganada se sucede otra por ganar, por disputar con las mismas ansias que la anterior. A cada partido grande le sucede a los pocos días otro de igual o mayor trascendencia. El fútbol es un fuego que no se apaga nunca, que arde perpetuamente, como las piras funerarias en homenaje a los héroes anónimos. A una generación de futbolistas le sucede otra, y solo los más viejos recuerdan a los que llevaron la camiseta del equipo décadas atrás. El presente es cada vez más chouvinista y más reacio a mirar al pasado. Pero la historia del fútbol, del Real Madrid, está compuesta por infinitos momentos, muchos de ellos olvidados por la mayoría, pero que pesan de la misma forma que los más actuales sobre lo que fuimos y lo que somos como sentimiento colectivo.



274.3.- Cuesta de Concha Espina desde el cruce con la Calle Serrano (Madrid).

Los días de partido grande la cuesta de Concha Espina, el tramo de esta calle que discurre entre la Calle Serrano y la Castellana se corta al tráfico. La pequeña cuesta que va desde Serrano a la Plaza de los Sagrados corazones se utiliza como parking de autocares de aficionados venidos de fuera de la ciudad. Los autobuses se estacionan en dos hileras en el centro de la calzada y, a veces, en las bandas de los extremos más cercanas a las aceras se permite que circulen los coches, aunque no es aconsejable usar esta ruta porque todo el entorno del estadio se peatonaliza. No son pocas las veces que he llegado a Madrid, he tomado la M-30 y al salir a la calle Ramón y Cajal, la continuación de Cocha Espina, he caído en la cuenta que era día de fútbol y tenía cortado el acceso a mi casa.

El barrio que queda al sur de Concha Espina, a la izquierda en la imagen, es El Viso, zona de chalet de gente con gran poder adquisitivo. En el área delimitada por Serrano, Concha espina y Paseo de la Habana proliferan las casas 5 estrellas en las que al pasear de noche se oyen los ladridos de los doberman y abundan las cámaras de vigilancia en los muros. En uno de los chalets de esta zona tuve mi primer colegio. Mater Gratie, colegio monolingue, siendo el idioma de uso el Inglés. Allí me codee siendo tierno infante, con los hijos de lo más granado de la sociedad madrileña. Hijos e ministros de Franco. Toda una generación de la familia Luca de Tena. No recuerdo donde estaba el centro docente, pero si que ocupada una amplia manzana en una calle con nombre de Río Gallego. Miño o Sil seguramente. Llevo décadas posponiendo una excursión para atisbar en mis raíces. En un lugar indeterminado de esta zona situé la acción de mi primer relato. Es un barrio fascinante, uno de esos que solo recorren quienes viven en ellos. Sin comercios, lugares de trabajo o edificios públicos, quizá alguna embajada, solo los inquilinos de sus fastuosas viviendas recorren sus calles y transitan por sus calzadas. Son barrios cerrados que viven dentro de la ciudad. Curiosamente mi otro colegio, en el que cursé el resto de mi vida de estudiante antes de la universidad, también se situaba en otro barrio de este tipo, el de la Fuente del Berro. Hay acacias viejas y olmos decrépitos en los alcorques de las aceras, por eso las copas de los árboles casi se transparentan y permiten ver la silueta del estadio al fondo de la pendiente, a la derecha.



274.4.- Calle Serrano en el cruce con Concha Espina (Madrid).

La calle Serrano se inicia en Príncipe de Vergara, muy cerca de donde está tomada la imagen, como una bifurcación de esta calle, separándose de ella en ángulo de 45 grados hasta alcanzar la distancia de 3 o 4 manzanas, luego con menor divergencia, discurriendo posteriormente, a partir de la Plaza de la República de Argentina, completamente en paralelo. Esta plaza, a la que conduce el tramo de la calle Serrano de la imagen, es conocida por su fuente con figuras de delfines en el centro. Es el lugar donde el Estudiantes, el equipo de baloncesto, celebra sus triunfos. Precisamente hace un par de días bajó a segunda división. No seré yo quien lloré por ellos. Este tramo, ligeramente en pendiente y con semáforos bastante dóciles, tiene una conducción vertiginosa, llegándose a plaza en cuarta e incluso en quinta a poco que uno se descuide.

Siempre me ha llamado la atención la gran cantidad de guarderías y colegios para niños pequeños que existen en esta zona, entre los que mi primer colegio fue uno más. Y es un dato curioso porque se, y no diré por qué, que son relativamente frecuentes los prostíbulos en la zona. La intimidad que dan los hotelitos y la tranquilidad de la zona la hacen propicia para esta actividad me imagino. Así, doy fe de haber visto, y no diré donde, un chalet de prostitutas junto a un colegio de jardín de infancia y primeros cursos. Sin que nadie lo notara, porque este negocio solo se publicita en las carreteras. Me divierte la idea de que algún padre de los escolares pueda ser cliente ocasional también de alguna de las chicas. Cosas más raras se han visto. Me contaron una vez sobre aquella mujer que trabaja en uno de estos sitios. En la versión que me relataron era la mujer de la limpieza, aunque el que fuera prostituta no varía en nada la moraleja. El caso es que un día al atender el timbre de la puerta vio a través de la mirilla a su propio padre, y nunca más volvió a confiar en la palabra de un hombre.

sábado, 31 de diciembre de 2011

249.- Torre AGBAR (Barcelona)



249.1.- Torre AGBAR (Barcelona).

Tal día como hoy, hace exactamente un año, me encontraba lejos de casa trabajando, un lujo entonces como ahora. ¿Dónde? Doy una pista con la imagen. Llovió toda la mañana. Y aunque fueron dos los proyectos que me llevaron allí, aun tuve que hacer tiempo en un locutorio hasta la salida del AVE. Llegué a Atocha al filo del inicio del año. La última carrera del día de un taxista rumano me permitió llegar a tiempo a casa para ver iniciarse este fantástico año que hoy acaba. Como en muchos otros mientras agonizan te dices que ojalá jamás hubiera sucedido, hasta que recuerdas dos o tres detalles de esos que marcan la diferencia. Detalles algunos que dieron lugar a historias que acabaron, pero que por unos días lo llenaron todo y cargaron la memoria para siempre. Detalles, otros, con mayor vocación de permanencia. Pocos viajes por el mundo, apenas un paseo por la juventud del Guadiana y aquel que me llevó al prado que crepitaba al atardecer sin una sola queja del viento, y demasiados por mi cabeza. Un año entero. Dos adioses, cuatro derrotas, dos victorias prolongadas, la curva del tiempo demorándose en su mirada de ojos serios, oscuros, certeros. Dardo, caricia, mínimo latido. Un detalle poderoso. Mirada que ya llevaba su adiós implícito cuando descubrí por primera vez que en su calma confluía la trayectoria de mi deseo. Feliz año. Adiós 2011, gracias por todo, por lo que ahora quema y por lo que alivia. Hola 2012. Ya nos iremos conociendo.



249.2.- Torre AGBAR (Barcelona).

Si, este año estuve en un monte que crepitaba a mi paso, como si estuviera recubierto de celofán como sonase al desarrugarse. Fue en la Carballeda y ya dejé acta de aquello en el blog. Pero hace exactamente un año mis pensamientos estaban colmados por alguien que ahora no pesa nada en ellos. Es para reflexionarlo con calma. Es como si el corazón estuviera fabricado con metal con memoria, que siempre recupera su forma original por más que el maltrato lo deforme. Entré en el locutorio para buscar su rastro en internet. es curioso, lo he recordado al tratar de hacer memoria de aquel día. ¿Será que tengo un alma caprichosa? Tal vez. Pero lo que no ofrece discusión es que mi alma yerra, o lo hace continuamente, como si no aprendiese de los errores. Valora de forma precipitada a las personas, para bien o para mal, como si fiase el último juicio, el definitivo, al conocimiento que de alguien se obtiene con el correr del tiempo. Pero es que es son quienes más queremos conocer los que más trabajo nos cuesta descifrar, porque al pudor se suma el miedo, y causa menos vértigo suponer que averiguar, que obliga al acercamiento, a entrar en su radio de acción, a adentrarnos en el territorio donde nos volvemos vulnerables. Y el caso es que yo tenía razón, aunque gente con la que entonces todavía me trataba se rió de mí. Aquella chica era una bomba de relojería. Y un día estalló al ser manipulada por las manos que decían protegerla y tutelarla. Tener razón no siempre es un consuelo, baste esta enécdota como ejemplo. A ella le diría aquí que me tiene para lo que quiera a pesar de lo sucedido.



249.3.- Torre AGBAR (Barcelona).

Estuve un buen rato sacando fotos al edificio AGBAR. Gracias a Dios paro de llover en ese momento, porque los ángulos eran ascendentes en el tiro de la cámara y que caigan gotas de lluvia en la lente del objetivo es de las cosas más molesto que pueden suceder mientras haces un reportaje fotográficos. No, no soy un profesional, gracias, y no se manejarme en estos asuntos. Bueno, en cierto modo sí, las fotos las hago para completar mi trabajo, pero una cámara en mis manos es como una fotocopiadora en las de un Neerdenthal, no es solo que no la sepa manejar, es que casi no entiendo ni su utilidad.

La Torre AGBAR se terminó de construir en septiembre de 2005. Tiene 145 m de altura y fue diseñada por Jan Nouvel, el mismo arquitecto que remodeló el Museo Reina Sofía y que acaba de colocar una pasarela peatonal sobre el cauce del Río Manzanares. Está construida en hormigón armado la estructura y con chapa de acero lacado la cubierta, de distintos colores. He de decir que me gusta mucho, la sensación de que se trata de un elemento metálico que está en pleno proceso de oxidación, o como una superficie jabonosa, una pompa de aire por ejemplo, en la que se reflejan las cosas de alrededor de forma curva y con irisaciones. Otra cosa es si veo el espíritu de Gaudí en alguna parte, como germen de la idea o su plasmación. Ni falta que hace. Me gusta y punto. No se valorar lo que veo.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

227.- Estadio Santiago Bernabéu por dentro (Madrid)



227.1.- Estadio Santiago Bernabéu por dentro minutos antes de un partido (Madrid).

Llevaba años sin ir al Bernabeu. La última vez que estuve, solo como esta vez, en un partido de la Liga contra es Español de Barcelona, la sensación de soledad fue abrumadora. Nadie con quien comentar. El fútbol es para compartirlo. Durante mucho trecho de mi vida lo hice con mi padre, con quien veía todos los encuentros de los mundiales en la TV, uno tras otro, y si en vez de tres al día hubieran sido más no hubiera habido mayor problema. El me enseñó la liturgia del Bernabeu, me mostró el rectángulo verde por primera vez, el territorio de la ilusión, el lugar geométrico de los puntos que equidistan de un sentimiento colectivo. Aquella pradera inmensa y la gradería contraria que parecía arder por el humo que se desprendía de los miles de cigarrillos y puros encendidos, suponen un shock parecido al que experimenté al ver la Mezquita de Córdoba o el Pórtico de la Gloria por primera vez. Pudo ser en ese primer partido cuando vi debutar a Camacho en el primer equipo en una semifinal de Copa. También asistí a aquella maravillosa jugada en que Maradona se introdujo con el balón en la portería dejando sentados por el camino a Chendo y no recuerdo quienes más. El estadio aplaudió a aquel tipo que parecía convertir en imposible batir al equipo en el que militaba, y luego lo hizo al Madrid por ser capaz de arrancar un empate en campo propio a base de garra y vergüenza torera.

Mi padre me lleva siempre a buenas localidades, siempre gracias a la reventa. Él no hacia colas. Pero en aquel entonces las mejores localidades en un estadio en que casi todas eran para estar de pie, consistían en un poyete de hormigón cuya dureza era paliada por una almohadilla apenas un poco menos dura. Cuando accedías a tu sitio casi rezabas por encontrarlo vacío, porque no eran infrecuentes las riñas entre el auténtico poseedor del billete que daba derecho a usa una localidad y quien le había usurpado. Muchos madrugaban y accedían al estadio con tiempo por este motivo. También frecuenté el Bernabeu con mi amigo Guillermo, barcelonés, con quien me colocaba en los fondos y participaba en las avalanchas de los goles. En tiempos mucho más recientes fui con mis amigos Jose Luis y Juan. Partidos de Copa de Europa en vez de los de Copa de la UEFA a los que me llevaba mi padre. Con ellos asistí desde el gallinero, la mejor posición para saborearlo, casi en la vertical, al último regate de Butragüeño a un defensa del Estrella Roja de Belgrado.

Muchas años he estado sin ir al Bernabeu, que no está a más de 500 metros de mi casa. Hasta ayer. Partido de la liguilla de Uefa Champions League de la temporada 2011-2012 entre el Real Madrid y el Dinamo de Zágreb. Pensé en no acudir a pesar de tener entrada porque me falló la compañía en el último momento. era un día gris, lluvioso, que se me hizo eterno por motivos personales. No quería como colofón a la jornada verme solo una vez más ante buenos momentos con nadie con quien compartirlos. Pero allí que fui. "Haré algunas fotos...", me dije, "... y las colgaré en el blog". Me alegro de haberme convencido, aunque no fue fácil, porque fue una noche mágica. Seguramente me he vuelto resistente a la soledad.



227.2.- Estadio Santiago Bernabeu durante un partido (Madrid).

Lo cierto es que desde el gallinero es desde donde mejor se ve el fútbol. La disposición de los jugadores sobre el terreno de juego, la ubicación del núcleo de la jugada. Sorprende el poco espacio que ocupan los jugadores de los dos equipos dentro del disponible. Todo se desarrolla en un tercio del campo. La noche cera desapacible, lluviosa y fría, pero todos estábamos a resguardo y calientes. Unos enormes braseros colgados del techo irradiaban lo justo para sentir a gusto dentro la atmósfera del estadio conectada con el exterior. Antes de que el público corease el tradicional "Illa, illa, illa, Juanito maravilla", el Madrid ya llevaba dos goles de ventaja. A la celebración del segundo corresponde la imagen. El partido me sirvió para olvidarme de ti durante casi dos horas. Bueno, casi, porque te recordé en algún momento y desee que hubieses estado conmigo. La melancolía de los imposibles. Dos gradas había a mi derecha, una para tí y otra para mi padre. No se cual de los dos está más lejos y más ajeno a mi vida.

226.- Edificio Europa (Madrid)



226.- Edificio Europa (Madrid).

La Torre Europa ocupa una de las esquinas del complejo AZCA, extraño complejo de edificios que cuenta con su red de carreteras subterránea propia. Cuando era niño este complejo solo era un enorme descampado rodeado de una valla donde cientos de máquinas eran empleadas para remodelar el terreno a capricho de los constructores. La obra años en terminarse, y muchos más en empezar a ver sus frutos. En su extremo sur se sitúa lo que actualmente es el núcleo de la empresa El Corte Inglés, y que lentamente, como una mancha de aceite se va extendiendo y ampliando el área que cubre. Los negocios situados junto al conglomerado van desapareciendo y siendo ocupados por nuevas dependencias de la empresa, nuevas líneas de negocio. El proceso es lento pero cierto. Algún día todos perteneceremos a El Corte Inglés, por que la mancha no deja de crecer año a año. En el extremo norte, justo al otro lado del gran rectángulo que ocupa AZCA, en la confluencia de la Avenidas del General Perón y La Castellana, se sitúa el Edificio Europa, de 121 metros de altura y 30 plantas. Lo terminaron de construir en 1985, con proyecto de Miguel Oriel e Ybarra, siendo su obra más conocida, según dicen. En 2002 sufrió una atentado de ETA, aunque con pocos daños.

El edificio forma parte del Sky Line de mi vida. Siempre he vivido a su sombra y a la de los otros rascacielos que la rodean, como la Torre Picasso, hasta hace unos pocos años el edificio más alto de España. A sus pies se extienden los jardines de piedra, los laberintos de pasarelas peatonales, escaleras y calles subterráneas, que alguna vez cruce de madrugada sin que sorprendentemente me ocurriera nada. Hay un mundo ajeno a todos nosotros bajo esos edificios. Un mundo de poder basado en el dinero. A veces cuando circulo por el sótano primero con mi coche alguno de los edificios abre sus puertas interiores dejando entrever que es lo que hay al otro lado de la frontera del dinero. En mi cuento "Sirenas varadas en archipiélagos de luz" (lo siento, pero a mi me gusta) situaba la puerta a otra dimensión en los subterráneos de la Estación de Metro de Diego de León. Cuando equivocado estuve. La realidad paralela ocurre al otro lado de un umbral situado en los subterráneos de AZCA

sábado, 11 de diciembre de 2010

79.- Hospedería de Arguis (Huesca).



79.- Hospedería de Arguis (Huesca).

Este viaje por Huesca acaba en la Hospedería de Arguís, enmarcada dondro del paisaje, entre el embalse y la montaña. El otro día me enteré que una de las obras que paralizó el gobierno recientemente fue uno de los tres tramos de futura autopista que visité: Congosto de Isuela-Arguis y Arguis-Alto de Monrepós, es decir, el que acababa junto al hotel y el que arrancaba a la altura del mismo, así como Caldearenas-La Nave. Cerraron el hotel antes del tercer viaje, supongo que por las obras. Espero que lo reabran por que era un lugar mágico. Probablemente sin más aliciente que la propia naturaleza. Casi nada. Demasiado.